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Los rusos despiden el invierno con festejos ancestrales

Foto: Russia Beyond ES

Fernando Salcines

Moscú, 5 mar (EFE).- Durante toda esta semana los rusos despiden el invierno con los festejos de la Máslenitsa, fiesta ancestral que precede al gran ayuno previo a la Pascua y se acompaña de bebida y comida, con los “blini” -tortitas o creps- como platillo principal.

La céntrica Plaza del Manège, a escasos metros de la célebre Plaza Roja y el Kremlin, en el mismo corazón de Moscú, está colmada de luces de colores, carteles e imágenes alegóricas de la celebración, estanquillos para la preparación y venta de comida, espacios para competiciones y juegos, así como música.

Allí se pueden ver personajes típicos de la tradición pagana eslava, dioses, demiurgos, osos, brujas, que atajan a los visitantes de la feria, juegan con ellos, les hacen bromas o simplemente les abrazan.

Semejantes espacios existen en diversos puntos de la ciudad, para delicia de moscovitas y visitantes de la capital rusa.

Aunque se rige por el calendario ortodoxo, esta celebración no tiene raíces cristianas sino paganas, y significa la victoria de la diosa Primavera sobre el dios Invierno y su consecuente “velatorio”.

De ahí que para muchos los “blini” sean una representación del sol, principal atributo de la primavera que viene a derretir con su calor la nieve tras meses de dominio invernal.

Para otros expertos, el sentido de estas suaves tortitas era inicialmente el contrario, se trataba más bien de una comida apropiada para los velatorios, alegórica a la muerte del invierno, mientras que la primavera se festejaba comiendo “jvórost”, confites que asemejan a los churros españoles, pero también, ramas de árboles.

Entre las actividades tradicionales que se realizan durante las celebraciones se pueden mencionar las peleas a puño limpio, la escalada de poste, diferentes juegos, concursos y la quema de la “Máslenitsa” al finalizar la fiesta, que comparte la pasión pirómana de las Fallas valencianas, y señala el fin de una etapa y el comienzo de otra.

Los festejos, que por su espíritu se asemejan a los carnavales, también se animan con música grabada o en vivo, mascaradas que representan a dioses paganos o personajes de la tradición eslava, ferias en las que se ofrece abundante comida, que incluye los tradicionales manjares acompañados de té y “medovuja”, bebida confeccionada en base a miel fermentada. 

Los rusos, cansados de un largo invierno, no se amilanan ante el severo y cambiante clima que en esta época del año puede variar desde temperaturas por debajo de cero grados y nevadas hasta deshielos y lluvias, y acuden masivamente a las ferias que se distribuyen por diversos puntos de ciudades y poblados, impulsados por la esperanza del arribo de la nueva estación. 

En un origen las fiestas se realizaban a fines de marzo y estaban directamente vinculadas a la primavera, coincidiendo con el equinoccio, cuando los eslavos ofrendaban el primer “blin” a los ancestros y llamaban a la celebración “komoyéditsa” y recibían el año nuevo. 

Como se supone que el primer “blin” siempre sale con grumos, que en ruso se identifican con la palabra “kom”, la fiesta estaba dedicada a los comedores de grumos y de ahí su nombre de komoyéditsa, que significa “comedor de grumos”.

El “blin” ofrendado solía colocarse fuera de la ventana o se entregaba a los mendigos como ofrenda a los fallecidos.

La tradición de confeccionar “blinis” surgió en Rusia hace más de mil años, y se hacen de diversos tipos de harinas, ya sean de trigo, maíz, cebada o trigo sarraceno, y suelen consumirse acompañados de mantequilla, confituras, miel, nata, carne o pescado, e incluso caviar.

Curiosamente, pese a tratarse de un festejo de raíces y sentido pagano, los templos ortodoxos por toda Rusia lo acogen con sumo agrado, aunque lo consideran más un evento cultural que un acto de profesión de fe.

Otro aspecto que acerca esta tradición a la Iglesia Ortodoxa Rusa es la exclusión que ambas sufrieron durante los más de setenta años de existencia de la URSS, cuando la sociedad atea soviética, marxista pero supersticiosa, se recluía en los hogares para recibir en familia la primavera.

En los años que han seguido al desmembramiento de la Unión Soviética, esta fiesta salió de los hogares a los espacios públicos, y su popularidad creció significativamente al contar incluso con apoyo de las autoridades locales. EFE