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La revolución de la salud y bienestar

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UNA TENDENCIA MUNDIAL, QUE EVOLUCIONA HACIA UNA BUSQUEDA DE LA SALUD Y EL BIENESTAR

POR: DR. FCO. JAVIER SOLIS ESTUPIÑAN

“No hay mas riqueza que la vida”

Llegar a un punto de madurez, nos hace ver, como seres humanos, la importancia de saber entender la vida y disfrutarla, porque finalmente llegara la muerte como algo ineludible. Por esto, se ha incrementado en los últimos años la búsqueda de la salud y bienestar como los principales objetivos de las personas en lo individual, en lo social y por supuesto, en la parte gubernamental, tratando de establecer planes y programas en función del desarrollo humano, bienestar e inclusive la felicidad como los elementos fundamentales, y que abarcan además la salud como factor fundamental, para lograr el objetivo último de la vida: vivirla y disfrutarla.

¿Qué es lo que motiva a las personas?  ¿Qué los mueve? ¿Qué quieren en la vida?, quizá la respuesta a estas preguntas pueden ser complejas y de diferente índole, pero lo real es que lo que desean es sentirse satisfechos con sus vidas, desean felicidad y salud, y puede sonar obvio, pero a veces olvidamos esta parte como seres humanos y nos dispersamos en otras muchas circunstancias que son menos importantes dentro de nuestro diario vivir, en un estudio reciente se demostró que 47 culturas, incluyendo muchas no occidentales, los valores reconocidos como mas importante son la salud y felicidad. Valores mas fuertes en los jóvenes según una encuesta  del estudio británico Good Childhood Inquity más de la mitad de los niños (58%) eligió la opción “ser feliz” como su principal ambición, la segunda respuesta: “tener una familia”

Otra manera de reflexionar sobre el objetivo de la vida es a través  del concepto de bienestar, que se refiere a las actitudes y comportamientos que mejoran la calidad de vida y nos ayuda a llegar a un estado de salud óptima. Se define también como el proceso activo dirigido a mejorar nuestro estilo de vida en todas sus dimensiones. Representa nuestras acciones responsables que permiten el desarrollo de un nivel adecuado de salud general. El bienestar deseado, entonces, se obtiene mediante hábitos saludables que resultan en una adecuada adaptación e integración de las dimensiones físicas, mental, social, espiritual y emocional a cualquier nivel de salud o enfermedad. Esto implica que puedes experimentar bienestar, ya sea que te encuentres enfermo o saludable. La salud no es perfecta, pero se encuentra dentro de una escala que clasifica a la salud en niveles desde enfermedades de riesgo de muerte hasta el bienestar óptimo.

La utilización del índice de desarrollo humano como indicador del nivel de desarrollo de una población se basa en la idea, generalmente aceptada hoy en los medios políticos y académicos, de que si bien el crecimiento económico es una condición necesaria para explicar el grado de avance de un país, no constituye una condición suficiente.  El Índice de Desarrollo humano (IDH) es un indicador creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con el fin de determinar el nivel de desarrollo que tienen los países del mundo.  Fue ideado con el objetivo de conocer, no sólo los ingresos económicos de las personas en un país, sino también para evaluar si el país aporta a sus ciudadanos un ambiente donde puedan desarrollar mejor o peor su proyecto y condiciones de vida.  Para esto, el IDH tiene en cuenta tres variables: 1) Esperanza de vida al nacer. Analiza el promedio de edad de las personas fallecidas en un año. 2) Educación. Recoge el nivel de alfabetización adulta y el nivel de estudios alcanzado (primaria, secundaria, estudios superiores) y 3) PIB per Cápita (a paridad de poder adquisitivo). Considera el producto interno bruto per cápita y evalúa el acceso a los recursos económicos necesarios para que las personas puedan tener un nivel de vida decente.

Sin embargo, el índice de desarrollo humano tiene críticas conceptuales y de implementación. Desde la perspectiva conceptual, el índice presenta una sustitución perfecta entre las dimensiones utilizadas para su medición, es decir, no castiga por la existencia de un desarrollo desbalanceado. Por el lado de su implementación y cálculo, se deben considerar la disponibilidad de datos adecuados y la aplicación de una metodología homogénea. 

