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Luigi Di Maio, una joven estrella apagada por las ambiguas alianzas políticas

Gonzalo Sánchez

Roma, 22 ene (EFE).- A sus 33 años, Luigi Di Maio, actualmente ministro de Exteriores italiano, ha pasado de ser otra de las recurrentes jóvenes promesas de la política italiana que abandona el liderazgo del populista Movimiento 5 Estrellas (M5S), al que deja en caída libre tras sus ambiguas alianzas de Gobierno.

Di Maio nació el 6 de junio de 1986 en la localidad de Avellino (sur de Italia), aunque crecería en la cercana Pomigliano D’Arco, como primogénito de tres hijos del matrimonio entre un empresario de la construcción y una profesora de latín.

En su juventud se matriculó en la Universidad Federico II de Nápoles para cursar Ingeniería Informática y después Derecho, pero no completó sus estudios y dedicó parte de su corta vida laboral a trabajar como periodista.

De hecho con frecuencia sus adversarios políticos le reprocharon su falta de formación e ironizaron con el hecho de que se dedicara antaño a la seguridad del estadio de fútbol de San Paolo de Nápoles.

Siempre tuvo vocación por la política, incluso en sus tiempos como estudiante, una tendencia alentada por el “fuerte sentimiento y necesidad de justicia” en una tierra como la suya, “devastada” por la mafia y la Camorra, tal y como reconoce en su biografía oficial.

Su vida cambia, sin saberlo, cuando el cómico Beppe Grillo funda en 2009 el Cinco Estrellas, un partido dispuesto a poner coto a la casta política de derechas e izquierdas y a llenar el Parlamento de ciudadanos corrientes, a “abrirlo como una lata de atún”.

La formación preparaba sus candidaturas para las elecciones de 2013 mediante un sistema de votación por internet, a las que Di Maio concurrió logrando postularse a la Cámara de los Diputados.

Di Maio no solo consigue el escaño en las elecciones, sino que con solo 26 años es elegido vicepresidente de la Cámara Baja, el más joven de la historia republicana.

Desde la tribuna mostró siempre su preocupación por temas como la transparencia administrativa, la corrupción, el cuidado de las pequeñas y medianas empresas o los derroches.

Se acercaba el final de Grillo, actualmente retirado, y en 2014 el fundador nombraba un “directorio” compuesto por cinco parlamentarios elegidos por él mismo para dirigir la formación, y entre estos estaba el ascendente, imparable, Luigi Di Maio.

En septiembre de 2017 tomó las riendas del partido populista, al ser elegido jefe político y candidato a primer ministro de cara a las elecciones generales de marzo de 2018, para las que se encargaría de dirigir su aguerrida campaña electoral.

Di Maio logró que el M5S se revalidara como el partido más votado en solitario con el 32 % de los votos, solo superado por la coalición de derechas. Había llegado el momento de gobernar para este experimento “antipolítico”.

Tras más de tres meses de negociaciones por un Parlamento muy fragmentado y con unos partidos muy polarizados, finalmente Di Maio acordó un Gobierno con la ultraderechista Liga de Matteo Salvini, lo que acabó espantando a sus electores más progresistas. En ese Ejecutivo se repartió la vicepresidencia con su socio y fue además Ministro de Desarrollo Económico.

La experiencia de gobernar con el volcánico Salvini, al alza en todas las encuestas, duró poco más de un año, hasta que en agosto de 2019 el líder ultraderechista dio por rota la coalición en un intento de celebrar nuevas elecciones para aprovechar su ímpetu electoral.

No fue así. Di Maio, lejos de tirar la toalla, evitó unos comicios que a buen seguro le habrían perjudicado y se resignó a gobernar con una de esas fuerzas de la casta a las que tanto había vilipendiado, el Partido Demócrata (PD, centroizquierda), entre otras.

En este Gobierno, presidido, como el anterior, por el abogado Giuseppe Conte, Di Maio es el ministro de Exteriores, un puesto de alto nivel para el que muchos dudan que esté preparado por su juventud y escasa formación académica.

De hecho en 2019 llegó a provocar una crisis diplomática con la Francia de Emmanuel Macron al mantener una reunión en París con un grupo de “chalecos amarillos”.

Estas alianzas políticas han desgastado ciertamente el consenso que recababa el Cinco Estrellas antaño y ahora está en caída libre, tal y como demuestran las derrotas electorales en las elecciones regionales de los últimos meses.

Además durante su mandato el Cinco Estrellas ha experimentado una grave hemorragia de parlamentarios que se han pasado al Grupo Mixto desencantados con la dirección que había tomado el partido.

Di Maio es considerado una figura centrista dentro del Movimiento, que a menudo deambula entre la derecha y la izquierda con sus mensajes populistas.

Como jefe político del Movimiento, algunas de sus batallas ha sido la de poner fin a las rentas vitalicias de los parlamentarios o la implementación de la “Renta de Ciudadanía”, un subsidio para desempleados no exento de críticas. Ha logrado ambos objetivos.

Di Maio siempre ha protegido con celo su vida privada, aunque se sabe que mantiene una relación con la periodista Virginia Saba. EFE

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