Miércoles de Ceniza, vigente entre duranguenses

Dentro de la sociedad duranguense las costumbres resultan ser algo trascendental en la vida cotidiana de cada persona, más si están relacionadas con la fe. Un periodo importante para los creyentes es la Cuaresma, la cual comienza con el miércoles de ceniza, día en el cual miles acuden a los templos para iniciar las fechas de reflexión.

Originalmente y de manera tradicional el Miércoles de Ceniza obligaba a guardar ayuno, abstenerse de comer carne y participar en la liturgia de la imposición de la ceniza, aunque muchos de estos requerimientos se han modificado, pues los propios sacerdotes han aceptado que además de dejar de comer carne también se deben dejar los lujos ese día y ayunar por un periodo menor de tiempo.

“Polvo eres y en polvo te convertirás”. El Miércoles de Ceniza en la Iglesia Católica marca el inicio de la Cuaresma, tiempo de preparación a la Pascua que termina el Jueves Santo después de mediodía. Al momento de la imposición de la ceniza el sacerdote recuerda las palabras del Génesis después del pecado original y que buscan recordar a las personas el origen humilde de cada una de ellas.

Si bien no todas las personas conocen el profundo origen de esta tradición, la cual fue implementada en el siglo XI al iniciar los 40 días de penitencia imitando a los 40 días de Jesús en el desierto previos al Domingo de Ramos, sí son muchas las que dejan de lado sus obligaciones o toman un par de minutos de su trabajo para acudir a recibir su respectiva dosis de ceniza en el templo de su comunidad.

Justamente las cenizas se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior, para recordar que ese signo de gloria pronto se reduce a nada; “nos recuerda que algún día nosotros también vamos a convertirnos en polvo porque esta vida terrenal es tan solo un paso hacia la vida eterna”, dijo Refugio López Muñoz, el conocido padre Cuco, responsable del Santuario de Guadalupe.

Con el Miércoles de Ceniza se inicia el camino de la Cuaresma, pero sobre todo es un día en el que los cristianos se llaman a la conversión y a la renuncia, a la reflexión y al perdón; “es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño a lo largo de nuestra vida”, explicó.