miércoles, agosto 4, 2021
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Lukashenko promete reforma constitucional y pone condiciones a su salida

Moscú, 11 feb (EFE).-  El presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, prometió hoy reformar la Constitución este año para aplacar a la oposición al régimen y enumeró las condiciones para su retirada del poder, que incluyen el cese de las protestas antigubernamentales.

“Yo creo que hay que cambiarla (la Constitución), porque las facultades que tiene hoy día el presidente son una carga muy pesada para una sola persona y no se sabe si el que vendrá luego podrá soportarla”, dijo Lukashenko en la VI Asamblea Popular que se reúne entre hoy y mañana para abordar los ejes del desarrollo socio-económico de Bielorrusia hasta 2026.

NUEVA CONSTITUCIÓN EN 2022

El dirigente bielorruso, que lleva 26 años en el poder, dijo ante un plenario completamente afín al régimen, que el proyecto de Constitución será elaborado hasta finales de año y sometido a debates públicos, mientras a principios de 2022 los bielorrusos podrán votarlo en un referéndum.

La propuesta de reforma ya había sido adelantada por Lukashenko el año pasado, pero este jueves la formalizó ante la Asamblea Popular, que se reúne cada cinco años.

La oposición consideró previamente el gesto del mandatario como un mero intento de aplacar las manifestaciones antigubernamentales que desde hace seis meses piden su renuncia, mientras en ningún momento piensa abandonar su cargo.

El pasado noviembre, Lukashenko prometió que no retendrá el poder, pero que se lo pensaría solo después de que hubiera una nueva Ley Fundamental. “Con la nueva Constitución yo ya no seré presidente”, dijo entonces.

CONDICIONES PARA SU RETIRADA

Durante su intervención este jueves ante la Asamblea Popular, interrumpida varias veces por los aplausos de sus partidarios, Lukashenko enumeró las condiciones para su salida de la presidencia bielorrusa, como la paz y la “ausencia de protestas en el país”.

El líder bielorruso mencionó también otro requisito, que consiste en que “ni un solo pelo debe caer de la cabeza” de sus seguidores si llegan al poder personas “de otras convicciones”.

Para garantizar que estos requisitos se cumplan, Lukashenko propuso convertir la Asamblea Popular, cuyas reuniones cada cinco años guardan muchas similitudes con las de los Congresos del Partido Comunista de la Unión Soviética, en un órgano constitucional.

CRÍTICAS A LA ASAMBLEA
La líder de la oposición bielorrusa en el exilio, Svetlana Tijanóvskaya, ha sostenido que el mandatario teme la opinión de la gente de a pie porque la Asamblea no cuenta con ningún representante opositor.

El foro está formado, dijo, por un “público seleccionado” de 2.700 delegados, entre funcionarios, diputados, militares y representantes del mundo de la cultura, la educación y la ciencia afines al régimen.

“Ellos (los delegados) no le van a decir que se vaya”, indicó Tijanóvskaya en un vídeo difundido en vísperas del evento.

También la embajada de EEUU en Bielorrusia afirmó que la Asamblea no refleja la opinión de la sociedad bielorrusa y su labor no contribuye a la solución de la crisis política en el país.

Occidente desconoce el resultado real de las elecciones presidenciales de agosto pasado, en las que Lukashenko ganó con más del 80 % de los votos frente al 10 % que cosechó Tijanóvskaya, según los datos oficiales, y ha sancionado al régimen por la deriva antidemocrática y la represión policial de las manifestaciones antigubernamentales.

“Los presos políticos, los que tuvieron que emigrar y las cerca de 30.000 personas que fueron detenidas desde agosto de 2020 (y hasta ahora), merecen tener voz para decidir el futuro de su país a través de un diálogo verdadero e inclusivo, y elecciones justas y libres”, señaló la legación diplomática.

DEFENSA DE SU MANDATO

Con todo, el político defendió su victoria en las elecciones del pasado agosto, que provocaron las protestas más multitudinarias en la historia reciente de ese país.

“Dicen que hubo falsificaciones (…), pero escúchenme, no se puede falsificar un 80 %”, dijo en alusión al resultado oficial de las elecciones.

Enseguida admitió que puede que no haya cosechado un 80 %, “sino un 76 % o incluso un 68 %, como dicen ahora las encuestas”.

“Aún así ganamos nosotros porque nos apoya la mayoría de la gente”, insistió el líder bielorruso, quien sostuvo que entre los casi diez millones de bielorrusos solo hay alrededor de 500.000 personas que no quieren verle al frente del país.

Entre los opositores que desde hace meses salen a las calles para exigir su renuncia, entre un 35 % y un 40 % son “unos parásitos” que “vagueaban, se peleaban con los agentes, destruían cosas, agitaban a la sociedad”, aseguró.

RELACIONES CON OCCIDENTE

En su alocución, que se prolongó casi cuatro horas, Lukashenko también intentó tender una mano a Occidente, pero no sin antes criticar a “fuerzas externas oscuras” como instigadores de las protestas en su contra.

Según el político, unas fuerzas extranjeras intentaron orquestar una “rebelión” contra su Gobierno durante los últimos seis meses y no desistirán de los intentos de desestabilizar la situación en el futuro, pese a haber “fracasado” en su cometido.

Lukashenko aseguró, no obstante, que “una escalada no beneficia a nadie: ni a Bielorrusia, ni a la Unión Europea, ni a EEUU”.

“Nosotros queremos retomar la cooperación política habitual y una cooperación económica plena”, dijo. EFE

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