El propósito principal del desarrollo Humano de acuerdo a algunos actores es ampliar las opciones de las personas y crear un ambiente que les permita gozar de una vida larga, saludable y creativa se sustenta en cuatro pilares básicos: equidad, sostenibilidad, productividad y empoderamiento. Estos cuatro pilares vendrían a ser los componentes esenciales del Desarrollo Humano.

También se ha intentado incorporar la medición de la felicidad en diversos países, como una forma de definir lo que deseamos como seres humanos en la vida, lo cual ha generado el concepto de felicidad interna bruta (FIB)). En Brasil, en el 2009, en la ciudad de Foz de Iguazú, tuvo lugar un congreso mundial cuyo objeto fue lo que se ha denominado la “Felicidad Interna Bruta” (FIB). Este concepto fue  propuesto, por el rey anterior de Thimpu, Bután, Jigme Singye Wangchuck, en los años 70, como una alternativa al producto interno bruto. El FIB propone medir las riquezas de las naciones a través de un modelo de Bienestar que incluye indicadores de lo que se ha propuesto o considerado como “bienestar real” de los ciudadanos, como por ejemplo, las sonrisas y la alegría de vivir y no por el dinero o el nivel de ingresos a nivel económico, como lo hace el índice del Producto Interno Bruto (PIB). 

Medir la riqueza de las naciones por la felicidad de la gente, en lugar del valor en dinero de las economías (estadísticas monetarias, finanzas públicas, cuentas financieras, precios, entre otros), es lo que proponen expertos de todo el mundo que participaron en el V Encuentro Mundial sobre Felicidad Interna Bruta.  

Expertos como psicólogos, antropólogos y sociólogos, además de economistas, buscaron dar un impulso al concepto del FIB, supuestamente tan obvio como revolucionario y, de paso, tratar de poner en evidencia las carencias del PIB.  

Sobre todo, expresa el secretario de información y comunicaciones de Bután, Kinley Dorji que después de la crisis económica mundial, “Las sociedades industrializadas ahora han decidido que el PIB es una promesa rota”, ya que se ha visto, según él, en que termina una total dedicación al desarrollo económico.  

La psicóloga estadounidense Suzan Andrews, convertida en algo así como la embajadora de la FIB en Brasil, manifestaba: “El PIB no sirve más. Mide la guerra, los desastres y los accidentes. Necesitamos una alternativa que incluya el desarrollo sostenible y el bienestar de la gente” (EFE, 2009).  

Así mismo, afirmó Lyongpo Jigme Thinley – primer ministro de Bután – que: “Ha llegado la hora de desarrollar y adoptar una definición del bien y del crecimiento más verdadera y humana. Necesitamos redefinir qué es la prosperidad (…). La felicidad es algo muy serio”.  

El modelo de Bienestar, producido por los butaneses, consta de cuatro pilares, nueve dominios y 72 indicadores de felicidad. De manera específica, el gobierno de Bután, determinó que los cuatro pilares de una sociedad feliz están relacionados con la economía, el ambiente, y un buen gobierno. Estos pilares se dividen en nueve dominios: bienestar psicológico, ecología, el estado de salud, nivel de educación, cultura, niveles de vida, uso del tiempo libre, vitalidad comunitaria, y buen gobierno, cada uno con su propio índice FIB, calculado y sin calcular. Bajo el dominio del Bienestar psicológico, por ejemplo, los indicadores incluyen frecuencias de rezos y meditación y sentimientos de egoísmo, celos, calma, compasión, generosidad y frustración, así como pensamientos suicidas. (Mydans, 2009).

En general, algunos expertos consideran que en lugar de utilizar los términos felicidad y satisfacción es mejor utilizar el término bienestar como un concepto más amplio que incluye satisfacción, felicidad  e inclusive podemos agregar la salud y abarcar emociones positivas.

Es cierto que a nivel gubernamental consideran cuestiones como la sostenibilidad, la igualdad y el bienestar, pero tienen como objetivo fundamental el crecimiento económico medido en función del PIB, aunque como dice, uno de los principales arquitectos del PIB, “El bienestar de una nación…. Difícilmente puede deducirse de la medición del ingreso nacional”, lo cual nos hace ver la necesidad de ver la economía como una herramienta para lograr objetivos fundamentales como es el caso de la salud y bienestar, y no como un fin en sí misma.

