La inflación y la violencia están poniendo en jaque a las tienditas de la esquina en México. Seis de cada 10 pequeños comercios han cerrado temporalmente, de acuerdo con la más reciente encuesta de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC).
Según la “Encuesta #25: Pulso de la Tienda de Barrio 2025”, el 68.3% de estos negocios ha tenido que bajar la cortina de manera temporal por falta de ventas, carestía de productos y problemas de inseguridad.
De acuerdo con Cuauhtémoc Rivera, presidente de la ANPEC, los efectos inflacionarios de este año han golpeado más a los pequeños empresarios, además de otros factores que han puesto en jaque empleos, ingresos y negocios en general. “El 81.6% considera que la inflación fue peor este año”, señaló Rivera.
Las tienditas enfrentan un escenario crítico: 77.5% teme cerrar definitivamente, 49.0% ha tenido reclamos por precios, 14.4% ha sido inspeccionado por alguna autoridad, 9.0% ha recibido capacitación o asesoría y 76.2% conoce el PACIC pero no cree que funcione.
El pequeño comercio navega solo en medio de la tormenta inflacionaria. No hay red, ni asesoría, ni políticas efectivas que lo protejan. Su rol como amortiguador social no ha sido reconocido con acciones reales.
El 72.8% ha reducido su margen de ganancia, 53.7% ha cambiado de proveedor, marca o reducido inventario, 44.4% dice que aumentó la gente que pide fiado, 81.6% considera que la inflación fue peor este año.
El comerciante no solo vende. También amortigua el golpe. Absorbe la inflación para no perder a su clientela. Esta “solidaridad forzada” muestra el rostro humano del pequeño comercio: uno que resiste aunque no gane.
El 9.8% cree que sus clientes pueden comprar toda la canasta básica, 48.8% dice que sus clientes gastan menos de $100 diarios, 54.5% reporta aumento en el precio del huevo, 45.0% dicen que los clientes dejaron de comprar comida enlatada, 29.1% dejaron de comprar pan de caja, 68.4% afirma que sus clientes compran por precio, no por calidad.
El comercio vive una paradoja: las tiendas están abiertas, pero los refrigeradores vacíos.
Comprar dejó de ser una elección, ahora es una renuncia. El poder adquisitivo se ha
roto y la inflación alimentaria marca cada decisión de supervivencia.
En cuanto a la tecnología solo 13.8% tiene terminal bancaria y 10% vende en plataformas digitales, 6.7% ha recibido capacitación digital y 71.6% está dispuesto a innovar, aunque no sabe cómo.



