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La desnutrición infantil no da tregua en el “Corredor Seco” de Guatemala

Esteban Biba

Camotán (Guatemala), 21 nov (EFE).- El niño de 7 años mira la pesa con curiosidad. Lleva botas de plástico, como casi todos en su poblado en el este de Guatemala, y una camisa del Barcelona con el nombre de Lionel Messi y el logo de Unicef. El diagnóstico tras pesarlo es claro: sigue estando por debajo de su talla debido a la desnutrición.

La historia se repite todos los fines de semana en el departamento de Chiquimula, 175 kilómetros al noreste de la Ciudad de Guatemala, donde la asociación humanitaria Antigua al Rescate intenta auxiliar a 600 niños que cada mes presentan serios problemas de peso debido a la falta de alimentos.

“Me siguen impactando las historias de niños y niñas que tienen una edad y que su tamaño corresponde al de un niño de al menos la mitad de años”, cuenta a Efe Sofía Letona, fundadora de Antigua al Rescate, durante un fin de semana de labor en Chiquimula.

“Nos toca ver por ejemplo una nena de 6 años que mide 91 centímetros y pesa solo 33 libras (15 kilogramos)”, añade sobre la situación del país, donde según informes de organismos internacionales uno de cada dos infantes sufre de algún grado de desnutrición.

Letona y su equipo humanitario atienden a niños en el municipio de Camotán, en Chiquimula, en el denominado “Corredor Seco” del territorio, donde se acumula el hambre para miles de familias de escasos recursos.

El niño con la camisa de Messi no ve la hora de dejar la pesa y salir a jugar fútbol, mientras Letona atiende a su hermana. Posteriormente, la fundadora de Antigua al Rescate le indica a la madre de ambos que deben solucionar algunos problemas de higiene y le entrega una bolsa con víveres, además de un suplemento con base de mantequilla de maní para que los menores puedan subir de peso y llegar a la altura que deberían tener.

“Cada mes atendemos como mínimo a 200 familias que tienen niños con desnutrición crónica, desnutrición grave o riesgo alimentario”, señala Letona.

“Esto incluye a las mamás y todos sus hijos menores de 13 años, con un promedio de tres integrantes por familia”, puntualiza.

Finalmente concluye la consulta del niño con la camisa del Barcelona, quien sale rápido a la calle en busca del campo de fútbol al otro lado de la clínica, donde unos menores juegan con una botella de plástico ante la falta de pelota.

En mayo pasado, un informe del Ministerio de Salud certificó que se triplicaron los casos de desnutrición aguda en menores de cinco años en comparación con 2019, con 13.740 casos confirmados. Sin embargo, según expertos las cifras son ampliamente superiores debido al subregistro existente.

De acuerdo al ministerio, la mayor cantidad de casos de desnutrición corresponden al “Corredor Seco”, una franja que recorre el centro del país.

La situación se habría complicado con la pandemia originada por la covid-19 y con la destrucción causada recientemente por los huracanes Eta y Iota, que azotaron Centroamérica en noviembre, en un país donde el 59 por ciento de los 16 millones de habitantes viven bajo el umbral de pobreza.

VISITAS EN HOGARES

Las tareas de Antigua al Rescate se llevan a cabo La Palmilla, Camotán, en un centro de Salud donado por el Gobierno de Estados Unidos, pero también incluyen visitas a hogares en riesgo alimenticio.

En uno de los últimos fines de semana de trabajo, a Letona le tocó visitar la vivienda de una niña de 2 años que pesa 10 libras (4,5 kilográmos), en una consulta de la que salió preocupada por el estado de la menor.

La madre apenas rebasa la mayoría de edad y las condiciones de la vivienda, de lámina y madera, provocan que el humo de la cocina se cuele en la habitación constantemente, causándole daños en los pulmones a su pequeña hija.

“Tiene severo retraso de crecimiento y su motricidad se ha visto afectada, además, claro, de un retraso en todo lo que se supone que debería de estar haciendo para la edad que tiene”, avisa Letona con consternación.

Sin embargo, para Antigua al Rescate tristemente es un caso más de los miles que atienden al año. Iniciaron sus labores en 2018 auxiliando a las víctimas de la explosión del Volcán de Fuego, en el centro del país, y desde entonces se han enfrascado en la lucha contra la desnutrición, un flagelo que cada día toma más fuerza en Guatemala. EFE

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