San Juan de los Lagos: los ciclistas peregrinos y las pedaladas de la fe

Juan Manuel Ramírez G.

Guadalajara (México), 3 feb (EFE).- Como si se tratara de una carrera ciclista por etapas, miles de ciclista-peregrinos llegan esta semana a la Catedral Basílica de San Juan de los Lagos, su “meta” religiosa, impulsados por las pedaladas de la fe.

Con más de seis millones de visitantes al año, el templo católico, ubicado en la ciudad de San Juan de los Lagos, a unos 140 kilómetros de Guadalajara, la capital del estado occidental de Jalisco, es el segundo más concurrido en México después de la Basílica de Guadalupe en la capital mexicana y al que los ciclistas acuden en masa.

Desde múltiples lugares de “salida”, como los estados centrales de Hidalgo, Querétaro, Puebla y México, sin faltar los de Ciudad de México y otros más cercanos como Guanajuato o Michocacán, los ciclistas cumplen duras jornadas gracias a una gran preparación y una sólida fe.

“Los motivos de cada uno de los ciclistas son distintos, el principal de agradecimiento”, contó a Efe Marco Antonio Hernández, un ciclista de unos 40 años que viene del municipio de San Agustín Tlaxiaca, Hidalgo.

“Muchos agradecen los favores recibidos y otros cumplen juramentos”, promesas hechas a la Virgen, quien intercede ante Dios para ayudar al creyente en un problema o situación grave y luego la persona peregrina hasta el santuario en señal de agradecimiento.

Hernández explicó que cada año salen el 28 de enero de su municipio para llegar el 31 a San Juan, y en su travesía cumplen cuatro etapas, tres días y medio con casi 500 kilómetros de recorrido.

El primer día se mueven de San Agustín a Huichapan, Hidalgo, con 115 kilómetros de recorrido; el segundo desde Huichapan a Celaya, Guanajuato, con 150 kilómetros; el tercero de Celaya a León, capital de Guanajuato, con 134 kilómetros, y el cuarto y último desde León a San Juan, a unos 80 kilómetros de distancia.

Ese tipo de iniciativas forman parte del llamado catolicismo popular, profundamente arraigadas en América Latina y que, según el dominio popular, son “una expresión de la fe católica” que incluyen promesas y peregrinaciones.

“De esta manera damos a gracias a la Virgen. Si estamos aquí, vivos, es porque ella nos lo permite”, dijo a Efe Víctor Solares, de 42 años y que pedalea desde el municipio de Nextlalpan, Estado de México.

El recorrido se inicia con una primera etapa de unos 180 kilómetros de ese municipio a la ciudad de Querétaro, capital del estado homónimo; la segunda son 138 kilómetros de Querétaro a Silao, Guanajuato; la tercera consiste en un ascenso al Cerro del Cubilete, donde se ubica el Santuario de Cristo Rey.

Ese ascenso comienza a 1.800 metros de altitud desde Silao y llega a 2.600 metros en la cima del cerro, y luego los peregrinos bajan rumbo a Lagos de Moreno, Jalisco, distante 80 kilómetros, y finalmente van a San Juan, a unos 50 kilómetros de distancia.

En ambos casos las jornadas comienzan a las ocho de la mañana y terminan a la seis de la tarde con un ritmo de entre 25 y 30 kilómetros por hora, con descansos programados y comidas, además de que viajan custodiados por sus propias organizaciones, sus familiares y con asistencia mecánica y de traslado para el regreso de sus bicicletas.

De los seis millones de visitantes se estima que unos 700.000, cifra registrada en 2016 y 2017 por el Fideicomiso de Turismo, pasan por la ciudad el 1 o el 2 de febrero, durante la fiesta de la Virgen de la Candelaria, mientras que la otra fecha significativa es el 15 de agosto, cuando se celebra la Asunción de María.

Con bicicletas de ruta ligera, vestimenta y aditamentos utilizados regularmente en el ciclismo, pero también con bicicletas pesadas y algunos en pantalones de mezclilla, todos con motivos religiosos referentes a la Virgen de San Juan, los ciclistas muestran su fe, el verdadero motor que mueve sus piernas y empuja los pedales. EFE