Según Richard Layard argumenta que la felicidad debería ser el fin último de la sociedad, de hecho otros autores han estimado que la finalidad de la educación es el bien-estar y el llegar a-estar-bien, es también frecuente ver el bienestar como el impulsor de otros resultados como la productividad en el trabajo, el buen desempeño educativo o el aumento de la actividad física.

El bienestar puede tener diversas interpretaciones,: una de ellas relacionada con los ingresos, es decir un mayor ingreso proporciona al individuo más recursos para para consumir, y asumiendo que las personas consumen más cosas aumenta su felicidad; otro enfoque, es el la relación del bienestar con una serie de necesidades” objetivas, como la salud, la educación, ingresos, libertad política, etc. por lo que las personas que logran satisfacer esas necesidades , experimentan bienestar. Otro enfoque es el hedonista que relaciona el bienestar con un equilibrio afectivo positivo, o sea mayor parte de emociones agradables y positivas que las desagradables y negativas.

Otro enfoque evaluativo que identifica el bienestar con la valoración que hace cada individuo con su vida o en ciertos aspectos, con más capacidad de juicio que sentimientos, perteneciendo a los informes de indicadores en el mundo. Y el enfoque centrado en la idea aristotelica de felicidad: “vivir bien”, “vivir la buena vida”. En New Economics Foundation entienden el bienestar como “sentirse y encontrarse bien”.

Para ampliar más estos conceptos conviene por otra parte definir el bienestar de acuerdo al informe de la Foresight commission británica: “. Un estado dinámico en el cual puede desarrollar su potencial, trabajar productiva y creativamente, construir relaciones sólidas y positivas con otros, y contribuir a su comunidad, el bienestar aumenta cuando un individuo puede cumplir sus metas personales y sociales y alcanzar un propósito en la sociedad.

Existen diversas voces en el mundo que resaltan la importancia de modificar los conceptos y por supuesto las acciones y políticas para esta búsqueda del desarrollo humano o lograr la felicidad de los seres humanos, y la salud es uno de los conceptos fundamentales del bienestar, y para transformar la salud necesitamos preguntarnos ¿Qué necesitamos? Un cambio radical en la concepción de la salud, en la educación, en la cultura. En la mentalidad de las personas, para vencer muchos más “ismos”: sedentarismo, individualismo, consumismo, “viejismo”. Así, recuperaremos los espacios públicos, las relaciones interpersonales, el amor y la felicidad, según el destacado médico geriatra Juan Carlos Molina.

Complementariamente y bajo estos conceptos, una corriente que ha surgido en los últimos años y que se ha denominado la revolución del bienestar, gracias a Paul Zane Pilzer quien habla de La industria del bienestar – productos y servicios para que la gente sana mantenga su salud, concepto fundamental del bienestar, desarrollo humano, felicidad – y que representa un negocio de unos US$250 billones al año, de los cuales la mayor parte se genera en ventas de vitaminas y membresía en gimnasios. En el año 2010, Paul Zane Pilzer predice que a esos números se espera que el Mercado aporte US$1 trillón adicionales a la economía de los Estados Unidos.

Se trata de una verdadera revolución en los negocios, comparable con la de la industria automotriz o de las computadoras personales. Como tal, promete inmensas oportunidades de amasar fortuna para aquellos emprendedores, inversionistas o distribuidores que sepan aprovechar esta industria emergente desde temprano, y que definitivamente busca incidir en el concepto de la salud y el bienestar a través de la responsabilidad que tenemos cada uno de los seres humanos en esta búsqueda por ser y estar mejor.

Se considera que la industria del bienestar cambiará el sistema de salud que todos conocemos (y que el autor denomina industria de la enfermedad). Está basada en la pro actividad y en el estilo de vida.

Paul no es un hombre de negocios común. Es un economista respetado y brillante. A los 25 años se convirtió en el vicepresidente más joven de la historia de Citibank. Trabajó como asesor económico de los presidentes Reagan y Bush. Advirtió al congreso de los Estados Unidos de la inminente crisis que se avecinaba antes de que las autoridades de Washington estuviesen dispuestas a escuchar ( historia que luego contó en El dinero de otros ).

