La ambición familiar del jinete español que aspira a brillar en la élite

Jose Miguel Pascual Labrador

Tryon (EEUU), 14 sep (EFE).- Con solo 20 años, Juan Matute Guimon participa en sus primeros Juegos Ecuestres Mundiales, que se celebran en Tryon (Carolina del Norte), rodeado de su familia y de los mejores atletas de doma clásica, las dos herramientas con las que quiere consolidarse en la élite.

Matute nació en Madrid, pero con 10 años se mudó junto a sus padres y hermanos a Wellington (Florida), una ciudad donde los deportes de hípica forman parte de la vida local, y en la que su padre, Juan Matute, deportista olímpico, podía disfrutar de su pasión sin el estrés de la alta competición.

“Esto es un proyecto en familia, para mí es lo que lo hace especial. Pasamos muchas horas juntos, con sesiones de siete horas de entrenamiento, compartiendo sueños e ilusiones que podemos cumplir juntos; es una maravilla”, valoró a Efe el joven deportista.

Entre 2015 y 2016 sumó excelentes resultados en los torneos juveniles, alzándose con la victoria en el campeonato regional de Vidauban (Francia), por lo que dos años más tarde su talento le ha impulsado a poder competir en un gran evento “con los mayores”.

La doma clásica o “dressage”, como se conoce en el circuito internacional, es una prueba en la que el jinete debe realizar una serie de maniobras de una elevada complejidad técnica a lomos de su caballo con armonía, equilibrio y agilidad.

El menor de los Matute agradece “los cumplidos” que hablan sobre sus habilidades, pero reconoce que “si no trabajas duro como los demás” puedes ser “una de tantas promesas que no se hacen realidad”.

“El trabajo es imprescindible, no hay una ruta corta. Estar aquí es una presión, por lo que representa, por llevar el apellido de mi padre, lo que suma unas expectativas adicionales, pero lo afronto con alegría e ilusión”, reconoció.

La figura de su progenitor se hace indispensable ya que también es su entrenador, con la mezcla de dos personalidades “fuertes y ambiciosas”, que a pesar de la relación familiar tienen “días de bronca” como en cualquier equipo profesional.

El joven es consciente del “privilegio” que supone tener a un deportista de élite junto a él y se muestra agradecido por ello, pero tiene claro que debe forjar su personalidad porque sabe que dentro de la pista el éxito o el fracaso dependen de sus decisiones.

Sonriente y tranquilo, Matute refleja la emoción del debutante y no resulta extraña la madurez con la que se expresa, consciente de que en esta primera participación en unos mundiales “no iba a estar entre los mejores binomios”, aunque sabe que para obtener el éxito tiene que “competir y aprender de ellos”.

La vida deportiva de un deportista de doma clásica es una carrera de fondo, por lo que la experiencia sobre el caballo es un valor añadido y la victoria “no depende solo del jinete”, sino que es fundamental que exista “una maquinaria detrás” y consigas la “magia” necesaria que te otorga los puntos.

Mientras tiene lugar la entrevista, los ganadores de la prueba de doma clásica por equipos se dirigen a la ceremonia de entrega de medallas, así pues resulta obligada la pregunta sobre si él se ve realizando ese camino algún día, que da paso a otro ejemplo de su carácter: “Mañana mismo, si pudiese mañana estaría ahí ya”.

Rápidamente retoma el discurso del esfuerzo y a valorar esta ocasión como “un paso adelante” para su carrera poder participar en los Juegos Ecuestres Mundiales 2018 de Tyron, en los que consiguió una puntuación 68,494, junto a su equino “Quantico Ymas”.

Matute obtuvo la nota más baja del equipo español, formado por los olímpicos Beatriz Ferrer-Salat y Severo Jurado López, además de Claudio Castilla Ruiz, pero ayudó al conjunto a conseguir la clasificación para los Juegos Olímpicos de verano de Tokyo 2020.

Además, como él mismo asume, prefiere “ser cola de león que cabeza de ratón”, estar con las estrellas de esta disciplina para continuar con su desarrollo profesional y que en un futuro cercano su talento brille para honrar el legado familiar. EFE