México, en una encrucijada medioambiental por el TLCAN 2.0, advierte experto

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Raúl Estrada

México, 8 may (EFE).- La reforma energética de 2013 y la modernización del TLCAN frenan los esfuerzos de México para enfrentar el cambio climático y defender a la población vulnerable, además desprotegen a las comunidades afectadas e impactan en el medioambiente, aseguró hoy el experto Alejandro Álvarez Béjar.

En el nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que incluye un capítulo energético y esta semana se encuentra en una fase clave de la negociación, se establecieron medidas acordes a las necesidades de Canadá y Estados Unidos, explicó a Efe.

“Se hicieron para beneficiar a la industria y no a los sectores vulnerables por la explotación de energéticos”, denunció el autor del capítulo “México: bienvenido a tu futuro con combustible fósil” del documento “TLCAN 2.0 ¿Para la gente o para los que contaminan?”, un repaso en clave medioambiental a la modernización de este tratado en vigor desde 1994.

Para el licenciado en Economía y doctor en Sociología, el mayor problema en este capítulo es que “todo el motor del proyecto energético del TLCAN está en el gobierno de Estados Unidos”.

La primera potencia mundial, agregó, “ahora busca una supremacía energética y desregular completamente el sistema energético mexicano, abierto la industria extranjera”, señaló el catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El texto fue escrito junto con Frank Ackerman y Ben Beachy (EE.UU.), y Gordon Laxer (Canadá), todos expertos en economía, y publicado por Sierra Club de Estados Unidos, el Consejo de Canadienses y Greenpeace México y presentado el mes de abril.

“Si el TLCAN incorpora un capítulo sobre energía y mete todas las reglas de las que México estuvo ausente, entonces veremos una incapacidad mayor del gobierno mexicano para implementar los compromisos sobre cambio climático”, agregó.

En el Acuerdo de París sobre el cambio climático del 2015 México se comprometió a reducir 22 % en sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para 2030, pero “el país no está en camino de alcanzar ese objetivo”, dijo Álvarez.

Las emisiones mexicanas de GEI crecieron 85,8 % entre 1990 y 2013 siendo transporte y generación de electricidad las principales fuentes, de acuerdo con datos de México a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 2015.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social estimó que 68 % de la población mexicana ha sido alguna vez afectada por desastres.

Además, la Estrategia Nacional de Cambio Climático estima que los impactos económicos han pasado de un promedio anual de 730 millones de pesos (unos 38 millones de dólares) en el periodo de 1980 a 1999 a 21.950 millones de pesos (1.144 millones de dólares) para el periodo 2000-2012.

“México se esfuerza por cumplir sus objetivos climáticos mediante la transición hacia la energía renovable, pero el TLCAN facilita una dependencia contraproducente de los combustibles fósiles, particularmente el gas natural, responsable de que crecieran en 45 % las emisiones de gases de efecto invernadero de México entre 1990 y 2013”, explicó Álvarez.

Actualmente, menos del 1 % de la electricidad de México proviene de la energía solar o producción eólica, de acuerdo con datos del Sistema de Información Energética de la Secretaria de Energía.

Además, añadió que con la reforma energética impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto, que abrió el sector a la iniciativa privada, se “facilitó una mayor inversión extranjera para extraer petróleo de aguas profundas”.

Ello, agregó, supone “un peligro enorme” por la posibilidad de accidentes y derrames.

Ante este escenario, expuso que las organizaciones sociales y sectores ambientalistas coinciden en que la problemática medioambiental ha de ser una “prioridad fundamental” en el TLCAN, un convenio de 1994 que se halla en vías de modernización en unas difíciles negociaciones impulsadas por el jefe de la Casa Blanca, Donald Trump.

“Desde que se cuestionó a los organismos internacionales en los años 90, el secretismo ha sido central en el manejo de las negociaciones comerciales y financieras porque no quieren la injerencia de las organizaciones sociales”, denunció. EFE