domingo, septiembre 19, 2021
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¿La hora de los indígenas?

Por: Jesús García Gurrola

 

Trascendió que en días recientes tomó protesta como diputada local nuestra paisana del Mezquital, la maestra Sandra Luz Reyes Rodríguez, originaria de la comunidad indígena de Santiago Teneraca, quien, hasta antes de tomar protesta como legisladora, se desempeñaba como maestra de preescolar. A ella mis sinceras felicitaciones y le deseo todo el éxito en esta nueva tarea que está iniciando.

Mi opinión va en sentido contrario a la de la mayoría de los que se han pronunciado sobre este respecto, sobre todo de aquellos que dicen que ha llegado la hora de los indígenas y que los partidos se han vuelto más incluyentes al dar espacio a los grupos vulnerables como los aborígenes. En mi modesta opinión, ni ha llegado la hora de los indígenas ni se ve, si quiera de lejos, que esté por llegar.

La maestra Sandra Luz está hoy en el Congreso porque la propietaria, Gabriela Hernández López, alias “La China”, está en busca de ser reelegida como diputada local en las elecciones de este 2021. Si no me equivoco, esta es la cuarta ocasión, en la historia política de Durango, en que un integrante de la zona indígena ocupa una curul en el Congreso local. La primera fue en 2009, cuando Adán Soria Ramírez dejó el cargo para buscar la presidencia de la capital y se queda en su lugar el profesor Mariano Soto Caldera; la segunda en el 2013, cuando Abraham Moreno García deja el cargo para buscar mejores horizontes y en su lugar se queda la maestra Virginia Flores Flores; la tercera en el 2018, cuando otra vez Adán Soria abandona el cargo para buscar la diputación federal y en su lugar deja al amigo Wixarica, Francisco González de la Cruz, originario de la zona baja del Mezquital.

En lo particular, este acontecimiento no significa más que un desprecio a los indígenas, significa racismo y que la clase política ve todavía al indígena como incapacitado para ir al frente de un puesto de elección popular y sólo cuando el “blanco” (nabat, le dicen Mezquital) o adinerado, deja el cargo en busca de algo mejor, el indígena puede recoger la migaja, aunque sea sólo por unos días y el acto debe ser aplaudido por todos. Los líderes indígenas son utilizados en la campaña como un gancho para jalar votos y trampolín para que los políticos de pedigree sigan escalando puestos, los pasean junto al candidato para sensibilizar al resto y ganarse su confianza. Si no fuera así, entonces la maestra Sandra hoy estuviera promoviéndose como precandidata a diputada por el XV distrito local o algún otro puesto y dejar a Gabriela Hernández que terminara su período como diputada local y no al revés.

Hay quienes dicen que esto se debe a la falta de una legislación a favor los indígenas, que se pongan expresamente -dicen- los derechos políticos de los indígenas en la Constitución, como si los indígenas fuéramos de otro mundo. Yo quiero decir que los indígenas somos mexicanos y por lo tanto con los mismos derechos que el resto de nuestros compatriotas. Nuestra Carta Magna dice que cualquier ciudadano mexicano puede ser candidato a cualquier puesto de elección popular, sin importar color, raza, religión o ideología, así que el problema no es reformar la ley a favor de los indígenas, sino romper con el monopolio de las candidaturas, de los mejores puestos de elección, que son siempre en beneficio de un grupo muy reducido de privilegiados dejando fuera no sólo a los indígenas, sino a todas las clases bajas.

¿Cuál es la solución? La creación de un bloque distinto, integrado por los de abajo, los de a pie, los que siempre hemos sido pisoteados por los de arriba. El Movimiento Antorchista ya está trabajando para la fundación de un nuevo partido político nacional, con un proyecto integral bien definido, que ayude e incluya a todos por igual, pero, sobre todo a los grupos vulnerables, entre los que nos encontramos los indígenas y, también, que los actores principales sean salidos de estas capas de la sociedad. Cuando podamos lograr esto, entonces será la hora de los indígenas y de los desprotegidos. Mientras no logremos ello, siempre vamos a recoger las migajas que nos dejen los políticos que hoy dominan el país en contubernio con el gran capital.

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