La CSU bávara exhibe unidad como factor de estabilidad contra la ultraderecha

Gemma Casadevall

Berlín, 15 sep (EFE).- La Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) exhibió hoy unidad en un congreso volcado en marcar sus diferencias respecto a la ultraderecha y mientras los sondeos vaticinan una dura caída de votos para este partido del bloque conservador de la canciller Angela Merkel.

“Siempre nos hemos distanciado claramente, en el lenguaje y en la política, de los extremismos de derechas. En nuestro partido hay tolerancia cero hacia el radicalismo derechista, el antisemitismo, la xenofobia y la incitación a la violencia”, afirmó Horst Seehofer, ministro del Interior y líder de la CSU, desde Múnich.

“Empezaron como partido de protesta. Pero miren con atención cómo desfilan junto a neonazis, a Pegida o a hooligans”, apuntó el primer ministro bávaro, Markus Söder, en alusión a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) y sus marchas de protesta en el este del país junto al movimiento islamófobo y radicales violentos.

Seehofer, en plena crisis de credibilidad como titular de Interior y como líder de la CSU, recibió aplausos de cortesía, mientras que a Söder fue aclamado por el congreso pre-electoral, a un mes de los comicios regionales del 14 de octubre.

Baviera precisa “estabilidad”, prosiguió Seehofer, un factor que solo puede garantizarle Söder, actual jefe del Gobierno en un “Land” -estado federado- que es “sinónimo de prosperidad, solidez y bajos índices de desempleo”.

Las muestras de cohesión entre estos dos eternos rivales internos se producen mientras los sondeos apuntan a una fuerte caída de votos para el partido hermanado de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, que durante décadas ha gobernado casi ininterrumpidamente y con mayoría absoluta en Baviera.

Se le pronostica un 35 %, un descenso histórico para un partido que en el pasado superó el 50 % y que llegó al 60 % en 2003, pero que en las regionales de 2008 y 2013 bajó ya al 43 y el 47 %, respectivamente.

Los sondeos apuntan a un despegue de los Verdes, que quedaría como segunda fuerza con un 17 %, mientras que socialdemócratas, la ultraderechista AfD y los llamados Electores Libres -una escisión de la CSU- quedarían empatados en un 11 %.

En la cuerda floja del listón del 5 % -mínimo para lograr escaños- están el Partido Liberal (FDP) y la Izquierda, formación esta última que hasta ahora nunca entró en la cámara bávara.

Que la AfD esté por debajo de su media nacional -en las elecciones generales de hace un año obtuvo un 12,6 %- y muy lejos de sus porcentajes en el este del país -un 22 % en Sajonia- se debe a las peculiaridades políticas bávaras.

“La AfD no tiene un rostro visible ni estructuras locales sólidas en Baviera”, explicó en un encuentro con medios extranjeros Ursula Münch, directora de la Academia de Formación Política de Tutzing, junto a Múnich.

La CSU atraviesa una crisis de credibilidad derivado del pulso continuado entre Seehofer y Merkel, que hasta ahora se ha saldado a favor de la canciller.

Seehofer representó en la anterior legislatura, entonces desde la posición de primer ministro de Baviera, la crítica interna a la política de acogida de refugiados defendida por Merkel.

Con la nueva gran alianza de Gobierno entre el bloque conservador y los socialdemócratas pasó a asumir Interior y exigir desde esa posición un giro derechista en la política migratoria.

Ello no ha hecho despegar a la CSU en cuanto a perspectivas de recuperación de su electorado tradicional en Baviera, sino que las encuestas han mostrado un progresivo desgaste.

En medios alemanes se da por hecho que, de producirse la caída que vaticinan los sondeos, Seehofer tendrá los días contados como ministro y como líder de la CSU.

En esa situación, su electorado decepcionado se decantará por los Electores Libres -“mucho más arraigado en Baviera que la AfD y con la misma clientela que la CSU”, según la politóloga-, del FDP o incluso con los Verdes.

La formación ecopacifista se presenta en Baviera, prosigue Münch como un partido “asentado y sensato”, defensor del conservadurismo distinto que la CSU e identificado con la “patria chica” bávara. EFE