Kike Ferrari, el argentino tatuado con la Semana Negra de Gijón

La Desterrada


Madrid, 6 feb (EFE).- Lleva escribiendo desde los 25 años, aunque Kike Ferrari compatibiliza su pasión limpiando una estación del metro de Buenos Aires. La primera vez que “entró en el mapa” de la literatura fue durante la Semana Negra de Gijón (norte de España), cuyo logo lleva tatuado en el brazo, explica el argentino a Efe.

En el certamen asturiano de novela negra de 2011, Ferrari (Buenos Aires, 1972) ganó el premio Silverio Cañada a la mejor ópera prima por “Que de lejos parecen moscas”, una novela que ahora llega a España editada por Alfaguara.

“La Semana Negra es una bisagra en mi vida. Tengo el logo de la Semana Negra tatuado en el brazo, porque es la primera vez que entré en el mapa y tuve contacto con lectores reales”, reconoce el escritor y limpiador nocturno de la estación Pasteur-Amia del metro de Buenos Aires.

Como todo “lector ávido”, le picó el “bichito de escribir” siendo un niño, aunque, comenta, “de chico” era “muy malo escribiendo poemas” e hizo más tarde “intentos con relatos cuando, por lo visto, aún no estaba preparado” para ello.

“A los 25 años empecé a escribir con más ganas de escribir que de ser escritor”, continúa Ferrari, que ha sido colaborador de revistas como Sudestada, Marea Popular (Argentina), Casa de las Américas (Cuba), Visión y Fiat Lux (España).

Esas ganas le llevaron a ser una de las voces emergentes de la novela negra argentina, con premios como Casa de las Américas (Cuba) y el del Fondo Nacional de las Artes (Argentina).

“El género negro me interesa mucho como lector, es de mi grato interés. Además, es un género, como todos los populares, que tiene unos límites que son fácilmente expansibles”, comenta Ferrari, y añade que “no hay mejor manera” de hablar de la sociedad criminal que “contando crímenes”.

Sobre “Que de lejos parecen moscas”, Ferrari dice que retrata a un personaje “individualista, sin mucha conciencia de su lugar en el mundo, acostumbrado a que hagan las cosas por él”.

Él es Machi, el perfecto reflejo del éxito y del desprecio, dueño de un pequeño imperio en Argentina que hizo su fortuna bajo la dictadura militar y luego la afianzó con los primeros gobiernos de la democracia.

Una mañana, el protagonista se encuentra con un cadáver en el maletero de su coche, y, al ser un problema tan extremo, nadie puede resolverlo por él, y empieza a preguntarse quién habrá puesto el cuerpo ahí.

Se da cuenta entonces de que ha podido ser cualquiera “porque tiene muchos enemigos”, dice Ferrari sobre esta novela que no oculta su ideología.

“En todas las novelas hay ideología, en las mías también. Tengo unas ideas fuertemente arraigadas que acompañan todas las cosas que hago, mis relaciones familiares, en el trabajo, mi vida sindical. Soy coherente con las ideas que tengo, y como son genuinas, traslucen en lo que escribo”, reconoce.

Escribió “Que de lejos parecen moscas” en 2009 y se publicó en 2011, aunque con esta edición la novela “por primera vez va a estar accesible al público”, apunta, al tiempo que añade que el pasado diciembre entregó su nuevo trabajo, que espera que se publique pronto, posiblemente bajo el título “Todos nosotros”.

“Escribir es el oficio más lindo del mundo. La posibilidad de crear mundos alternativos y jugar con el lenguaje es lo más bonito del mundo”, concluye el escritor.

Ferrari, que también ha trabajado como panadero, fletero -transportista-, ayudante de electricista, jardinero y periodista, tiene otros cuatro libros publicados: las novelas “Operación Bukowski” (2004) y “Lo que no fue” (2009), y los volúmenes de cuentos “Entonces sólo la noche” (2008) y “Nadie es inocente” (2014). EFE