Durango, Dgo.
Comerciantes, trabajadores y consumidores de la capital enfrentan un escenario de incertidumbre económica ante la conjunción de varios factores que impactan de manera directa el bolsillo de las familias duranguenses.
En los últimos meses, varios restaurantes locales han anunciado incrementos en el costo de sus platillos, motivados principalmente por el alza en precios de insumos, bebidas y servicios básicos como energía eléctrica y gas. Propietarios de establecimientos señalaron que, sin ajustes, resulta insostenible mantener márgenes que les permitan operar.
“El aumento en ingredientes como carnes, frutas y verduras nos obligó a replantear nuestros menús. El consumidor lo siente, pero no tenemos margen para absorber esos costos”, explicó un restaurantero del centro histórico.
Este fenómeno coincide con otra medida que ha generado preocupación entre los trabajadores: la reducción de la jornada laboral en algunas empresas, ya sea mediante la implementación de horarios escalonados o la disminución de horas estándares, como estrategia para reducir gastos operativos y cumplir con nuevas demandas de producción y entrega.
Diversos empleados entrevistados expresaron su inquietud, pues la reducción de horas no siempre va acompañada de una proporcionalidad en los ingresos, lo cual ha afectado la capacidad de cubrir gastos de transporte, alimentos y necesidades básicas.
Adicionalmente, ajustes en la plantilla laboral —con despidos o no renovación de contratos temporales en algunos sectores— han generado un ambiente de incertidumbre entre la fuerza laboral, especialmente en sectores de servicios, comercio y turismo.
“Es difícil planear económicamente cuando no sabes si tu horario será menor cada semana o si habrá recortes. Afecta no solo al ingreso, sino también la estabilidad familiar”, comentó una colaboradora de una empresa de servicios.
Analistas económicos locales señalan que estos factores no son aislados: forman parte de un entorno económico más amplio marcado por la inflación de insumos, la volatilidad en cadenas de suministro y las adaptaciones que las micro, pequeñas y medianas empresas han tenido que realizar para sobrevivir.
Mientras tanto, consumidores y trabajadores hacen malabares presupuestarios para afrontar los precios más altos en restaurantes, ajustan sus horarios y tratan de anticiparse a posibles cambios en el mercado laboral.
