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Mercedes Morán: “Actuar me hace muy feliz, me salva y me cura”

José Luis Picón

Málaga (España), 24 mar (EFE).- “Actuar me hace muy feliz, me salva y me cura”. Así resume su pasión por el oficio la actriz argentina Mercedes Morán, que recibe este jueves un reconocimiento por toda su carrera con el Premio Retrospectiva del Festival español de cine de Málaga.

Con ocasión de este premio, Morán hace un recorrido por su vida y recuerda cómo se casó con solo 17 años y fue madre con 19, movida fundamentalmente “por un hambre enorme de independencia”.

“Me casé muy joven y enamorada, pero lo que me movió fue el hambre de hacerme cargo de mi vida, en una época en la que las mujeres, al menos en mi familia, que era muy conservadora, no podíamos ni hablar de irnos a vivir solas”.

En aquel momento creía que su vocación era la Sociología, pero curiosamente tiene que agradecerle a los militares argentinos que le empujaran a la interpretación.

“Había cursado dos años, se produjo el golpe de Estado y vaciaron la carrera de contenido. Ahora puedo hablar de eso, pero en su momento fue muy traumático para mí, porque el futuro que anhelaba se desintegró, pero no fue lo peor que pasó en el país en esos años”.

Cree que lo que une a la Sociología y la interpretación es “una observación bastante obsesiva del comportamiento humano de todos los días”.

“El mejor espectáculo es sentarme en la vereda, ver pasar a la gente e imaginarme detrás de cada uno que pasa cómo será su vida según su comportamiento. Me fascina cómo se comporta la gente cuando no se sabe mirada. La mirada sobre nosotros nos modifica, no siempre para bien, y cuando no somos conscientes de que somos mirados aparece algo muy genuino”.

De sus inicios, cuando era “una chica muy tímida”, recuerda que su primer maestro le mostró “que actuar no tenía que ver con ser muy extrovertida”.

Entre sus interpretaciones, considera que hay “un antes y un después” de trabajar con Lucrecia Martel, porque la considera “una artista, y al trabajar con un artista hay una especie de remolino que se genera a su alrededor y que te transporta”.

Para Morán, es necesaria “una entrega y confianza total con el director, porque no hay otra manera de trabajar en el cine, a diferencia del teatro, donde aunque el rol del director es también muy importante, la función cada noche es de los actores, mientras que las películas son de los directores”.

Confiesa su predilección por trabajar con directores noveles, porque es “muy nutritivo estar en esas experiencias que son irrepetibles y hay algo que sucede solo la primera vez”, por lo que establece con esos cineastas sin vínculos “sin jerarquías de ningún tipo” y le gusta “verlos cómo van creciendo”.

También revela que siente “un enamoramiento especial” por el cine latinoamericano, “porque hay un talento muy puro, y es una industria pequeña que sale a competir con la gran industria de igual a igual”, pese a que son unas películas a las que lamentablemente los espectadores “no tienen tanto acceso por su distribución en las salas”.

Considera que, al haber en los últimos años “más directoras mujeres, que cuentan sus sueños y sus necesidades”, ahora el tipo de personajes que se ofrecen a las actrices “se mueve del prototipo”, al existir además una necesidad “de historias de mujeres más reales y menos en la fantasía masculina”.

Sobre sus trabajos televisivos, admite que en la época de su primera formación como actriz “el prestigio se perdía en la televisión y se adquiría en el teatro”, por lo que tenía “mucho miedo” de trabajar en ese medio y se resistió a hacerlo por un “prejuicio”.

Pero después trabajó en “Gasoleros”, un programa “muy exitoso” que le llevó “a la popularidad más masiva” y con el que empezó “a romper el prejuicio y el miedo a la superfama”.

Mercedes Morán se muestra como una mujer comprometida con causas como la reclamación del aborto legal, seguro y gratuito en Argentina.

“Tuve que vivir mucha falta de libertad en mi primera juventud, y cuando mi país volvió a la democracia pensé que la mejor manera de conservar la libertad era practicándola. Lo hago por una necesidad personal, a veces desobedeciendo algunos consejos de la industria, que te dice que mejor que no. Es un deseo de ser yo misma. Para ser otras ya tengo los personajes, pero en mi vida personal no me divierte administrar lo que siento”. EFE

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