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Marruecos no escapa a la amenaza yihadista

Fatima Zohra Bouaziz

Rabat, 18 jul (EFE).- El juicio contra la célula terrorista seguidora del llamado Estado Islámico (EI), autora de la decapitación de dos turistas nórdicas el pasado diciembre en una zona montañosa, ha demostrado la persistencia de la amenaza terrorista en el país magrebí.

El juicio, que empezó el pasado 2 de mayo, se ha venido celebrando una vez por semana en sesiones marcadas por confesiones de gran crudeza de los tres autores materiales del asesinato de la danesa Louisa Vesterager Jespersen, de 24 años, y su amiga noruega Maren Ueland, de 28.

El crimen fue ejecutado por tres jóvenes: Abdessamad el Joud, presunto líder de la célula yihadista; Yunes Ouziad y Rachid Afati, condenados todos ellos a la pena capital; un cómplice directo que conocía el crimen pero no participó en él fue condenado a cadena perpetua, y otros veinte, cómplices en distintos grados, a penas de entre 5 y 30 años de cárcel.

Las diferentes vistas celebradas en este caso no han aportado sorpresas sino que más bien han confirmado el perfil “clásico” de los yihadistas: la gran mayoría son jóvenes y todos proceden de medios pobres y marginales; de hecho, casi todos afirmaron no poder hacerse cargo de los gastos de un abogado.

Otro aspecto que comparten los acusados es su bajo nivel de instrucción, hasta el punto de que el juez se vio obligado en varias ocasiones a reformular las preguntas en árabe dialectal para que pudieran comprenderle. Además, en los interrogatorios, demostraron desconocer algunos conceptos religiosos básicos en el ideario yihadista.

El especialista en islamismo radical Mohammed Masbah, que dirige el Moroccan Institute for Policy Analysis (Mipa), resaltó el carácter “local” de esta célula, los métodos “baratos” que adoptaron y el impacto mediático que consiguieron con la publicaron de un vídeo con imágenes explícitas del asesinato y la decapitación.

“Estamos ante un modelo clásico de una célula local cuyos miembros están unidos entre sí por vínculos de parentesco, de amistad, vecindad o trato comercial, y cuyo conocimiento religioso es pobre”, explicó Masbah a Efe.

En lugar de optar por un ataque suicida o un atentado con explosivos, los miembros de esta célula prefirieron recurrir a métodos que no requieren gastos ni preparación táctica o estratégica: con dos cuchillos cometieron su crimen y con un teléfono móvil lo grabaron y difundieron para conseguir el impacto deseado.

Masbah destacó la extrema rapidez con que se radicalizaron los miembros de esta célula, que no les permitió ni siquiera poder crear una verdadera estructura estable ni planificar su crimen con detalle.

Pese a que varios acusados no escondieron sus simpatías con el grupo yihadista Estado Islámico (EI), Masbah no cree que exista en Marruecos un caldo de cultivo propicio para la aparición de un “proyecto colectivo” en forma de plataforma yihadista a la que se adhieran las eventuales células aisladas.

Además, los acusados han distinguido en sus declaraciones entre el “régimen impío” y una sociedad a la que hasta el momento perdonan, una distinción que dejó muy clara el acusado Said Taoufik, exsoldado en las Fuerzas Armadas Reales.

Las turistas asesinados en el Atlas no eran el único blanco de esta célula, que pensaba también atentar contra las patrullas de la Gendarmería Real, puestos de policía, una iglesia y un festival de música en la ciudad de Esauira (sur).

Este tipo de blancos terroristas se repite casi sistemáticamente en las distintas células desmanteladas por Marruecos en los últimos años, muchas de ellas en estado muy incipiente y que han permitido al país magrebí presentarse como uno de los países más eficaces en la lucha antiterrorista.

De hecho, desde el atentado del café Argana en la ciudad sureña de Marrakech en 2011 -en el que murieron 17 personas- Marruecos no había vuelto a sufrir ningún atentado terrorista pese a un entorno regional cada vez más turbulento y donde los grupos terroristas sí han logrado establecer estructuras organizadas.

“Los servicios de seguridad son eficaces a la hora de prevenir actos terroristas, pero todavía hay camino que recorrer para la reinserción social de los jóvenes y en la reforma del discurso religioso”, advirtió Masbah.

El analista marroquí subrayó que este caso pone de manifiesto “la profunda crisis” que vive la juventud marroquí, que se siente marginada a nivel social y económico, en un país donde el paro juvenil es del 26% en el medio urbano.

La reacción de los jóvenes ante la crisis se parece a la desesperación: “Algunos caen en el extremismo y otros optan por emigrar de forma irregular hacia Europa”, lamentó Masbah. EFE