Navantia, un paso de Arabia Saudí hacia la autonomía de su industria militar

El Confidencial

Jorge Fuentelsaz

El Cairo, 21 jul (EFE).- El reciente acuerdo rubricado entre el reino de Arabia Saudí y la empresa pública española Navantia, que incluye la venta de cinco corbetas, supone para Riad un paso más hacia su objetivo de dotarse de “un fuerte ecosistema autónomo de industrias militares”.

Los astilleros públicos de Navantia fabricarán cinco corbetas de uso militar por un importe de 1.800 millones de euros, que serán entregadas a partir de este otoño y hasta 2022.

Pero además, Navantia ha acordado con la empresa estatal saudí Saudi Arabian Military Industries (SAMI) la creación de una filial conjunta que, tal y como asegura la propia compañía española, “permite potenciar los programas de defensa en Arabia Saudí, reforzando su economía en línea con la Visión 2030 promovida por el Gobierno de este país”.

Si para Navantia la operación representa su mayor contrato con un cliente extranjero y el fortalecimiento del futuro inmediato de los astilleros, para Arabia Saudí se enmarca en ese plan de futuro 2030, cuyo objetivo es que para esa fecha, el 50 por ciento de su desorbitado gasto militar repercuta en su mercado local.

Una aspiración que va a la par del crecimiento de las adquisiciones bélicas de Arabia Saudí (un 6,2% en 2017) y de su exponencial beligerancia regional, desde la llegada al poder en 2015 del rey Salman bin Abdelaziz acompañado de su hijo y príncipe heredero Mohamed bin Salmán, verdadero hombre fuerte del reino wahabí.

Esta renovada y agresiva política exterior se materializó en la participación en la guerra civil del Yemen contra los rebeldes hutíes, a la cabeza de una coalición de países árabes, que ha sido acusada de perpetrar crímenes contra el derecho internacional humanitario.

Estas acusaciones, precisamente, llevaron a ONG como Amnistía Internacional, FundiPau, Greenpeace y Oxfam Intermón a pedir a España y a otros países que detengan la venta de armas a Riad.

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en 2017, Arabia Saudí, con 69.400 millones de dólares, fue el tercer país del mundo con mayor gasto militar, solo después de Estados Unidos y China y por delante de Rusia e India.

“A pesar de los bajos precios del petróleo, los conflicto armados y las rivalidades entre los países de Oriente Medio están provocando un aumento de los gastos militares en la región”, aseguraba SIPRI en un informe el pasado mayo en el que también destacaba el aumento de un 19 por ciento de los gastos militares de Irán, el gran rival regional de los saudíes.

SAMI ha destacado, por su parte, que una vez que la filial conjunta con Navantia esté operacional, se centrará en “la integración e instalación de un sistema de combate, así como en ingeniería y arquitectura de sistemas, diseño de hardware, desarrollo de software, pruebas y verificación, creación de prototipos, simulaciones y modelado”.

SAMI vio la luz apenas hace un año, en mayo de 2017, con el objetivo de acelerar los deseos del príncipe heredero y ministro de Defensa, Mohamed bin Salman, de reforzar la industria y capacidad militar del país del golfo Pérsico, que pretende liderar espiritual y militarmente al mundo islámico.

En diciembre de 2015, Riad fundó la denominada Alianza Islámica Antiterrorista, a la que llamó a participar a una cuarentena aliados suníes, mientras que no incluyó a países importantes de la región como Irak, Siria e Irán, de gobiernos chiíes.

SAMI, cuyo consejo de administración fue nombrado apenas hace ocho meses, aspira a crear 40.000 puestos de trabajo, invertir 1.600 millones de dólares en investigación y contribuir con 3.700 millones de dólares al Producto Interior Bruto saudí para el año 2030.

Desde la creación de la compañía armamentística saudí, además de Navantia, varias empresas han firmado acuerdos o memorandos de entendimientos con la flamante SAMI, como Boeing, Lockheed Martin, Raytheon, General Dynamics y Rosoboronexport.

El objetivo, convertirse antes de 2030 en una de las 25 mayores empresas armamentísticas del mundo “combinando las últimas tecnología y el mejor talento nacional para desarrollar productos y servicios militares de acuerdo a los estándares nacionales, aumentando las exportaciones y atrayendo inversión extranjera a la industria militar del reino”. EFE