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Luchar en España por defender a los indígenas y a la tierra en Latinoamérica

Pedro Pablo Cortés

Madrid, 23 ago (EFE).- Grupos latinoamericanos de ecologistas y de defensores de los derechos de los pueblos indígenas pelean también desde España contra la violencia en sus tierras, donde los asesinatos de estos luchadores han aumentado en los últimos años.

“Nos están matando”, denuncia en declaraciones a Efe el activista peruano Pepe Mejía, quien cita el informe que ha difundido este agosto la ONG “Alianza por la Solidaridad”, que ha registrado hasta 1.558 homicidios de ecologistas en todo el mundo entre 2002 y 2017.

Del total de muertos, un 40 por ciento eran indígenas. Un 36 por ciento se registraron en Centroamérica y un 32 en Sudamérica.

Mejía, nacido en la ciudad portuaria de Callao, lleva en España más de cuarenta años y forma parte del grupo ‘Peruanxs’, que desde Madrid lucha contra los abusos en la minería, la explotación petrolera y la contaminación de los ríos en Perú, cuestiones que tienen -dice- “cada vez más peso en la agenda política”.

“Todo eso lo tenemos que transmitir. De lo contrario se queda dentro y entonces nadie se entera ni de las matanzas, ni de la depredación de los bosques, ni todo lo que están haciendo las trasnacionales con nuestro territorio”.

Su grupo denuncia proyectos mineros como el ‘Tía María’, que amenaza con destruir el ecosistema en el departamento peruano de Arequipa, y pide a los europeos que reflexionen sobre sus hábitos de consumo y sobre el apoyo a estas empresas trasnacionales, que “no tienen miramientos con los derechos humanos”.

Originaria de la ciudad brasileña de Sao Paulo, Rose Figueira trabaja desde hace casi veinte años en un bar de Madrid pero no ha dejado de comprometerse con la lucha en favor del medio ambiente y la demarcación de tierras indígenas.

“Soy activista desde los 15 años. El vínculo con Brasil y las banderas que defiendo hacen que para esta lucha tenga sentido mi permanencia en España”, explica Figueira.

También sostiene que el Gobierno del presidente Jair Bolsonaro acentuó la vulnerabilidad histórica de los pueblos indígenas y de los defensores del medio ambiente en Brasil con “un discurso que legitima la violencia y la explotación económica de la naturaleza”.

Con al menos veinte muertos en 2018, Brasil es el cuarto país con mayor número de activistas medioambientales asesinados, según el informe anual de la ONG ‘Global Witness’, publicado a fines de julio.

Filipinas encabeza la lista, con 30 muertos. Le siguen Colombia, con 24, e India, con 23.

Recién llegada a España, la hondureña Dalila Argueta, espera que su permiso de asilo llegue a Zaragoza, donde se trasladó tras sufrir amenazas de una empresa minera que pretende instalarse en Valle del Aguán, del departamento hondureño de Colón.

“Yo no decidí venir. Me mandaron. No tuve otra opción. Estoy donde debo estar porque sobrevivir también es parte de la lucha contra esa empresa que me ocasionó persecución, amenazas, hostigamiento militar y intimidación” -explica.

Argueta, hija de campesinos y miembro de un grupo ecologista que defiende a ocho comunidades en su país, acusa a este tipo de empresas de “contratar sicarios” para liquidar a quienes combaten sus prácticas extractivas, lo que les lleva a huir.

Casos como el suyo son los que destaca la organización “Alianza por la Solidaridad”, que lanzó la campaña ‘Destierradas’ (sic) para apoyar a mujeres indígenas que defienden los recursos naturales en Centroamérica, sobre todo Guatemala y El Salvador, donde documentan los casos y siguen los procesos judiciales.

La organización también ayuda en un programa de acogida temporal para activistas de Colombia. Almudena Moreno, coordinadora del grupo ‘Desarrollo Local Sostenible’, explica que las mujeres indígenas padecen más violencia porque son las que defienden la protección de recursos como el agua y los alimentos.

“Su abandono del país no es voluntario -declara Moreno-. Tienen que irse porque su vida está en peligro. Pero no solo la de ellas, sino también la de su familia. Para ellas, dejar su lucha y, muchas veces, sus hijos e hijas, es terrible”. EFE.

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