La Villa 31 bonaerense, donde todos los objetivos del G20 están por cumplir

María Paulina Rodríguez

Buenos Aires, 30 nov (EFE).- Los ojos del planeta están puestos hoy en los líderes del G20, pero a escasos 3 kilómetros de donde se reúnen en Buenos Aires existe una realidad muy distinta: un asentamiento, la Villa 31, en el que es muy raro que los niños coman una vez al día y donde es un milagro que los jóvenes estudien o sueñen con un futuro.

“Vivimos frente a uno de los hoteles más caros, que es el Sheraton, al costado del Hilton, frente a casa de la Moneda, donde se hacen los billetes, y cargamos baldes de agua hasta un segundo y tercer piso, ¿entiendes?”, explicó a Efe con incredulidad Mónica Bustamante, una vecina boliviana que regenta una peluquería en el barrio y que tiene conciencia de que hay sectores del poblado, de unos 90.000 habitantes, donde la red de agua potable no llega.

El asentamiento de la Villa 31, que comenzó a construirse por inmigrantes latinoamericanos en la década de los 30, tiene una situación privilegiada, ya que se encuentra rodeado los barrios más caros: Palermo, Recoleta y Puerto Madero. No obstante, continúa siendo una de las zonas de la ciudad más azotadas por la pobreza.

A escasas cuadras del poblado, los 18 hombres y las dos mujeres más poderosos del mundo firmarán, entre hoy y mañana, acuerdos trascendentales para el futuro del trabajo, de la alimentación sostenible y de la infraestructura por el desarrollo, entre otros temas.

Acuerdos que, con suerte, darán fruto en un futuro, mientras que en el presente los 90.000 ciudadanos que residen en la Villa 31 -cifra que calculan los propios vecinos, ya que no hay catastros oficiales y la comunidad crece de manera constante-, están sumidos en una precariedad que poco ha mejorado su surgimiento.

Mientras que los líderes mundiales debaten, en el marco de Alimentación Sostenible, políticas que permitan incrementar la productividad de los suelos sin impactar de forma negativa en el medioambiente, muchos hijos de madres solteras de la villa sufren malnutrición.

“La única vez que almuerzan los chicos es en el comedor del colegio, al mediodía, y a veces no desayunan. Están mal de peso”, remarcó la vecina y directora del centro “Reprotege”, Nilda Fernández, que realiza reconocimientos mensuales a los niños de las madres que acuden al centro por motivos de violencia de género.

Los jefes de Estado del G20 también debatirán sobre la necesidad de transformar el sistema educativo para preparar a los estudiantes ante los nuevos desafíos laborales y, sin embargo, los desafíos a los que deben enfrentarse los jóvenes de la villa son otros muy distintos: lidiar con los continuos cortes de luz cuando estudian por las noches y con los costos que les supone ir a la escuela o la universidad.

“En invierno pasa todo el tiempo, viene dos horas y se va todo el día, o se va toda la noche y los chicos no pueden estudiar, ni cargar el ordenador”, explicó a Efe Bustamante, quien inculca a sus hijos que estudien y trabajen para cambiar eso de “no eres nadie si eres de un barrio de emergencia”.

La peluquera, que vive desde 1997 en el barrio, también ve afectada la economía familiar con dichos cortes, ya que “cuando no hay luz, no se puede trabajar” y entonces “ese día no hay puchero”.

Otra de las propuestas a debatir en la cumbre es la financiación de nuevas infraestructuras, problemática que atañe muy de cerca a los vecinos del barrio.

Estructuras de cemento y ladrillo sin revestir, pintadas de colores vivos; escaleras de hierro que se encaraman desde el suelo hasta las terceras plantas, cloacas que se atascan con las fuertes lluvias y calzadas donde predomina el lodo, forman parte del paisaje de este arrabal que contrasta con las altas y lujosas torres comerciales que se divisan desde la autopista que cruza la villa.

“Todos los vecinos queremos una urbanización pero digna”, manifestó a Efe una joven vecina, madre de cuatro niños, tras mostrar su descontento con que los “pibes (niños)” lleguen llenos de barro por la falta de calzadas y tengan que ir “con el mismo par de zapatillas todos los días” porque sus madres no tienen “un trabajo digno”.

Mientras tanto, los ojos del planeta continúan absortos en los modelos que lucirán las cónyuges de los líderes, en si se resuelve la guerra comercial entre China y Estados Unidos o hay algún movimiento relacionado con el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohámed bin Salmán.

“Si seguimos así, creo que no van a tener un futuro digno mis hijos, ni los hijos de la gente de acá. Si la gente del barrio tuviera otras oportunidades, creo que serían mejores que todos los de la clase media”, considera la joven vecina, orgullosa de la capacidad de superación de la gente de su barrio, pese a la “triste” situación que están viviendo.

“Acá, el que empuja para que tu producción crezca es tu vecino”, sentencia Bustamante, quien al igual que sus dos vecinas no tiene esperanza de que los acuerdos que se cierren en el G20 les afecte de manera positiva en el futuro más cercano. EFE