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Las familias de agricultores latinos, entre asociarse o quedarse atrás

Belén Delgado 

Roma, 29 may (EFE).- Más de 60 millones de personas son agricultores familiares en Latinoamérica, un importante motor de la economía rural al que más le vale encontrar socios si no quiere quedarse estancado.

Agruparse en organizaciones, cooperativas o asociaciones más amplias les da la posibilidad de defender sus derechos y desarrollarse con más ímpetu a esos campesinos protagonistas de la década de la agricultura familiar inaugurada hoy por la ONU en Roma.

“Trabajamos autofinanciados. Con algunos aportes y voluntad luchamos por nuestra gente. ¿Quién va a hacer algo si nosotros no lo hacemos?”, plantea a Efe la paraguaya Florinda Silva, de la Alianza por la soberanía alimentaria de América Latina y el Caribe.

Silva saca adelante su finca de 20 hectáreas junto a su marido y uno de sus seis hijos, produciendo alimentos sobre todo para consumo propio, y desde hace dos décadas milita en organizaciones agrícolas, como hiciera su padre.

Invitada a un foro en la capital italiana, echa en falta políticas públicas que atiendan sus necesidades y comprendan que para ellos, los agricultores familiares, el campo es su vida.

Estas son algunas de las experiencias y propuestas presentadas para que los campesinos mejoren su producción y sus ingresos en la región:

DIÁLOGO CON LOS GOBIERNOS 

Desde 2004, la Reunión especializada de agricultura familiar del Mercosur (REAF) sienta en la misma mesa a productores familiares, organizaciones e instituciones, un ejemplo que se está replicando en otras regiones, indicó Román Cordero, especialista del Consejo Agropecuario Centroamericano.

En Colombia, más de 124.000 personas de comunidades locales han sido consultadas sobre los programas de desarrollo con enfoque territorial implantados en más de mil municipios, 170 de los cuales están considerados los más pobres del país y en los que se intenta conectar los mercados con familias productoras.

Según el subdirector de Proyectos productivos de la Agencia de Renovación del Territorio, Luis Gabriel Guzmán, en esos lugares están abordando de manera integrada el ordenamiento de la propiedad, las infraestructuras, la educación, la salud, la vivienda, el derecho a la alimentación y la reconciliación posconflicto.

AGROECOLOGÍA APOYADA EN EXPERTOS 

El agrónomo argentino Eduardo Cerdá trabaja con la Red de municipios que fomentan la agricultura ecológica en su país natal, iniciativa que surgió ante las quejas recibidas de quienes sufrían serios problemas de salud viviendo cerca de explotaciones agroindustriales.

“Quisimos romper el mito de que no se podían producir alimentos sin químicos”, dijo Cerdá.

Desde su primer proyecto piloto en la ciudad de Guaminí, provincia de Buenos Aires, ya han exportado el modelo agroecológico a 14 municipios con los esfuerzos de más de 150 productores, autoridades locales, investigadores y profesionales agrarios, educativos y de la salud.

UNIÓN DE COOPERATIVAS 

Los pequeños agricultores deberían unirse en cooperativas y construir alianzas ya que “no son islas que sobreviven solas”, apuntó Vanderlei Zieger, miembro de Cresol, un sistema de cooperativas de crédito rural solidario en Brasil.

En su opinión, la agricultura familiar, que agrupa más del 80 % de las explotaciones en América Latina y el Caribe (unos 16,5 millones) y provee entre uno y dos tercios de sus alimentos en función del país, ofrece respuestas al cambio climático y a los consumidores “que desean saber de dónde viene lo que comen”.

Para enseñar a los jóvenes a ganarse la vida en las áreas rurales, un instituto asociado a Cresol ofrece capacitación sobre cómo desarrollar cadenas cortas de suministro y dirigir cooperativas.

COLABORACIÓN CON OTRAS EMPRESAS 

El gigante de la alimentación Unilever prepara caldos en su planta de la provincia argentina de Mendoza a partir de la producción de 23 agricultores familiares, a quienes ayuda a cultivar de forma sostenible, mejorar los suelos y reducir el uso de agua, según su representante Karen Vizental.

En otros casos, precisó que colaboran con multinacionales, bancos y ONG para facilitar la certificación de los productos de pequeños agricultores, su integración en los mercados globales y su financiación.

Sin embargo, no todos concuerdan con ese modelo. Procedente de Chiapas (México), el coordinador de la empresa cafetera Capeltic Arturo Estrada reclamó que devuelvan a los productores el acceso a los recursos y la información, al tiempo que reivindicó que sean ellos quienes fijen los precios y “no la bolsa de valores”. EFE 

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