Meade no logra evadir el voto de castigo contra el PRI en México

El Economista

Isabel Reviejo

México, 1 jul (EFE).- Los peores presagios para José Antonio Meade se han cumplido y el candidato ha quedado en tercer lugar en la lucha por la Presidencia de México de acuerdo con las encuestas a pie de urna, tras no lograr esquivar el tsunami del voto de castigo contra el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

De acuerdo con los sondeos de salida, Meade ha quedado a una distancia de 20 puntos del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, quien habría ganado las elecciones con más de 40 % de los votos.

“Habrá que reconocer que Andrés Manuel López Obrador es quien obtuvo la mayoría y tendrá la responsabilidad de conducir el poder ejecutivo; le deseo todos los éxitos por el bien de México”, dijo hoy ante sus seguidores Meade, abanderado de la coalición liderada por el PRI y en la que también participan el Partido Verde Ecologista de México y Nueva Alianza.

Hasta el último momento, Meade (Ciudad de México, 1969) conservó, al menos públicamente, su esperanza de remontar y abrirse camino a la residencia presidencial de Los Pinos, afirmando que los resultados se ven en las urnas, no en las encuestas.

Durante la campaña, el capitalino se quiso identificar como el candidato de la razón frente al que ha sido el principal oponente a batir para todos sus rivales, López Obrador, cuyas propuestas han sido tachadas de poco realistas por algunos expertos.

A este licenciado en Economía y Derecho le respaldaban sus años de experiencia en el servicio público, incluyendo su gestión de varias carteras tanto en la administración de Felipe Calderón (2006-2012), del Partido Acción Nacional (PAN), como en la de Enrique Peña Nieto (2012-2018), del PRI.

Asimismo, le favorecía la cierta distancia que intentó marcar con el PRI, del cual no es militante, aunque finalmente el peso de los casos de corrupción del partido durante este sexenio, así como los malos resultados en seguridad y lucha contra la violencia, han acabado ganando el pulso.

Aunque personalmente Meade ha logrado escaparse de la riada de escándalos de corrupción que han salpicado tanto a funcionarios federales como a varios gobernadores estatales, la mancha que esta ha dejado en el PRI es difícil de borrar.

Entre los casos, el más sonado ha sido el de la llamada “Casa Blanca”, relacionado con la compra de propiedades a contratistas del Gobierno por parte de Peña Nieto y su esposa, Angélica Rivera.

También destaca el que involucra al exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex) Emilio Lozoya, señalado de ser parte de la trama Odebrecht y haber recibido presuntamente 10 millones de dólares en sobornos.

A estos escándalos se le suma el listado de gobernadores del PRI que se encuentran prófugos o encarcelados por casos de corrupción durante, como Javier Duarte, exmandatario de Veracruz que actualmente enfrenta en prisión varios procesos.

Además, el sexenio ha dejado datos como la cifra récord de 25.339 asesinatos registrada durante 2017, la más alta en dos décadas y que supuso un aumento de 18,91 % respecto al año anterior.

Con este bagaje, el voto de castigo al PRI ha podido más que los esfuerzos que su equipo han realizado a lo largo de los tres meses de campaña para intentar convencer a los votantes de que Meade era, en realidad, un “candidato ciudadano”.

Después de una jornada electoral marcada por la violencia y tras conocerse los resultados preliminares, Meade apareció con un tono conciliador reconociendo sin tapujos la victoria de López Obrador y llamando a la “unidad” de México. EFE