Romero también es visto como compañero por víctimas de tortura en El Salvador

Hugo Sánchez

San Salvador, 12 oct (EFE).- Los presos políticos de El Salvador en la década de 1980 no solo ven en monseñor Óscar Arnulfo Romero al santo, sino que lo valoran como un “compañero” por las “torturas” que sufrió por denunciar las violaciones a los derechos humanos de la población civil antes del estallido de la guerra civil (1980-1992).

Rafael Segura, miembro del Comité de Presos Políticos de El Salvador (COPPES), dijo en una entrevista con Efe que Romero, conocido popularmente como “la voz de los sin voz”, fue sometido, al igual que él y sus compañeros, a “tortura”.

“Como preso político, creo que él sintió esas torturas psicológicas que le hicieron de persecución, de amenazas. Nosotros las vivimos en carne propia”, apuntó Segura, quien fue encarcelado en 1981 por la extinta Guardia Nacional.

El Informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas de 1993 da cuenta de que las denuncias de Romero desde el púlpito eran vistas por miembros del Gobierno y de la Fuerza Armada como una conducta “favorable a la subversión”.

Señala que tras la homilía del 17 de febrero de 1980, en la que se opuso a la ayuda militar del Gobierno de Estados Unidos a El Salvador, fue “objeto de amenazas de muerte”, y que en una entrevista privada señaló que sentía “miedo” y que “con los días las amenazas se multiplicaron”.

“En virtud de esa situación prefirió que sus colaboradores no lo acompañasen en sus salidas para evitarles riesgos innecesarios”, reza el informe, que señala que el 10 de marzo de 1980, se encontró un maletín con una bomba “que no alcanzó a estallar” cerca de una altar en el que había oficiado misa el día anterior.

Para Segura, “San Romero de América”, como fue bautizado desde hace muchos años por los “romeristas”, “merece toda la admiración” y respeto, porque “la Iglesia y el pueblo lo han llevado hasta donde está ahora”, los altares.

“Estoy convencido de que Romero ha sido uno de los que abanderó una lucha por los pobres, para que cesara la represión en aquellos tiempos. Es digno de admirar al santo, profeta, amigo y compañero que dio como ofrenda su vida por todo este pueblo”, subrayó.

Añadió que “la canonización de monseñor Romero es el resultado de una lucha que se ha estado llevando”, y que a la par de la santificación del obispo, quienes fueron presos políticos y sufrieron tortura están “viendo luces de que puede haber justicia”.

“Nosotros seguimos y caminamos en dignidad contra la impunidad”, concluyó el hombre, quien en octubre de 2016, meses después de la anulación de una ley de amnistía por parte de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema, denunció su caso ante la Fiscalía.

Relató que tras ser “secuestrado” de su casa por un “buen contingente” de miembros de la Guardia Nacional, que amenazó a su familia, estuvo 10 días en la sede de este cuerpo de seguridad “aguantando tortura, sed y hambre”.

“El Estado salvadoreño ha sido demandado por 15 compañeros que fueron secuestrados, torturados y encarcelados”, pero no se ven señales de una “investigación exhaustiva”, agregó.

Según Segura, las fuerzas de seguridad de la época, suprimidas por los Acuerdos de Paz de 1992 y sustituidas por la Policía Nacional Civil (PNC), hicieron “destrozos” con casi 3.000 presos políticos entre 1980 y 1983, muchos de los que lograron salir libres recién en 1987.

Señaló que la vida después de “sufrir torturas” es “difícil”, y que “solamente con una reparación psicoterapéutica” se puede contar con detalle la experiencia, y que “en ese proceso estamos” con ayuda de varias universidades.

Romero, beatificado en mayo de 2015 en una multitudinaria misa en la capital de El Salvador y que será canonizado este domingo en el Vaticano, se caracterizó por denunciar constantemente en sus homilías los ataques de los cuerpos de seguridad contra la población civil y otras violaciones a los derechos humanos.

El Informe de la Comisión de la Verdad atribuye la autoría intelectual del homicidio de Romero el 24 de marzo de 1980 por un escuadrón armado de la extrema derecha mientras oficiaba, al difunto mayor del Ejército y fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), ahora en la oposición, Roberto D’Aubuisson.

La guerra civil salvadoreña, que enfrentó al Ejército y al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, que hoy gobierna como partido político, se saldó con 75.000 muertos y 8.000 desaparecidos. EFE