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May se juega todo con su anuncio de dimisión, pero la apuesta puede fracasar

Viviana García

Londres, 28 mar (EFE).- La primera ministra británica, la conservadora Theresa May, se ha jugado todo al ofrecer a sus diputados su dimisión, pero puede fracasar en esta arriesgada apuesta si no consigue la mayoría necesaria para aprobar su acuerdo del “brexit”, según los expertos consultados por Efe.

La “premier” conservadora prometió el miércoles renunciar a cambio de que sus compañeros de filas más euroescépticos voten a favor del pacto negociado con la Unión Europea (UE), después de haberlo rechazado dos veces -una el 15 de enero y otra el 12 de marzo-.

May “ha arrojado su último dado”, pero si “la jugada fracasa”, entonces será el momento de “la decisión”, afirmó a Efe Tim Bale, profesor de Políticas de la Universidad Queen Mary de Londres.

“El Gobierno (o el Parlamento) entonces tendrá que decidir entre salir sin un acuerdo o pedir una prórroga más larga y tratar de sustituir el pacto por uno mejor en los próximos meses”, agregó.

El Ejecutivo de May quiere hacer un tercer intento este viernes de someter su tratado a la votación, si bien sus socios norirlandeses del Partido Democrático Unionista (DUP) ya han adelantado que no están dispuestos a respaldarlo.

Para poder pronunciarse nuevamente sobre el acuerdo, el Parlamento deberá decidir si acepta primero votar esa cláusula que también estará sujeta a la decisión del presidente de la cámara baja, John Bercow, según puntualizó Leadsom.

El DUP “preferiría una prórroga o incluso evitar el brexit antes que aceptar un compromiso con la salvaguarda”, señaló Bale.

Para Matt Goodwin, profesor de Políticas y Relaciones Internacionales del Rutherford College de Canterbury, en el sureste de Inglaterra, “si el acuerdo fracasa otra vez, entonces la posibilidad de una extensión más larga y también de unas nuevas elecciones generales aumentan significativamente”.

El Reino Unido tenía fijada la fecha del “brexit” para este viernes, día 29, pero se vio obligado a solicitar una prórroga ante los dos rechazos al tratado y la falta de consenso en el Parlamento sobre cómo materializar la desconexión de la UE.

Así, el país tiene de plazo hasta el 12 de abril para aportar a la UE un plan alternativo sobre su salida y hasta el 22 de mayo si el Parlamento aprueba el acuerdo de May.

“La señora May ha dicho efectivamente: ‘apoyadme y después echadme’. Pero incluso su promesa de dimisión si su acuerdo es aprobado puede no ser suficiente”, dijo Goodwin.

Perseverante e implacable, la primera ministra mostró una y otra vez su determinación de sacar adelante su pacto, que ha calificado como el “único disponible”, pero se topó siempre con el continuo “no” de la poderosa ala euroescéptica de su formación, la misma que durante los últimos 30 años hizo la vida imposible a otros primeros ministros por el continuo “problema” de Europa.

Para Goodwin, sea cual sea el desenlace del “brexit”, May “pasará a la historia como el cuarto primer ministro conservador que es destruido por el problema de Europa, después de Margaret Thatcher, John Major y David Cameron”.

La jefa del Gobierno prometió a sus parlamentarios, agrupados en el llamado Comité 1922, que no liderará las negociaciones de la segunda fase del “brexit” si el tratado pactado con Bruselas es respaldado.

Ese documento contempla un periodo de transición del “brexit” que debe terminar en diciembre de 2020, tiempo que servirá para emprender las difíciles negociaciones sobre el futuro vínculo comercial y de seguridad entre el Reino Unido y la UE.

La oferta de May pareció surtir efecto entre euroescépticos como Jacob Rees-Mogg, líder del influyente Grupo de Investigación Europeo (ERG), y el extitular de Exteriores Boris Johnson, que claudicaron ante la oferta de dimisión y han admitido, después de meses de negativas, que están dispuestos a votar a favor del acuerdo.

Para Rees-Mogg, no obstante, su respaldo está condicionado a un apoyo o a una abstención por parte de los norirlandeses.

El acuerdo le plantea al DUP problemas porque la salvaguarda irlandesa del texto -pensada para evitar una frontera dura entre las dos Irlandas- choca con la esencia de su formación, basada en la unidad indivisible de Irlanda del Norte con el Reino Unido. EFE

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