La vieja y fascinante modernidad de Nuevo México

Alfonso Fernández

Taos (EE.UU.), 2 dic (EFE).- ¿Qué estado de Estados Unidos cuenta con la capital más antigua, un 75 % de sus carreteras están sin pavimentar y registra a la vez una de las mayores concentraciones de habitantes con doctorado del país? La respuesta puede sonar inesperada: Nuevo México.

“Santa Fe es más antigua que Boston”, subrayan los habitantes de la ciudad designada por el español Pedro de Peralta en 1610 como sede del “reino del Nuevo México”, y que desde 1912 es capital de ese territorio convertido en estado de EE.UU.

La llegada del buque “Mayflower”, recuerdan, con los primeros “peregrinos” procedentes del Reino Unido a la costa noreste del continente americano y considerada fecha fundacional de la nación no se produjo hasta una década después, en 1620.

Pero el estado cuenta con asentamientos mucho más antiguos, en pie desde hace casi 1.000 años, como el asombroso de Taos Pueblo, donde se pueden contemplar las hermosas casas de adobe habitadas aún por más de un centenar de personas miembros de la tribu Tewa.

En Taos Pueblo se originó la famosa revuelta de los Pueblos indígenas, que expulsó durante casi dos décadas a los conquistadores españoles en 1680; y donde más de un siglo después, en 1847, se derrocó y arrancó la cabellera al primer gobernador estadounidense de Nuevo México, Charles Bent.

La especial fascinación que genera el remoto estado ganó popularidad con los lienzos de la pintora de Georgia O’Keeffe, que se retiró en la década de 1940 al bello e inhóspito desierto que precede a la gran cordillera norte.

Sus cuadros sobre las grandes mesas rojizas (zonas elevadas de terreno con una cima plana y cuyos lados suelen ser acantilados abruptos) o de las misiones españolas de adobe del siglo XVII y XVIII como la de San Francisco de Asis se convirtieron en referentes artísticos de EE.UU.

Cerca de Taos, a más de 2.000 metros de altitud y entre las primeras nieves del otoño, se encuentra la vertiginosa garganta del Río Grande, cuyo curso acompañan localidades que mantienen pintorescos nombres hispanos como Algodones o Española.

El extenso territorio de Nuevo México, que incluye el desierto del sur y las imponentes montañas del norte, recorridas por el Río Grande, fue anexionado por EE.UU. tras la Guerra México-Estadounidense (1846-1848).

El fin del conflicto, culminado con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848, supuso la pérdida de México de casi la mitad de su territorio, incluida gran parte del suroeste de EE.UU., y lo que hoy es California, Arizona, Nuevo México, Nevada y Texas.

“Fue la frontera la que se movió, nosotros llevamos aquí desde hace generaciones”, subraya con media sonrisa John Torres, exveterano del Ejército estadounidense y orgulloso “nuevomexicano” en el negocio que regenta a las afueras de Taos.

Como consecuencia, Nuevo México es el estado con mayor porcentaje de población de origen hispano, casi la mitad, un 48 %, y la lengua española es tan importante como el inglés.

Pero a la vez que esgrime su rico pasado, Nuevo México es uno de los principales centros tecnológicos de EE.UU., y registra una de las concentraciones de doctorados por habitantes más altas del país.

Todo ello, legado de una de las operaciones secretas militares más importantes de la historia mundial:

El desarrollo de la bomba atómica en las instalaciones de Los Álamos, bajo la dirección del físico Robert Oppenheimer, y cuya primera prueba tuvo lugar en el desierto de White Sands en 1945, semanas antes de ser detonada en Japón al final de la Segunda Guerra Mundial.

Microsoft, el gigante informático fundado por Bill Gates y Paul Allen, surgió en un garaje de Alburquerque, la ciudad más grande del estado, en 1975.

Y actualmente, en Nuevo México se encuentran los Laboratorios Nacionales Sandia, centrados en estudios nucleares, así como el Laboratorio Nacional de Los Álamos, instalaciones dedicadas a la investigación experimental, dos de los centros punteros del país.

La alta tecnología convive, paradójicamente, con el respeto a la naturaleza y el apego a la tierra de su población centenaria: el 75 % de sus carreteras está sin pavimentar y la población de ganado supera con creces a la de sus dos millones de habitantes. EFE