La corrida de Marrón desdibujó el festejo de dinastías

francisco_rivera_elmundo.jpg_1306973099Ciudad de México, 7 feb (EFE).- La carencia de casta y la sosería de una corrida deslucida de Marrón dio al traste a un festejo de dinastía de toreros en el que el español Francisco Rivera Ordoñez “Paquirri”, y los mexicanos Diego Silveti, Fermín Espinosa “Armillita IV” y Juan Pablo Llaguno no tuvieron opción alguna de triunfo.


En esta corrida en la que los ocho astados fueron pitados en el arrastre, muchos diestros que llegaron a rodar por la arena, superaron con creces en calidad a los astados.

Todo empezó con una mala entrada, pues sólo acudieron al gran coso, unas cuatro mil personas. Se lidiaron ocho toros de Marrón, de buen tipo, muy desiguales en presentación. Sin embargo estuvieron muy parejos en cuanto a la falta de raza, trasmisión y mucha sosería, incluyendo al octavo toro, que fue el menos malo.

“Paquirri” estuvo ante el primer toro, que no era bueno, un tanto desconfiado, sin fijeza de pies, y tras realizar una mala faena con la espada, recibió silencio. Con el quinto no cambio la decoración del festejo, pues fue otro toro soso, que no trasmitió. Pese a ello, el diestro andaluz hizo un gran esfuerzo, pero la res no dio para más, mató sin dejar de pinchar y obtuvo silencio.

Silveti, al que se le vio con sitio, estuvo seguro, más templado y con deseos. Hizo al segundo una faena que no merecía la res, pero perdió esos momentos lucidos con la espada. Pinchazos y dos avisos. Siguió con entusiasmo y deseos con el sexto. Estuvo bien con el capote y con la muleta ante otro desesperante astado. Tuvo destellos muy buenos, pero de nuevo, estuvo mal con la espada y recibió otro aviso y palmas.

A “Armillita IV”, tampoco el destino le deparó algo mejor en el encierro. Con un tercer toro sin opción, aunque estuvo con deseos, se silenció su labor. En el séptimo astado, un inválido que se caía a cada muletazo, se estrelló. Por ello, el diestro cortó por lo sano y concluyó al pinchar al toro que, como sus hermanos, no empujaba en la suerte suprema. Silencio.

Llaguno, tuvo los mejores momentos de la tarde. El joven diestro logró lo mejor del festejo y los olés más sonoros con el capote y la muleta de la tarde. Con el cuarto realizó un quite lucido y tuvo destellos con sello con la muleta. Pinchó y todo quedó en palmas. Con el octavo, destacó con unas magníficas verónicas y un lucido quite. Realizó la faena mejor estructurada de la tarde y los pasajes de mayor calidad. Con elegancia y sabor en series sobre ambas manos, otra vez estuvo muy mal con la espada. Escuchó dos avisos y, el respetable le tocó las palmas fuerte, si lo llega a matar podríamos hablar de la posibilidad de alcanzar un trofeo. (1)EFE