miércoles, abril 14, 2021
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Muerte de un grumete ahogado en la primera vuelta al mundo, documento del mes

Sevilla (España), 28 ene (EFE).- La subdirección general de los Archivos Estatales destaca como documento del mes de enero el que recoge la muerte por ahogamiento de Guillermo, un “humilde grumete de la nao Concepción de la Armada de Magallanes”, que ocurrió en el Río de la Plata hace quinientos años durante la primera vuelta al mundo.

Accidentes de este tipo “no eran infrecuentes” entre los marinos, pues, “paradójicamente, muchos no sabían nadar”, según explica el archivero Braulio Vázquez, del Archivo General de Indias de Sevilla, de donde procede el documento seleccionado por el organismo español del Ministerio de Cultura y Deporte.

La muerte accidental de Guillermo o Guillén, “igual que se padre”, fue la segunda durante la expedición de la primera vuelta al mundo, comenzada en 1519 por Fernando Magallanes y culminada en 1522 por Juan Sebastián Elcano, tras la ejecución del maestre Antón Salamón en Brasil.

El maestre fue ejecutado en diciembre de 1519 por “haber acometido a un grumete” en la travesía, es decir, por sodomía contra un joven que “presumiblemente” no consintió el acto sexual porque no fue castigado, precisa a Efe el archivero.

En el documento del mes, identificado con la signatura Patronato Real, 34, legajo 34, ramo 11, se indica que del joven grumete ahogado el 20 de enero de 1520 “apenas sabemos” que era “natural de “Galbay” (¿Galway, en Irlanda?)”, cuestiona el archivero.

Esta muerte viene recogida en la relación de tripulantes y el listado de fallecidos de aquella expedición, así como en la información sobre los sueldos que se les debían a sus participantes.

“Más allá de los grandes personajes que comandaron o tuvieron un papel destacado en la Armada a las Islas de las Especias, al rememorar la muerte de Guillermo queremos llamar la atención sobre los escalafones más bajos de los trabajadores del mar: la marinería, los grumetes y los pajes”, abunda Braulio Vázquez.

Los grumetes solían ser adolescentes que aprendían de los marineros el oficio, normalmente haciéndose cargo de las tareas físicamente más exigentes, según recoge la explicación del documento.

En esta armada, un grumete como Guillermo cobraba 800 maravedís mensuales frente a los 1200 que recibía un marinero adulto, mientras que los pajes, que eran unos niños, cobraban 500 maravedís mensuales a cambio de encargarse de las labores consideradas menos dignas, como limpiar la cubierta o hacer la comida.

También se encargaban de dar la vuelta a la ampolleta –el reloj de arena– “mientras cantaban una oración para mantener despierto al que estaba de guardia. Mientras menor era la edad, más expuestos estaban estos jóvenes y niños a abusos de todo tipo, incluidos los de índole sexual”, concluye el archivero. EFE