Mayor municipio de Brasil dividido entre incendios, violencia y deforestación

Altamira (Brasil), 31 ago (EFE).- Altamira, el mayor municipio de Brasil por extensión y el segundo más violento del país, se divide por estos días entre la inseguridad de la región, la deforestación, la minería ilegal, el conflicto por tierras y los incendios que arrasaron parte de la Amazonía.

Pará es el estado más afectado por los incendios que desde hace semanas devoran la Amazonía y tan solo en el mes de agosto registró cerca de 10.000 puntos con fuego, la mayoría concentrados en tres municipios: Novo Progresso, Sao Félix do Xingú y Altamira, donde reservas indígenas se han visto amenazadas por las llamas.

Con una extensión de 159.533 kilómetros cuadrados, equivalentes al área conjunta de Portugal e Irlanda, Altamira es el tercer mayor municipio del mundo, detrás de los daneses Sermersooq y Avannaata, en la gigantesca isla de Groenlandia.

Con el inicio de la construcción en 2010 de la Hidroeléctrica de Belo Monte, que cuando esté terminada será la tercera mayor del mundo detrás de Tres Gargantas, en China, y la brasileño-paraguaya Itaipú, la población pasó de 100.000 para 140.000 habitantes en Altamira.

El acelerado crecimiento demográfico, con personas atraídas por los empleos directos e indirectos generados por la construcción de la hidroeléctrica, elevó, según especialistas, el grado de violencia en Altamira, que en la actualidad es de 133,7 muertes violentas por cada 100.000 habitantes.

Altamira, de acuerdo con el Atlas de la Violencia divulgado a comienzos del mes por el estatal Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA), solo es superado por Maracanaú, en el estado de Ceará (nordeste), con 145,7 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Antes de la intensificación de los incendios en la Amazonía que concitaron la atención mundial y levantaron criticas internacionales, principalmente del presidente francés, Emmanuel Macron, contra su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, Altamira fue noticia a finales de julio con la muerte de 62 presos en una cárcel.

A los altos índices de violencia y a un histórico de gran deforestación en el extenso municipio, se sumaron ahora los incendios, que además de los originados por las altas temperaturas y la sequía de esta época del año, se sospecha que muchos tuvieron por detrás la acción premeditada de hacendados.

En Altamira, con el aumento de la presencia de las autoridades movilizadas por el Gobierno para contener los incendios, con contingentes del Ejército, los Bomberos y la policía de elite de la Fuerza Nacional de Seguridad, se unieron también fiscales medioambientales que se depararon con otros delitos en la región.

Minas artesanales clandestinas de gran porte, cargamentos ilegales de madera y trabajadores de haciendas en condiciones análogas a la esclavitud fueron descubiertos en los últimos días por las autoridades que llegaron a la zona.

Las labores de fiscalización se han redoblado en las últimas semanas con el fin de frenar la creciente deforestación, que solo en el mes de julio aumentó un 278 %, según pudo constatar EFE en diversos puntos de la Amazonía.

El viernes, un equipo integrado por cuatro policías y cuatro agentes medioambientales -en el que se encontraba un reportero gráfico de EFE- fue recibido en un paraje rural de Altamira con dos disparos provenientes del interior de la maleza para intimidar, según los portavoces policiales, las acciones de fiscalización.

Igualmente, un helicóptero UH-15 Super Cougar, de la Marina brasileña, sobrevoló el viernes las reservas indígenas de Trincheira y Bacajá, amenazadas por las llamas, y consiguió apagar los focos próximos de las aldeas, de acuerdo con el Gobierno regional. EFE