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¡No nos rendiremos!”, el grito de guerra del Ulster ante el “brexit”

Javier Aja

Dublín, 28 mar (EFE).- “¡No nos rendiremos!” es el famoso grito de guerra con el que el difunto reverendo protestante Ian Paisley, fundador del Partido Democrático Unionista (DUP), plantó cara a los nacionalistas-católicos durante el pasado conflicto en Irlanda del Norte.

A pesar de su enorme carga simbólica, pues también es usado por paramilitares protestantes, su hijo Ian volvió a entonar el “No Surrender!” el pasado año en el Parlamento de Londres para exigir a sus socios del Gobierno británico que no se dejaran “intimidar” y “chantajear” por los “burócratas” de Bruselas en sus negociaciones sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE).

Su intervención confirmó que el DUP, partidario del “brexit”, había activado de nuevo el “modo trinchera” en su férrea oposición al plan de divorcio de la primera ministra británica, Theresa May, quien depende de los diez diputados unionistas en Westminster para gobernar en minoría, según explica a Efe Cathal McCall, profesor de Política en la Queen’s University de Belfast.

La “premier” conservadora podría tener ahora los días contados al frente del Ejecutivo, después de anunciar que dejará el puesto si los Comunes ratifican el acuerdo de ruptura que pactó con la UE el pasado noviembre, para lo que sigue necesitando el apoyo de los unionistas y del ala más euroescéptica de su partido.

Su oferta ha sido bien recibida por algunos de los “tories” más eurófobos, pues temen que la parálisis actual provoque el descarrilamiento del “brexit”, mientras que el DUP ha reiterado que votará en contra del pacto, como ya hizo en dos sesiones anteriores.

Los unionistas le recuerdan a May que no se han modificado los términos de la controvertida salvaguarda para evitar una frontera dura entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda.

Un mecanismo clave para proteger sus economías y el proceso de paz que, no obstante, repudian porque creen que puede dejar a la provincia británica “atrapada” en las estructuras comunitarias del mercado único y la unión aduanera indefinidamente.

Asimismo, el DUP teme que la región pierda sus vínculos con el Reino Unido al obtener un estatus diferente al de Gran Bretaña (Escocia, Gales e Inglaterra): “La cuestión identitaria es para ellos más importante que cualquier beneficio económico”, señala McCall, autor de varios estudios sobre políticas fronterizas.

La realidad, apunta, es que Irlanda del Norte “ya es diferente” al resto del país. Hay, por ejemplo, controles sobre el ganado que se transporta entre Gran Bretaña y la isla de Irlanda. Y el aborto y el matrimonio gay son ilegales, fruto de la política ultraconservadora del DUP, mayoritario entre la comunidad protestante.

“Les gusta cultivar la imagen de defensores de la Unión, de los que no ceden ‘ni una pulgada'”, prosigue McCall, citando otra de las expresiones favoritas del reverendo Paisley.

Otro problema, sostiene, es que el Ejecutivo autónomo de poder compartido entre el DUP y el Sinn Féin, antiguo brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA) y primera fuerza entre los nacionalistas norirlandeses, está suspendido desde hace más de dos años.

En consecuencia, el equilibrio de fuerzas en el DUP se ha movido de Belfast a Londres, donde su facción de diputados en Westminster, “marginada durante mucho tiempo”, ha cobrado “un protagonismo y poder inesperados”, expone el experto.

En el complejo tablero político norirlandés también entra en juego el Sinn Féin, según coincide Andrew Gilmore, director adjunto de investigación del Instituto de Asuntos Europeos e Internacionales de Dublín (IIEA).

Los nacionalistas rechazan el “brexit” porque, como los unionistas, no “quieren verse separados de su patria ancestral”, por lo que ven en este divorcio una oportunidad para relanzar el objetivo histórico de reunificación de la isla de Irlanda.

Gilmore opina que la salvaguarda no cambiaría demasiado el régimen de controles, casi invisibles, que ya se realizan en la frontera norirlandesa -por ejemplo fitosanitarios-, pero reconoce que el restablecimiento de otras barreras físicas afectaría a las “emociones”.

La UE ha advertido de que un “brexit” sin acuerdo y sin salvaguarda podría obligar al bloque a cerrar la frontera para proteger el mercado interior comunitario.

“La vuelta de una barrera dura sería un desastre. Un terrible retroceso, después de más de 20 años de relativa paz y tranquilidad. El simbolismo y los aspectos prácticos de tener una frontera abierta no deben subestimarse. Ha ayudado al proceso de reconciliación y pacificación en la isla”, destaca McCall.

Por suerte, concluye Gilmore, el DUP no ha abandonado su diálogo con May y ésta le podría “ofrecer algo aceptable” a cambio de su apoyo al acuerdo del “brexit”.

Al fin y al cabo, Paisley también pasó del “No Surrender!” a dirigir durante un año el Gobierno norirlandés con el excomandante del IRA Martin McGuinness. EFE

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