En el estado viven alrededor de 469 mil personas de entre 12 y 29 años; aproximadamente 234 mil enfrentan pobreza, exclusión o condiciones laborales que no les permiten construir una vida independiente.
Durango presume a sus jóvenes como el futuro, pero miles de ellos enfrentan un presente marcado por la falta de oportunidades, los bajos salarios y la ausencia de seguridad social.
De los aproximadamente 469 mil jóvenes de entre 12 y 29 años que viven en el estado, cerca de 234 mil se encuentran en condiciones de pobreza, exclusión o precariedad laboral. Es decir, prácticamente uno de cada dos enfrenta obstáculos para estudiar, conseguir un empleo digno o alcanzar independencia económica.
Uno de los datos más preocupantes es que alrededor de 82 mil jóvenes no estudian ni trabajan. Detrás de esta cifra existen historias de abandono escolar, empleos que nunca llegaron, falta de recursos, problemas familiares y comunidades donde las oportunidades son escasas.
Otros 119 mil jóvenes sí tienen trabajo, pero sus empleos no les garantizan un salario suficiente, seguridad social o ambas prestaciones. Tener ocupación, por lo tanto, ya no significa necesariamente haber escapado de la pobreza.
Son jóvenes que trabajan, cumplen jornadas y generan ingresos, pero continúan sin acceso pleno a servicios médicos, vivienda, ahorro para el retiro o estabilidad económica. Algunos sobreviven con empleos informales, temporales o mal pagados, sin posibilidades reales de planear su futuro.
Las mujeres cargan con otra desigualdad
La situación también exhibe una fuerte brecha de género. Cerca de 51 mil jóvenes permanecen fuera del mercado laboral porque realizan labores domésticas y de cuidados; nueve de cada diez son mujeres.
Mientras miles de ellas cocinan, limpian, cuidan menores, atienden a personas enfermas o apoyan a adultos mayores, ese trabajo permanece sin salario y con poco reconocimiento social.
No necesariamente están inactivas: trabajan todos los días, pero lo hacen dentro del hogar, sin ingresos propios, prestaciones ni independencia económica.
Una generación que no puede despegar
El problema no puede reducirse a señalar que los jóvenes “no quieren trabajar” o “no quieren estudiar”. Las cifras muestran una realidad más compleja: incluso entre quienes consiguen empleo, miles continúan atrapados en condiciones precarias.
Durango enfrenta el riesgo de perder a una generación completa entre la informalidad, los bajos salarios, la deserción escolar y la migración. Muchos jóvenes terminan buscando oportunidades en otras entidades o fuera del país porque en sus comunidades no encuentran condiciones para desarrollarse.
La falta de oportunidades también retrasa decisiones importantes: salir de casa, continuar estudiando, formar una familia, comprar una vivienda o emprender un negocio.

