Moreno Muñoz se hace sentir en La Santamaría de Bogotá

De toros… y más

Bogotá, 4 feb (EFE).- Sin cortar trofeos, pero con el beneplácito de la afición bogotana por su labor en los dos ejemplares que le correspondieron, el diestro colombiano Moreno Muñoz se convirtió hoy en triunfador de la tercera de abono de la temporada en Bogotá.

Un bien presentado encierro de Santa Bárbara, aunque desigual de comportamiento, sirvió de examen a Moreno y a sus alternantes y compatriotas, Paco Perlaza y Luis Miguel Castrillón, quienes tampoco tocaron pelo, frente a un cuarto de plaza.

FICHA DE LA CORRIDA

Seis toros de Santa Bárbara, bien presentados y desiguales de comportamiento. Con emoción el primero y de menos a más el cuarto.

El sexto no terminó de romper, como los restantes.

Paco Perlaza (grana y azabache): silencio y vuelta, tras petición. Tres cuartos en buen sitio. Espadazo.

Moreno Muñoz (malva y oro): saludo tras aviso y vuelta al ruedo. Pinchazo, espada contraria y dos golpes de descabello. Espada baja y dos golpes de descabello.

Luis Miguel Castrillón (azul marino y oro): silencio y silencio. Pinchazo hondo, media y golpe de descabello. Pinchazo y dos golpes de descabello.

MORENO MUÑOZ LE PONE NOMBRE A LA TERCERA DEL ABONO BOGOTANO

Con dos faenas hechas acorde a las exigencias de sus enemigos, el torero colombiano Moreno Muñoz dejó buen ambiente ante sus paisanos en La Santamaría de Bogotá en la tercera corrida del abono.

Tarde de toros de Santa Bárbara con trapío acorde a la categoría del ruedo bogotano.

Los seis turnos se desgranaron con diversa intensidad hasta llegar al quinto, en el que Moreno estuvo a punto de romper la abstinencia de trofeos.

Todo arrancó en faena de emoción ante un dije de Santa Bárbara, con el que Paco Perlaza se mostró firme en series con la verdad como bandera. El pitón derecho permitió los instantes más templados. Ovación al toro en el arrastre.

En el cuarto, los altibajos estuvieron a la orden de turno. Por momentos, todo pareció encaminado a la incertidumbre por la tendencia del toro a salir con la cara alta y dando pasos que no inspiraban confianza. Pero en cuanto Perlaza halló el sitio, afloraron los buenos momentos y la ligazón. Espadazo, petición no concedida y vuelta al ruedo.

En el segundo de la corrida, Moreno Muñoz supo resolver el enigma de un ejemplar que no terminaba sus embestidas. Los muletazos bajos sobre la mano derecha encontraron el eco de los tendidos y la faena pareció enrumbarse hacia un posible trofeo. Pero no hubo acierto con el acero.

La lidia del quinto sí tuvo total nombre propio, el suyo: Moreno Muñoz. Labor de técnica depurada y planteamiento acorde con las condiciones de un animal de clara tendencia a los adentros. Hubo mando y gusto. La oreja estaba en el horizonte pero faltó puntería a la hora de rematar la obra.

Un manso sin posibilidades fue el del cierre de la primera mitad del festejo. Tanto de salida como en el caballo. A la hora de la muleta se defendió igual frente a los cites de Luis Miguel Castrillón, quien tuvo que deshacerse en breve de su enemigo.

En el sexto, que siempre pareció ser, hubo dos lenguajes diferentes y las opciones se esfumaron, tanto para Castrillón como para el hierro de la familia Barbero. EFE