A pesar de ser profesor de economía se decidió a probar su teoría en el mercado. Acumuló una enorme fortuna personal de decenas de millones de dólares a través de inversiones inmobiliarias y empresas de educación, software y salud. Escribió libros que se convirtieron en “best sellers”, tales como Riqueza ilimitada, El dinero de otros, Dios quiere que usted sea rico, Los próximos millonarios, La revolución del “wellness” o Soluciones a los seguros de salud. Por estos libros se le considera actualmente un “gurú” del mundo de la salud y el bienestar.

Aparentemente, Paul sería la última persona en volcarse en el Marketing Multinivel. En la conciencia popular, esta industria se asociaba a soñadores de clase obrera, adictos a la publicidad y vendedores callejeros con vestimentas horteras que buscaban dinero fácil y rápido. Pero estos estereotipos eran ya muy anticuados. La nueva raza de “Networkers” estaba formada por profesionales sofisticados, muy educados, en busca un nicho de mercado lucrativo en el ciberespacio. Y Paul sí encajaba en este perfil.

Pilzer fundamenta el panorama de la industria de salud, así como de los recientes avances en biología y bioquímica celular, para luego describir un plan paso a paso que le permitirá ubicar cuál es su posición, o mejor dicho donde desea participar en este contexto denominado revolución del bienestar.

Como podemos darnos cuenta estamos apreciando una evolución, que se da como un proceso de cambio paulatino e ininterrumpido, a través del cual una situación determinada da lugar a otra nueva de un modo insensible. Este proceso continuo se ve sacudido esporádicamente por situaciones de gran magnitud que introducen cambios profundos, con gran rapidez. En otras palabras, el curso de la evolución se ve transformado en su velocidad, y acaso en su dirección, bajo ciertas coyunturas revolucionarias. 

Por lo tanto la salud no escapa a estas dos modalidades de cambio. En efecto, el campo de la salud refleja las circunstancias espectaculares que viven las sociedades contemporáneas. En este concepto fundamental del desarrollo humano, bienestar o de la felicidad, en particular es conveniente hacer un recuento y analizar su proceso de evolución, para poder reconocer que estamos en el punto crítico que nos lleva hacia cambios, en lo que se refiere a la atención médica, en los programas de salud preventivos y de promoción, pero que en lo particular sigo considerando con un cambio de enfoque basado de inicio en la autorresponsabilidad y en la generación de los nuevos conceptos de la salud y el bienestar. Por lo cual  es conveniente primero referirnos a algunos cambios a lo largo de estas últimas  cuatro décadas en México. Si bien nos referimos a México, éstos no difieren sustancialmente de lo acaecido en muchos otros Países.

México continua actualmente, inmerso en una profunda transición, por un gran cambio que se inició hace algunos años y del que no escapa la situación de la salud de la población. En efecto, la salud resume de algún modo las transiciones demográfica, epidemiológica, cultural y educativa, económica, social y política que ha vivido nuestro País. 

Las transiciones cultural y educativa, económica, social y política también repercuten de manera importante en la salud. Por ejemplo, considérese que el analfabetismo en la población mayor de 15 años ha disminuido de manera notable en 30 años, del 40 al 8 por ciento; que la escolaridad promedio y el acceso a la educación superior han aumentado en forma ostensible: la primera alcanza seis años y la matrícula de educación superior es 1.3 millones, lo cual representa 56 de cada 1000 estudiantes inscritos en el Sistema de Educación Nacional. A pesar de lo anterior, la crisis económica, nos ha abrumado en la última década, lo cual ha causado una reducción de los recursos asignados para los programas y servicios de salud. Por otro lado, la mayor conciencia ciudadana, por su participación en los procesos políticos, plantea una exigencia también mayor de mecanismos democráticos transparentes y más y mejores servicios de salud, entre otras demandas. En esta parte, valdría la pena reconocer al Sistema de Protección Social en Salud, como un evento propio de estas transiciones y que aún no se ha desdoblado al 100%, pero que es, para un servidor, uno de los cambios trascendentales en la Historia de la salud, el siguiente debe ser el Re-enfoque de la salud.

Esta compleja vialidad en transición sirve de marco de referencia para entender los cambios que se dan en el área de la salud y que pueden agruparse en dos vertientes principales: un nuevo enfoque para el cuidado de la salud y el acelerado progreso de la investigación biomédica. 

