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La Cámara baja de Brasil reelige presidente y el Senado se pelea

Eduardo Davis

Brasilia, 1 feb (EFE).- La Cámara Baja de Brasil reeligió este viernes como presidente al conservador Rodrigo Maia, en el inicio de una legislatura que en el Senado acabó con un tumulto que obligó a suspender la renovación de sus autoridades para este sábado.

Si la imagen del Parlamento fuera sólo la Cámara de Diputados, el Gobierno del presidente Jair Bolsonaro puede prever una legislatura apacible, pues Maia fue reelegido para el cargo que ocupa desde 2016 con contundentes 334 votos entre los 513 posibles.

Sin embargo, si la temperatura política del país se mide por el Senado, el líder de la ultraderecha que asumió el poder el pasado 1 de enero puede esperar tiempos de mucha borrasca.

El conflicto surgió con la negativa del senador Davi Alcolumbre, quien dirigía la sesión en su condición de miembro de la anterior mesa directiva de la cámara pese a ser candidato a la presidencia del Senado, a entregar esa responsabilidad a otro parlamentario.

Alcolumbre intentó imponer una votación abierta y no secreta, como es tradición, lo cual desató un conflicto que llevó a suspender la sesión y convocar otra para este sábado.

Al frente de la sesión, Alcolumbre, del partido Demócratas (DEM), llegó a realizar una consulta simbólica al pleno, a mano alzada, en la que según sus cálculos la votación abierta fue aprobada por 50 parlamentarios frente a solo 2 que se manifestaron en contra.

Sin embargo, los partidarios de la votación secreta desconocieron el resultado y exigieron que Alcolumbre dejará la dirección de la sesión al senador Jose Maranhao, en su condición de más antiguo en esa cámara.

Uno de los favoritos para la presidencia del Senado, el veterano parlamentario Renán Calheiros, se erigió como un fervoroso defensor de la votación secreta, que en medios políticos se asegura que le favorecería, pues existe una fuerte corriente de opinión contraria a su nombre por diversas sospechas de corrupción.

Calheiros, del partido Movimiento Democrático Brasileño (MDB), tiene sin embargo una enorme influencia en el Senado y, según dicen fuentes políticas, muchos parlamentarios aprobarían su nombre si hay una votación secreta que les proteja de una posible reacción popular opuesta a su elección.

En la Cámara de Diputados, por el contrario, la concordia fue la nota de la primera sesión de esta legislatura y Maia fue reelegido sin una sola discusión.

Maia es miembro del partido conservador Demócratas (DEM), que es parte de la base oficialista, aunque él pertenece a una corriente interna que no se plegó abiertamente al actual mandatario en las elecciones presidenciales de octubre pasado.

Tiene 48 años, está en su sexto mandato consecutivo y para las elecciones de octubre pasado coqueteó con la idea de ser candidato a la Presidencia del país.

Finalmente no obtuvo apoyo de su partido, que se inclinó por la candidatura del socialdemócrata Geraldo Alckmin en la primera vuelta y en la segunda decidió unirse a Bolsonaro.

Aunque Maia no respaldó esa decisión, en los últimos meses se ha acercado a la base de Bolsonaro, quien inicialmente lo vinculó a la misma “vieja política” en la que incluye a Calheiros, aunque luego lo aceptó entre los suyos.

La clave para ese acercamiento fue el decisivo apoyo que Maia ha prometido a una profunda reforma de las jubilaciones que se propone impulsar el Gobierno de Bolsonaro.

El régimen de jubilaciones se rige actualmente por el sistema de reparto, mediante el cual el Estado gestiona las contribuciones en un fondo único alimentado con retenciones a los trabajadores.

La intención de Bolsonaro y su equipo económico es imponer un modelo de capitalización individual, de modo que los fondos de previsión dependan de lo que cada trabajador pueda ahorrar a lo largo de su vida laboral.

“Nada avanzará en este país si no le damos viabilidad al Estado”, declaró Maia tras ser reelegido y en clara alusión a esa reforma, que según sus defensores permitirá equilibrar las cuentas públicas y acabar con el crónico déficit fiscal brasileño. EFE