Rosca de Reyes una tradición con arraigo

Aunque el partir la rosca el Día de Reyes no forma parte del calendario litúrgico, es una bonita tradición donde se comparte un momento en familia, amigos y seres queridos, que representa ciertos momentos alrededor del nacimiento de Jesús, señaló Fray Eduardo Jaime Mireles.

Comentó que la tradicional rosca no es parte de lo que se establece en la liturgia, así como el que si te sale el monito se deben comprar los tamales en febrero, pero reconoció que tienen más arraigo que las propias cuestiones que establece la propia celebración que es Jesús.

Sin embargo, indicó que la gente se reúne, comparte y convive y no es exclusivo del país, pues en Francia y otros países latinoamericanos se lleva a cabo esta tradición.

La Epifanía es la celebración litúrgica, donde Jesús es el centro de la celebración, el rey que se manifiesta a todos los pueblos. Por lo que se representa a todos los reyes del mundo que adoran al verdadero rey y se manifiesta a su vez como luz de las naciones.

La rosca de Reyes se puede encontrar de diferentes tamaños y sabores, pero representa una corona que se adorna con frutos secos y cristalizados que simulan las joyas que estaban incrustadas en las coronas de los Santos Reyes que representan la Paz, el Amor y la Felicidad.

El niño o monito que se esconde representa el momento cuando José y María escondieron al niño Jesús para salvarlo de Herodes. Aunque también se le puede dar distintos significados y representaciones, por ejemplo el comerse el pan se puede relacionar con la comunión, con lo sagrado del recién nacido.

Los dulces o frutos cristalizados también se pueden interpretar como las distracciones del mundo que nos impiden encontrar a Jesús, mientras que la forma circular para algunos significa que el amor de Dios no tiene fin.

Tradicionalmente al partir la rosca y si se encuentra el monito, la persona deberá compartir tamales para el 2 de febrero, aunado a ello se supone se debe vestir al niño Dios y presentarlo en el templo ante la Virgen María. Con este evento se concluyen las celebraciones que iniciaron en diciembre con el nacimiento del niño Dios.