La gastronomía como vehículo de justicia e innovación social en Bolivia

 

 

Washington, 15 feb (EFE).- La justicia social y la oferta de oportunidades a los jóvenes con menos recursos son los pilares de un proyecto impulsado por el Gustu, un reconocido restaurante boliviano nacido en 2013 y que ya ha impulsado la vida laboral de cientos de hosteleros.

Formada entre Bolivia y las Islas Canarias, Marsia Taha había trabajado en varios restaurantes europeos antes de regresar a Bolivia de la mano del Gustu, a cuyo equipo representó hoy en un evento que reúne varias innovaciones financiadas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El restaurante, situado en La Paz y en funcionamiento desde 2013, tiene como objetivo potenciar los productos locales frente a los negocios de comida rápida que se abren paso en la mayoría de países del mundo y ocupa el puesto 28 entre los Cincuenta Mejores Restaurantes de Latinoamérica.

El Gustu incluye un plan social mediante la creación de las escuelas de cocina MANQ’A, destinadas al público más joven y con menos recursos, según informó el BID en un comunicado.

La idea tiene el objetivo de facilitarles un acceso al mundo laboral de la industria, además de implantarles la convicción de priorizar la gastronomía de la zona.

Este programa, que cuenta con trece escuelas, dos de las cuales están en Colombia, consiste en una beca de seis meses con la que los estudiantes obtienen el certificado de técnicos básicos en gastronomía y ya han pasado por sus fogones 3.000 graduados, el 20 % de los cuales ha conseguido un empleo estable en el sector.

El proyecto forma parte de un quinteto de iniciativas que maduraron bajo la financiación del BID y que hoy se presentaron en Washington como ejemplos de la innovación multidisciplinar en Bolivia.

Entre estos se encuentran el teleférico urbano para las áreas metropolitanas de La Paz y El Alto, del que aún se ejecuta su segunda fase, pero que pretende ser la red de teleférico urbano más grande del mundo.

Otro proyecto culinario forma parte de este grupo destacado de innovadores financiados por el BID.

Se trata de Ali Pacha, un restaurante vegano dirigido por el cocinero boliviano Sebastián Quiroga y cuya singularidad reside en que basa su actividad en aumentar la conciencia de los comensales en relación a los ingredientes que consumen, dando protagonismo a la sostenibilidad y a la riqueza del producto nacional.

El mundo de la informática también tiene su espacio entre los proyectos presentados esta semana en Washington de la mano de Jalasoft, una empresa de software fundada en 2001 y en la que trabajan 800 empleados; su innovación reside en la Fundación Jala, que forma a recién graduados en distintas áreas de competencia.

La quinta de las iniciativas que se deja ver en Estados Unidos es el programa “Las Cebras” del Gobierno autónomo municipal de La Paz, que atesora 16 años de experiencia tratando de concienciar a niños y adolescentes sobre la importancia de hacer de la ciudad un entorno habitable y próspero, y cuidarla como si fuera su casa.

En 2017, el programa se hizo con el concurso internacional sobre innovación urbana de Guangzhou, en China, tal y como recordaron desde la entidad financiera. EFE