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La cumbre del rey Salmán que certifica la preeminencia saudí

Javier Martín

Túnez, 30 mar (EFE).- Anclados a la salida del aeropuerto y en las principales arterias de la capital, carteles de grandes dimensiones simbolizan el espíritu de la trigésima cumbre anual de la Liga Árabe que arranca este domingo en Túnez.

Todos ellos muestran el rostro sonriente de Salman bin Abdelaziz, rey de Arabia Saudí, dictadura a la que organizaciones internacionales consideran uno de los primeros depredadores de los derechos humanos en el mundo.

Junto a la bandera de Túnez, el único país que ha sobrevivido a las ahora marchitadas “primaveras árabes” y completado una exitosa transición política que le coloca a las puertas de los estados democráticos.

Los afiches responden a la generosidad del “custodio de los lugares más santos del islam”, que ha donado 20 millones para la celebración de la cumbre, un soplo de aire fresco para una economía, la tunecina, hundida por los mismos problemas que padeció durante la dictadura.

Y suponen una afrenta para muchos ciudadanos, que hace apenas seis meses se movilizaron para denunciar el asesinato en extrañas circunstancias del periodista saudí Jamal Khassoghi en el interior del consulado de su país en Estambul.

Los tunecinos fueron los únicos ciudadanos del norte de África y el mundo árabe que salieron a las calles semanas después para protestar contra la visita oficial del príncipe heredero saudí y principal sospechoso de ordenar el crimen, Mohamad bin Salman.

Desde entonces, y a pesar de la opinión pública, los lazos bilaterales se han multiplicado, gracias a la excelente relación personal entre el monarca saudí y el presidente tunecino, Beji Caïd Essebsi, pero sobre todo, a la enorme fragilidad de la economía tunecina.

Asfixiada por el paro juvenil, la corrupción -endémica desde los tiempos de la dictadura- y el ciclópeo peso del gasto público en un país con un grave déficit fiscal, Túnez se vio obligado en 2017 a pedir un crédito por valor de unos 2.500 millones de euros al Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

Ambas instituciones exigieron a cambio recortes y severas reglas de austeridad que el gobierno tunecino ha sido incapaz de implantar, lo que ha llevado a que el crédito quedara en suspenso a principios de año.

Un duro golpe para Túnez compensado por Arabia Saudí, que en los últimos meses ha transferido más de mil millones de euros en ayuda y se ha hecho con grandes proyectos en el país, como el desarrollo del barrio del Lago, donde incluso impone sus normas: es la única zona de Túnez donde el alcohol está vetado.

Ausentes Egipto y Siria, los otros dos grandes estados históricos de la Liga Árabe, el dinero y la pujanza política saudí también han servido para que Riad haya impuesto la agenda de esta trigésima cumbre, en la que quedan solapados los grandes problemas que acucian a los 22 países miembros.

En la reunión de Túnez no se tratará la reincorporación de Siria, cuya membrecía fue suspendida en 2011 en respuesta la brutal represión del régimen de Bachar al Asad de la manifestaciones populares.

Tampoco se abordará en profundidad la guerra civil en Yemen, que está considerada el mayor drama humanitario del siglo XXI y que en ocho años ha costado la vida a millones de personas.

Uno de los actores claves del conflicto es Arabia Saudí, país que lidera una coalición árabe a la que se le atribuyen algunos de los bombardeos más cruentos que ha sufrido el país y al que se le acusa de prolongar la guerra en favor de sus ambiciones regionales.

Sí se discutirá, sin embargo, y a petición de Riad, el papel que desempeñan las otras dos grandes potencias musulmanes de la región, Turquía e Irán, a los que Arabia Saudí considera sus más acérrimos enemigos.

Ya durante la reunión ministerial previa del viernes, el ministro saudí de Asuntos Exteriores, Ibrahim al Assaf, insistió en que el Teherán “es la mayor amenaza a la que se enfrentan los árabes”, por encima incluso de Israel, por lo que instó a los otros 21 estados a trabajar unidos.

“La cumbre certifica la preeminencia de Arabia Saudí en el mundo árabe, algo que no es una señal optimista”, explican a Efe desde Amnistía Internacional.

“El hecho de que la cumbre se celebre en Túnez debe servir para recordar que millones de personas se levantaron en el mundo árabe en 2011 para exigir reformas políticas y justicia social, pero la cumbre pretende hacer como si eso no hubiera ocurrido”, señaló la organización.

“AI quiere enviar un mensaje claro a los lideres árabes, que apenas hacen nada por los derechos humanos. Es el momento de acabar con la represión de la libertad de expresión y asociación”, agrega la ONG, temas que nunca han estado en la agenda saudí. EFE

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