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Los musulmanes de Sri Lanka celebran en la sombra el fin del Ramadán

Chathuri Dissanayake

Colombo, 5 jun (EFE).- Sri Lanka celebró hoy el fin del Ramadán de forma discreta y bajo fuertes medidas de seguridad para proteger a la comunidad de la creciente tensión entre musulmanes y la mayoría budista del país, tras los atentados que el pasado Domingo de Resurrección causaron la muerte de más de 250 personas.

Los musulmanes esrilanqueses cargan este año con el estigma impuesto por los extremistas religiosos que les señalan por la serie de ataques terroristas cometidos el pasado 21 de abril principalmente contra cristianos, reivindicados por el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Entre las prohibiciones autoimpuestas por la comunidad, la violencia aún fresca en las calles y la persecuciones contra sus líderes, lo de menos fue la ausencia en la casa de Adhilah Ismail a la hora del almuerzo del biriani, el típico arroz que acompaña el fin del Ramadán.

“Las cosas en casa se redujeron mucho este año, no hicimos biriani, solo servimos una comida habitual”, declaró a Efe esta joven, de 25 años.

Las numerosas visitas que llegaban por estas fechas a su vivienda para ver a su padre y a su abuela esta vez tampoco aparecieron y solo algunos familiares cercanos se atrevieron a acercarse.

También las multitudes para la oración del fin del mes de ayuno de Ramadán en las mezquitas de la isla son ahora algo del pasado. Hoy muchas familias llevaron a cabo sus rezos en casa y a puerta cerrada.

La celebración de esta fiesta religiosa de los musulmanes llega apenas dos días después de que sus líderes en el Gobierno, cerca de una decena, renunciaran simultáneamente a todos sus cargos por las presiones de los budistas contra esta comunidad.

Los ministros y gobernadores musulmanes dimitieron en solidaridad con uno de sus compañeros acusado por un monje budista de estar relacionado con los ataques suicidas, pese a que ninguna investigación ha mostrado vínculo alguno.

“Al terminar el mes del ayuno y el culto en tiempos difíciles, nos unimos en profunda reflexión. La carnicería del Domingo de Pascua se ha convertido en una amenaza existencial y una protesta para los musulmanes de Sri Lanka”, dijo Rauff Hakeem, uno de los ministros que renunció a su cartera el pasado lunes.

“Mantenemos nuestra fe y reverencia por el bien, y la verdad por la paz”, añadió.

Las entradas de las mezquitas amanecieron hoy con las fuerzas de seguridad custodiando las instalaciones y realizando registros y cacheos a los fieles que se acercaban para la oración.

La asociación de clérigos musulmanes All Ceylon Jamiyyathul Ulama (ACJU), el órgano más importante para los musulmanes en la isla, pidió celebrar el Eid al Fitr (fin del ayuno) de una manera “muy simple”.

Las instrucciones de la ACJU incluyeron abstenerse “del lujo y de extravagancias innecesarias y utilizar ese tiempo para asistir a alguno de los afectados” por los ataques suicidas del Domingo de Pascua o de la reciente violencia comunal.

Incluso se solicitó a las mujeres que se “abstengan de ir a las actividades de compras relacionadas con Eid tanto como sea posible y que sean los hombres quienes las hagan”, lo que provocó una reacción dentro de la comunidad.

“Esto se hizo para asegurarnos de que la fiesta se realiza de una manera muy discreta, a las mujeres se les ha pedido que no vayan a la mezquita, solo los hombres podrán acudir. Porque las mujeres solo van a las celebraciones y, si vienen a la mezquita, se verá como un festival “, explicó a Efe la portavoz del Consejo Musulmán de Sri Lanka, Hilmy Ahamed.

Detalló que las medidas fueron tomadas como una forma de “mostrar solidaridad con las otras comunidades, los cristianos no pudieron celebrar la Pascua, los budista no tuvieron la oportunidad de celebrar el Vesak”.

Tras los atentados de Pascua y varios ataques a la comunidad musulmana, este año se cancelaron los eventos masivos de oración como el que se celebra anualmente en el parque de Galle Face, en Colombo.

“Este parque generalmente está lleno de personas que vienen y tienen comida preparada, (…) Esta vez nadie”, manifestó Managla Perera, un taxista que trabaja en la capital del país, cerca del parque Viharamahadevi.

“Creo que tienen miedo a salir”, consideró, al tiempo que lamentó que no sea un buen día para su negocio. EFE

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