Raúl Ortiz, un eremita de la literatura mexicana

raul-ortizMéxico, 28 ene (EFEMEX).- Con la muerte el miércoles del académico Raúl Ortiz, la literatura mexicana ha perdido a un hombre con alma de eremita que tuvo la valentía de enclaustrarse en un convento para traducir “Bajo el Volcán”, considerada una de las mejores novelas escritas sobre su país.

Nacido en 1931, Ortiz fue un políglota de primera fila, reconocido por su amor a los libros, respetado como investigador, maestro y diplomático, aunque será recordado más por haber traducido al español “Bajo el Volcán” de Malcolm Lowry y haberlo hecho de tal manera que para muchos superó la belleza del original.

La historia empezó cuando Ortiz, que dominaba el inglés y el francés como lenguas maternas, recibió una llamada de la editorial Era para traducir la novela del británico Lowry, editada en 1947, encargo que asumió como el episodio monástico de su vida.

“Lo recuerdo como una aventura de fines de semana; los viernes me iba a refugiar con mi máquina de escribir Olivetti a un monasterio en Cuernavaca y trabajaba desde las cinco de la tarde hasta el lunes; entre semana traducía cuatro horas al día y a los ocho meses entregué la primera versión”, contó Ortiz a Efe en 2014 al cumplirse medio siglo de la traducción.

“Bajo el Volcán”, una novela con tintes autobiográficos, narra la caída en desgracia del cónsul británico alcohólico Geoffrey Firmin, quien trata de vivir al margen de un mundo devorado por el frenesí de la destrucción.

Ortiz aceptó el encargo de Era confiado en la fluidez de su inglés, pero semanas más tarde supo que se había metido en uno de los retos más grandes de su vida porque también debía trasladar al español la musicalidad y la armonía de la obra maestra de Lowry.

Aislado en un sitio donde los demás se dedicaban a la oración, Raúl Ortiz trabajó como si le fuera la vida en ello y al terminar entregó las hojas a una hermana que, a pesar de padecer mal de Parkinson, mecanografió la novela en el idioma de Cervantes.

Después hubo otras versiones y a los cuatros años quedó lista la obra, una de las joyas más preciadas de hoy en día en los estantes de las principales librerías de México.

Muchos años después, cuando sus manos se habían llenado de lunares, su vista estaba cansada y su voz era lenta al hablar de su trabajo, Ortiz ilustraba sus conceptos con frases de un sabio que sabe que al final de la vida la mayor belleza consiste en agradecer. Entonces se consideraba tocado por la buena fortuna.

“Tuve la suerte de haber nacido en México y de ser elegido para la hermosa aventura de traducir la gran novela sobre nosotros; considero muy representativa de México ‘El poder y la gloria’, de Graham Greene, por el hecho de reflejar un periodo crítico de nuestra historia, pero ‘Bajo el Volcán’ fue más allá”, solía decir.

El intelectual que abandonó su cuerpo hace unas horas en la Ciudad de México fue un hombre de grandes sueños, que los realizó casi todos, pero siempre fue por algo más y parte de su felicidad al morir consistió en creer en utopías que ya no iba a cumplir.

Cuentan sus amigos que en los momentos más lúcidos de sus últimos meses Raúl hablaba como cuando estaba lleno de vitalidad y se ganó el respeto como erudito en varias materias y también como diplomático en las embajadas mexicanas de Londres y París.

En aquellos momentos cercanos al final, Ortiz confesaba su deseo de haber sido el traductor al español de “El viaje al fin de la noche”, de Celine, y aunque entonces eso era un imposible, se imaginaba cómo hubiera sido volver a aislarse como eremita para entregarse a uno de sus amores más hermosos, la literatura. EFEMEX