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Kapoor se presenta en Chile y dona al país una obra crítica con la dictadura

Alberto Valdés Gómez

Santiago de Chile, 28 abr (EFE).- El escultor indio-británico Anish Kapoor inauguró este domingo la exposición “Surge” en Santiago con un despliegue de obras monumentales pintadas con rojo sangre, tanto en lo físico como en lo simbólico; como “Organ”, la cual realizó para el país a partir de una historia crítica con la dictadura militar.

Kapoor (Mumbay, 1954), fiel a su estilo estéticamente disruptivo, dejó atónitos en la mañana de este domingo a los primeros visitantes que acudieron a contemplar la selección de nueve creaciones que forman esta muestra, las cuales se asientan sobre el silencio pero rompen con la sonoridad de un cañón el espacio de la galería.

La sorpresa llegó con “Organ”, una pieza que, según explicó el propio artista, está inspirada en la decisión de los trabajadores escoceses de la compañía Rolls Royce de no reparar los motores de los aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea de Chile que fueron utilizados para bombardear el Palacio de La Moneda en 1973.

Para ello se sirvió de una idea que ya había realizado en 2012, en la cual utilizó una turbina con una cañería conectada a otra habitación, con la que intentó plasmar la idea de que “no podemos salirnos de nuestro cuerpo”, ya sea “una turbina, un motor o un teléfono”, porque siempre hablamos desde esa posición.

Un concepto cargado de simbolismo que está impregnado en esta obra, continuó, en la que pone de relieve que “los objetos de la muerte están siempre presentes”, como también ocurriera “con las cámaras de gas” utilizadas por Adolf Hitler para asesinar a millones de judíos durante la II Guerra Mundial.

Prueba de este compromiso con retratar lo oculto es el propio nombre de la muestra, “Surge”, según su curador, Marcello Dantas, ya que en inglés significa “ola repentina que ocurre en el mar”, como una fuerza natural del océano, mientras que en español está asociada con el “auto-origen” y con la raíz de la palabra “insurgente”.

“Surge trata de la búsqueda de materiales que pueden inspirar a las personas a pensar de manera diferente, y de crear herramientas para ayudar a percibir las energías que dan forma a las transformaciones. La transformación es un acto ritual que ocurre dentro de cada uno de nosotros”, indicó Dantas.

Un proceso que no solo afectó a los visitantes, sino también al propio espacio del centro CorpArtes, donde estará disponible la exposición hasta el próximo mes de septiembre, ya que tuvo que ser remodelado para poder alojar obras como “Svayamhbu” (2007) y “Shooting into the corner” (2008-2009).

Esta última, situada tras “Doble Vértigo” (2012), una dupla de espejos ovalados de gran tamaño que distorsionan la imagen y sensación del que se adentra en ellas, está formada por un cañón que dispara bolas de cera roja de 10 kg contra una de las esquinas de la galería, con un sonido ensordecedor que expone la brutalidad.

Mientras que “Svayamhbu”, el gran reclamo de la selección, está formada por un bloque de también cera roja, uno de los colores fetiches del artista por su similitud con la sangre, del tamaño de un vagón de metro que recorre unas vías a una velocidad casi imperceptible.

“(Svayamhbu) Es un desafío a la razón, porque lo ves una vez y en la segunda es otra cosa. El movimiento parece improbable con algo de estas dimensiones. Produce un efecto de duda, ¿las cosas están o no están?, ¿son o no son?, ¿se mueven o no se mueven?”, matizó el curador.

Un juego en el que también participan obras como “When I am pregnant” (1992), que se asemeja a una barriga de mujer embarazada que sale de una pared, o “Vacío” (1993) y “Dragon” (1992), en las que el color pigmento de las composiciones difiere según la posición en la que el espectador se aproxime a ellas.

“Como escultor estoy más interesado en el rojo, en la tierra, en lo que esta aquí, en la sangre, en las cosas que están más pegadas, incluso en las que son inmateriales. Al final, lo que significa es que todo es una ficción, que los artistas no hacen objetos, hacen proposiciones mitológicas que son todo ficciones”, dijo Kapoor.

Unas ficciones que, prosiguió, beben del arte “que es en sí mismo un lenguaje que no está restringido a ninguna nacionalidad”, de hecho esta es una categoría a superar, al igual que ocurre con Picasso, un “pintor que a pesar de pintar motivos puramente españoles trascendió a su país y es parte del arte mundial”.

Una oportunidad que aprovechó para señalar que lleva 25 años pintando cuadros que nunca han visto la luz, pero que puede que pronto lo hagan, una faceta desconocida que reveló junto con una frase lapidaria: “toda pintura es sangre, no puede ser otra cosa”.

Porque si algo destacó en su muestra es la presencia del rojo, un color con el que busca “señalar que el cuerpo es inevitable, que no podemos salirnos de él”, una imposición natural a la que está decidido a combatir desde lo que denominó “las políticas de sangre”, las cuales son para él el “centro de atención”. EFE

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