Objetos de uso cotidiano mal desechados generan impactos al medioambiente

Zoilo Carrillo


México, 5 jun (EFE).- Los chicles, los insecticidas o las maquinillas de afeitar de usar y tirar son algunos de los objetos que se utilizan a diario y que habitualmente son desechados de manera incorrecta, provocando un efecto perjudicial al medioambiente, contó a Efe el químico Benjamín Ruiz Loyola.

Según el especialista, algunas malas costumbres a la hora de deshacerse de los objetos mencionados -y de otros como los medicamentos o las colillas de cigarro- contribuyen a que estos alimenten problemas ambientales como la mala calidad del aire y del agua, e incluso el mal funcionamiento de los sistemas de alcantarillado.

Con motivo del Día Mundial del Medioambiente, que se celebra hoy, el experto expresó que un mal uso de los productos engloba no únicamente su utilización, si no la manera en la que se desechan, algo que la población debe comprender.

En objetos como las maquinillas de afeitar desechables, el riesgo de contaminación viene por dos motivos. Uno de ellos es el plástico con el que están fabricadas; el otro viene del metal con el que cortan el vello, que si no es bien desechado puede acabar oxidándose.

“Lo que deberíamos hacer es agarrar esas maquinillas de afeitar una vez no son útiles, meterlas en una bolsa de plástico y entregarlas en mano a recolectores de basura”, recomendó el profesor de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

No obstante, esto pocas veces ocurre y normalmente el objeto es desechado de cualquier forma, sin ser separado previamente, y entregado junto al resto de la basura a los encargados del manejo de residuos.

Así ocurre también con los insecticidas, por ejemplo, que una vez cumplen su función de exterminar cucarachas o mosquitos, el recipiente es tirado a la basura, “aunque este todavía contenga restos del insecticida”.

En estos casos, debe lavarse el bote que lo contiene o simplemente ser separado en una bolsa completamente independiente y ser entregada así a los recolectores de basura.

Cuando no se separa correctamente puede suceder que los insecticidas organoclorados se sometan a incineración “y produzcan toxinas que se conocen con el nombre de dioxinas”. Estas toxinas se elevan al aire y contaminan el ambiente.

“Algunos otros insecticidas son organofosforados, cuya estructura es similar a algunas armas químicas”, apuntó el experto para señalar la alta carga tóxica que presentan este tipo de compuestos.

Los chicles o el tabaco son algunos de los vicios cotidianos más populares en las grandes ciudades.

Estos -hechos de polímeros- muchas veces son desechados directamente a la calle en lugar de al cubo de basura, lo que provoca que muchas veces se acumulen grandes cantidades de plástico y este bloquee el correcto funcionamiento de los sistemas de alcantarillado público.

Algo peculiar con el chicle es que si una persona está enferma su saliva queda en la goma de mascar. En la saliva están los microorganismos que provocaron la enfermedad y, según el experto, al caer en la calle, pueden ser la causa de que otras personas se enfermen.

Por último, Ruiz Loyola mencionó “un problema sumamente serio”, el caso de los medicamentos que habitualmente se desechan cuando caducan o cuando ya no se van a usar.

“Muchos de estos medicamentos tienen efectos fisiológicos y pueden alterar el equilibrio en los mantos acuáticos provocando cambios en la fauna, en los peces o en los animales que los llegan a ingerir”, aseguró.

No solo eso, esto a la larga, a través del ciclo del agua, los químicos de estos medicamentos pueden regresar al ser humano con un “efecto muy pernicioso en el sistema endocrino”. EFE