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Madres filipinas luchan junto a sus hijos para no ser deportados de Israel

Pablo Duer

Tel Aviv, 30 jul (EFE).- La voluntad de proteger a sus hijos vence al miedo que sienten Ivy y Romela, dos mujeres filipinas radicadas hace casi 15 años en Israel y que compartieron con Efe cómo viven la nueva ronda de deportaciones que las puede obligar a dejar el país de un momento a otro.

“Yo ya tengo todo empaquetado y las maletas listas, y hasta una muda de ropa que llevo siempre encima por las dudas”, cuenta a Efe Ivy, que llegó a Israel en el año 2005 tras pagar 4.500 dólares a la agencia que le gestionó el permiso de trabajo, que no le fue renovado tras el nacimiento de su hijo Povi en Israel, en 2009.

En su situación hay alrededor de un centenar de mujeres, en su mayoría madres que quedaron solas a cargo de sus hijos tras la deportación de sus maridos y cuyo estatus no fue renovado tras dar a luz.

Además de ellas, hay alrededor de 30.000 trabajadores extranjeros filipinos en Israel, casi todas mujeres dedicadas a cuidar ancianos, muchas de ellas sin hijos y otras cuyos hijos formaron parte de las dos rondas de legalizaciones que tuvieron lugar en 2006 y 2010 y que otorgaron estatus a familias con niños de seis años o más.

Ahora, los niños que no contaron en esas legalizaciones por ser menores de seis años, están siendo deportados junto con sus familias al país de donde vinieron sus padres, aunque han nacido y crecido en Israel, hablan solo hebreo y nunca han salido del país.

“Están sacando chicos de sus camas durante la madrugada, los despiertan para sacarlos del país y mandarlos a un lugar que no conocen, no lo puedo entender”, señala a Efe Romela, que llegó de Filipinas en 2005 y en 2008 perdió su estatus tras dar a luz a Siván, la primera de sus dos hijas.

Tanto Romela como Ivy se dedican hoy a limpiar casas, un trabajo físicamente agotador pero particularmente problemático por la imposibilidad de asegurarse la cantidad de horas mensuales mínimas necesarias para obtener el ingreso que necesitan.

Aunque tienen miedo, sobre todo por el futuro de sus hijos, se atreven a mostrar sus rostros y dar sus nombres reales.

Parte de su confianza proviene del apoyo que reciben de la organización Niños Unidos de Israel, de madres solas filipinas y que lidera la lucha por sus derechos.

Beth, miembro de la organización y también amenazada con la deportación junto a su hija de 12 años, explica a Efe que el riesgo no pasa por mostrar o no la cara y que, al hacerlo, le están diciendo al gobierno: “éstas somos, acá estamos, ustedes nos trajeron, ahora mírennos a los ojos y dígannos que nuestros hijos no merecen estar aquí tras crecer en este país”.

Muchas de las madres han dejado de trabajar por temor a que las arresten oficiales de inmigración junto a sus hijos para deportarlas, temor que se acentuó este lunes tras la expulsión de una mujer filipina llegada en 2006 junto a su bebé de 11 meses.

“Ser madre soltera es muy difícil, por la soledad, el cansancio, el hambre, pero siempre puedes hacer algo al respecto, pero con esta situación no sabemos qué hacer”, menciona Ivy, que agrega que, para ella, esconderse no es una posibilidad porque, si no trabaja, no puede pagar el alquiler y alimentar a sus hijos.

Tanto ella como Romela enfatizan lo importante que es el apoyo que reciben de los padres israelíes de los compañeros de escuela de sus hijos, que las han acompañado en protestas y les ofrecen llevar y traer a sus niños a actividades y hasta acercarles las compras del supermercado a sus casas para que no tengan que salir a la calle.

Povi, hijo de Ivy, cumplió recientemente diez años y sueña con trabajar en el zoológico de Ramat Gan, cerca de Tel Aviv. No sólo no habla filipino, sino que no conoce la cultura ni jamás ha estado allí: “Israel es mi hogar y no sé por qué nos quieren deportar. No me gustaría irme, por mis amigos y mi familia, extrañaría todo de aquí”.

Siván, de 11 e hija de Romela, dice que la entristece pensar en irse y que le es difícil expresar lo siente, una mezcla de tristeza y enojo.

Para el Estado, específicamente para la Autoridad de Población e Inmigración, son “ciudadanos extranjeros que han estado viviendo en Israel durante mucho tiempo en violación de la ley y sin estatus”.

Aunque la mayoría provienen de Filipinas, hay también familias de otros países de Asia, Europa del Este y algunas latinoamericanas, principalmente de Colombia. EFE

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