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La vida del primer chófer de López Obrador, hoy un florista que busca empleo

Manuel López

Villahermosa (México), 27 ago (EFE).- El florista José Ángel Gerónimo, de 60 años, fue el primer chófer, además de amigo, asistente, gestor y guardia personal del hoy presidente Andrés Manuel López Obrador, con quien recorrió hace 35 años el centro y sureste del país y del que ahora espera una oportunidad de empleo.

José Ángel y su esposa, Doris, con ayuda de su hija del mismo nombre, subsisten gracias a “La Florería Tropical Flowers”, un establecimiento que organiza eventos sociales y vende arreglos florales en el municipio de Villahermosa, capital del suroriental estado de Tabasco.

En el velódromo deportivo de Villahermosa, José Ángel pasa el día vendiendo girasoles a los automovilistas por 120 pesos (unos 6,1 dólares) la decena, ahora que es temporada.

Lejos parece quedar la década de 1980 en la que fue testigo del nacimiento de la izquierda mexicana en esta región, una de las más pobres del país.

En los ochenta, José Ángel comenzó a ser el conductor del hoy presidente en sus giras por el país. Y de forma intermitente, lo acompañó durante más de diez años.

En septiembre, visitó a López Obrador y tuvieron un breve encuentro donde le pidió un empleo digno.

Además, el florista le recordó que tiempo atrás López Obrador destacó su buen trabajo: “Tú estás destinado para andar siempre conmigo”, fueron las palabras y la promesa que López Obrador que José Ángel asegura que el hoy presidente le lanzó cuando trabajaban juntos.

“Ándrés me dijo, ‘dame chance’ (una oportunidad), y estoy pensando que en cualquier momento me puede enviar algún mensaje para ver si hay alguna oportunidad. Pero mientras tanto la vida continúa. Nosotros, mi familia y yo, estamos dedicados al negocio de las flores”, relató a Efe sobre su encuentro de septiembre del año pasado con el entonces mandatario electo Don Gelo, como lo apoda cariñosamente el presidente, del izquierdista Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

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José Ángel aseguró que siguen siendo amigos desde 1980, cuando condujo un primer desvencijado Ford blanco, y una década después, una vieja camioneta color café con crema y que, en su tumbaburros (parachoques), rotularon la leyenda: “PRD. Veneno para ratas”, en clara alusión al partido gobernante de ese entonces, el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

De oficio nutriólogo, José Ángel Gerónimo inició su lucha social junto al ahora presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en 1980, cuando este fungía como encargado estatal del Instituto Nacional Indigenista (INI).

A mediados de los ochenta, López Obrador renunció al PRI y se unió al Frente Democrático Nacional, coalición que evolucionó en el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).

El hoy florista llegó a la vida del político en un momento un tanto convulso por las divergencias internas dentro del PRI.

“Cuando llegó a las oficinas del PRI (López Obrador) dijo: “esto ya se acabó porque no se puede hacer democracia” y entonces muchos compañeros dijimos vámonos y renunciamos todos”, recordó el antiguo chófer.

Para el actual presidente de México, Don Gelo fue gestor, realizó labores de organización, afiliación y asambleas en los estados del sureste mexicano donde comenzó a fortalecer la carrera política de Andrés Manuel López Obrador.

Era conocido como un político “terco y persistente”, rememoró José Ángel, quien aseguró que hace años López Obrador ya se “fijó una meta, que era ser presidente de éste país”.

Por compromisos familiares, José Ángel abandonó el estado de Tabasco, y a López Obrador, para asentarse en Mérida y después en Quintana Roo.

Pero años después, su esposa y sus hijas le pidieron regresar a Tabasco tras convencerlo de que “su felicidad estaba en la política”.

De nueva cuenta regresó, pero ya no como chófer, sino como responsable del trabajo de organización y afiliación de simpatizantes para lograr el registro del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido liderado por López Obrador y creado en 2014.

José Ángel Gerónimo, recuerda muchas anécdotas de sus años con López Obrador. Entre estas, una vez que evitó en un mitin que el hoy presidente recibiera un botellazo de caguama (cerveza) de un simpatizante de la oposición.

También sufrían de infecciones estomacales producto del estrés y los alimentos que consumían a diario en sus recorridos, o que los simpatizantes les ofrecían.

“Boteábamos (comíamos aperitivos) en los mítines, les pedíamos cooperación para la lucha y la gente comenzaba a llenarnos la lata. Comíamos en donde sea y a la hora que sea”, recordó.

A diferencia del paciente exchófer y amigo de López Obrador, su familia piensa que perdió el tiempo y su juventud, pues a la fecha es un consejero de Morena sin sueldo.

“Siempre fue fiel con él -López Obrador- y hoy que ganó le dicen: ¡Agarra tu camino! No es justo, cuando dedicó su vida y su juventud” a la causa, expresó con enfado su suegra, doña María Martínez.

Así a la espera de que López Obrador cumpla con su promesa de darle un empleo a Don Gelo, a punto de la jubilación, él y su familia continúan vendiendo girasoles a pie de calle y en la pequeña tienda de su propiedad. EFE

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