Los caucus de Iowa, un cóctel de entusiasmo, caos y paciencia

  

Lucía Leal

Des Moines (EEUU), 1 feb (EFE).- Largas esperas, apasionados alegatos e interminables recuentos marcaron los caucus de Iowa, un rudimentario y caótico método electoral que magnifica el entusiasmo de sus votantes, convencidos de que limitarse a depositar un voto en una urna es algo demasiado gris.

Han pasado dos horas y el caucus demócrata en la escuela primaria Merrill de Des Moines (Iowa) sigue en curso. A sus más de 700 asistentes, un récord en este precinto, los han contado tres veces y todavía no está claro cuántos apoyan a Hillary Clinton y cuántos a Bernie Sanders.

Los votos están lejos de ser secretos: la tradición demócrata consiste en formar grupos de apoyo a uno u otro candidato a la vista de todos, y cada aspirante debe reunir el respaldo de al menos el 15 % de los asistentes en cada lugar de votación.

Pronto queda claro que los simpatizantes del exgobernador Martin O’Malley -que unas horas después anunciaría el fin de su campaña presidencial- no alcanzan ese umbral: apenas tienen 51 de los 115 votos que necesitaban para ser “viables”, y deben sumarse a otro de los grupos o declararse “indecisos”.

Durante media hora, los votantes de Sanders y Clinton tratan de convencer a los de O’Malley de que engrosen sus filas.

Finalmente, el cotizado grupo se divide en dos y el presidente del caucus, un abogado sudoroso por el estrés y el calor, anuncia las cifras finales: 462 apoyos para Hillary, 246 para Bernie.

Para entonces, un puñado de asistentes ha abandonado el gimnasio donde se vota, pero la gran mayoría ha permanecido, extremadamente pacientes y entusiastas con el candidato de su elección.

“Esto sí que es una muestra democrática, es un proceso que crea comunidad”, dice a Efe un jubilado simpatizante de Clinton, Kent Frank, que se hace llamar “Paco” porque vivió unos años en Bilbao (España).

Para Chad Hensley, un anciano de 92 años que respalda a Sanders, los caucus demócratas son la mejor opción posible para “recrear una democracia” verdadera, algo de lo que cree que EEUU carece debido a “la influencia del dinero” en la política.

En el lado republicano, el proceso es mucho más simple: algunos voluntarios se ofrecen a dar discursos en favor de uno u otro aspirante, y a continuación, los presentes emiten un voto secreto.

En esta escuela de Des Moines, son pocos los que proclamen abiertamente su apoyo por Ted Cruz, el senador que termina ganando los caucus, o por el magnate Donald Trump, el segundo en Iowa y favorito en todo el país.

“Aquí hay más votantes de (Marco) Rubio, (John) Kasich y Jeb (Bush), porque estamos en una ciudad y por el perfil demográfico de la zona”, explica a Efe Sara Eide, una seguidora de Rubio que está convencida de que el senador puede “unir” a los conservadores.

Poco después, Eide escribe en un papel el nombre de Rubio y se va a casa, mientras que los votantes demócratas siguen enzarzados en negociaciones, peticiones de volver a contar a los presentes por si alguien ha quedado fuera en el recuento manual y discusiones sobre el reglamento.

En los casos más extremos, las normas de los caucus demócratas permiten deshacer un empate entre dos grupos de votantes lanzando una moneda al aire, algo que hoy ocurrió en uno de los recintos electorales de Des Moines y que el azar resolvió a favor de Clinton.

Entre los simpatizantes de Clinton en esta escuela hay una notable mayoría de mujeres de mediana edad, un grupo con el que la ex secretaria de Estado contaba para ganar en Iowa.

En las filas de Sanders hay muchos jóvenes, uno de los grupos más entusiastas con el senador socialista, algunos que hasta ahora nunca habían votado en un caucus.

“Es la primera vez que vengo. Estoy muy motivada porque creo que Bernie es uno de los primeros candidatos que de verdad hablan por el pueblo y que no están comprados (por los grandes intereses financieros) como el resto”, asegura a Efe Lydia Hagans, de 24 años.

A su lado, Shaun Johnson, de 25, explica que ya ha votado en dos elecciones presidenciales, pero nunca se había molestado en acudir a las primarias porque ningún candidato le convencía lo suficiente.

Pero no todo son jóvenes: el nonagenario Chad Hensley se muestra rotundo en su apoyo por Sanders, “el único candidato que parará los pies a Wall Street y las corporaciones y nos permitirá tener una democracia de nuevo”.

Hensley, que ha votado en todos los caucus de Iowa desde 1944 y por todos los presidentes demócratas desde Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), confía en que sus contemporáneos escuchen el mensaje de Sanders y le otorguen ventaja sobre Clinton.

Johnson, en cambio, se permite un paréntesis pragmático: “Si Hillary acaba ganando, también me parecerá bien. En el fondo, estoy de acuerdo con mucho de lo que dice”. EFE