Más de un año después de la desaparición del joven duranguense en Mazatlán, su madre sigue buscando respuestas entre investigaciones, comparecencias y pistas que todavía no permiten encontrarlo.
Carlos Emilio Galván Valenzuela tenía 21 años cuando unas vacaciones familiares en Mazatlán se convirtieron en una búsqueda que sigue abierta. La madrugada del 5 de octubre de 2025 acudió al bar Terraza Valentinos, se levantó para ir al baño y no regresó con sus acompañantes.
Desde entonces, su madre, Brenda Valenzuela, ha tenido que enfrentar la ausencia de su hijo y exigir a las autoridades información, seguimiento y resultados.
El caso provocó una renuncia dentro del gobierno de Sinaloa, pero no consiguió devolver a Carlos Emilio a casa.
En octubre de 2025, Ricardo “Pity” Velarde Cárdenas dejó la Secretaría de Economía estatal en medio de los cuestionamientos por su participación como socio en el establecimiento donde fue visto el joven. Su salida fue presentada públicamente como una decisión para facilitar el esclarecimiento de los hechos.
Un año después, la pregunta sigue pendiente: ¿qué resultados concretos produjo esa disposición a colaborar?
En las últimas semanas se informó que el exfuncionario compareció en dos ocasiones ante la Fiscalía General de la República, en calidad de testigo. Velarde ha negado conocer a las personas que se llevaron a Carlos Emilio y sostuvo que era socio de los negocios, sin participar en su administración.
Sin embargo, la familia considera insuficiente la información aportada y exige que se profundice en las líneas de investigación.
Uno de los elementos señalados por sus asesores jurídicos es que la última ubicación del teléfono del joven quedó cerca de una vivienda registrada por Velarde como domicilio fiscal, en Lomas de Mazatlán. Esa proximidad no demuestra por sí misma responsabilidad penal, pero constituye un dato cuyo esclarecimiento reclama la familia.
También persisten cuestionamientos sobre las grabaciones del establecimiento. Los abogados denunciaron que fueron entregadas con un fragmento faltante que habría permitido observar mejor a quienes acompañaban al joven.
Desde noviembre de 2025, autoridades de Sinaloa aseguraban tener identificados vehículos y parte del recorrido realizado después de que Carlos Emilio salió del bar. Se reportaron al menos cinco cateos y, posteriormente, la investigación pasó a manos de la FGR.
La existencia de esas pistas hace inevitable preguntar: ¿qué impidió avanzar hasta su localización y qué diligencias siguen pendientes?
Para Brenda, buscar también ha significado recurrir a vías legales para acceder a información del expediente. Una madre que necesita encontrar a su hijo ha tenido, además, que pelear para conocer lo que las instituciones hacen para buscarlo.
El paso del tiempo aumenta el desgaste, los gastos y la incertidumbre. Mientras las autoridades hablan de investigaciones, en casa de Carlos Emilio permanece un lugar esperando su regreso.
Su familia merece saber qué pistas fueron agotadas, cuáles continúan abiertas y si se investigaron las posibles omisiones durante las primeras actuaciones.
Una renuncia no esclarece una desaparición. Las comparecencias deben aportar información útil y las investigaciones deben traducirse en resultados.