En cuanto a la primera vertiente, el cuidado de la salud se orienta ahora por una corriente que, a través de la última década, va cobrando arraigo en la conciencia de los gobiernos y de las sociedades de todo el mundo. Se trata del cambio en el paradigma de la atención a la salud, que significa el tránsito de la medicina individual de tipo curativo a un enfoque poblacional de carácter preventivo, que se basa en la promoción de la salud. Se propone reducir el riesgo más que reparar el daño. Cabe señalar que este cambio significa “además de” y no “en vez de”; es decir, significa una variación en el énfasis, la decisión y la voluntad política, una redefinición de estructuras y funciones de los servicios de salud, nuevas fórmulas para la asignación de fondos públicos y la formación de recursos humanos, entre otras. Lo cual marcaria las bases del re-enfoque que ya he comentado en otras publicaciones.

Es importante señalar que la salud colectiva ha sido preocupación continua de los gobiernos y de la sociedad en México. Diversas experiencias se han puesto en práctica para cuidar de grupos vulnerables expuestos a riesgos específicos. 

Para el cambio estructural, en México hemos entendido que el cuidado de la salud requiere de la participación activa de varios sectores del gobierno y de la sociedad entera; que es impostergable incrementar la autonomía de los servicios estatales y reforzar su capacidad gerencial a todos los niveles pero, sobre todo, el de las jurisdicciones sanitarias; que es necesario precisar y armonizar las funciones de las distintas instituciones de salud, impulsar la investigación en salud y adecuar y formar los recursos humanos indispensables; en fin, que hay que explorar nuevas formas de financiamiento que nos adelanten en uno de los desiderata esenciales de la salud: la equidad. Aun cuando son indudables los adelantos logrados, hay amplio espacio para continuar perseverando en la dirección deseada. 

Es incuestionable, sin duda, reconocer que los grandes logros de la clínica y la cirugía son concomitantes a la aplicación creciente y sistemática de tales adelantos en beneficio de los pacientes a quienes es posible brindar medios diagnósticos más específicos, más sensibles, menos agresivos y recursos terapéuticos más eficaces y más seguros.

En la segunda vertiente solo conviene destacar los grandes avances en la investigación, que nos permiten lograr mejor atención y también mejores avances en la salud pública.

Estas son las circunstancias en las que, en el momento actual, está inmersa la problemática en salud. Las dos vertientes descritas no pueden verse como antagónicas, si bien suelen competir por recursos y por predominio. No se trata, cabe repetirlo, de una en vez de la otra. No podemos cerrarnos a los avances de la investigación biomédica y de sus aplicaciones tecnológicas; menos podemos desentendernos de la obligación de proporcionar servicios de calidad y cobertura universal para todos los mexicanos. Así pues, dichas vertientes no deben oponerse sino más bien complementarse. 

Los años venideros serán sin duda muy gratificantes y aleccionadores para enfrentar el desafío de cómo avanzar, con sabiduría, en la atención a la salud, ofreciendo calidad y cobertura universal, al tiempo que se incorporan los productos del nuevo conocimiento. El reto es evitar que, por el enorme costo de su aplicación, los avances científicos y tecnológicos lleguen a ser discriminatorios y perturben el principio fundamental de la equidad que, en la salud más que en ningún otro ámbito, debe ser la norma imprescindible de nuestra actuación, y que nos llevara tarde o temprano hacia lo que en lo particular he denominado el re-enfoque de la salud.

Entender que Revolución es el cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato. Se establece la revolución como una idea cambiante debido a lo que las circunstancias ameriten en el momento, estas pueden ser tales como económicos, culturales, religiosos, políticos, sociales, militares, etcétera. 

Las revoluciones son consecuencia de procesos históricos y de construcciones colectivas, para que una revolución exista es necesario que haya una razón para la nueva unión de intereses comunes o utopía, frente a una vieja unión de estos. ¿Existe realmente una revolución de la salud y el bienestar? ¿Debe ser la salud el pilar más importante de los objetivos de los seres humanos? ¿Es la felicidad, el bienestar, el desarrollo humano lo más trascendental que deben trabajar los gobiernos para lograr una real evolución de la sociedad? ¡Ud. tiene la última palabra! Hasta la próxima semana.

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