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“Siete días de Grilla”

Mucho muy malas noticias tenemos para nuestros seguidores. La movilidad de la gente anda por el orden del 88%, casi todo mundo anda en la calle, Durango no está en condiciones de reabrir nada.

Las posibilidades de reactivar algunas actividades el 1 de junio estaban sujetas a mantener al 65% de la población en casa, pero no se ha logrado, quién sabe qué va a pasar.

Nuestra entidad sigue siendo de las menos contaminada por el coronavirus, pero… de seguir todos en la calle, seguirá al alza el contagiadero y los peligros de saturar los hospitales seguirán subiendo.

Mucha de esa gente que se ve en la calle, no pocos sin cubrebocas ni guantes, sigue en la idea de que el Covid-19 es una fantasía, un vil cuento de los reaccionarios, por eso abandonó ya el encierro.

La administración estatal, que había dispuesto, según anuncio del gobernador José Aispuro, revisar qué tipo de actividades estarán en condiciones de reabrir a partir del 1 de junio, seguramente habrá de aplazar todo.

El confinamiento es para evitar más contagios, pero al salir todos andan expuestos, y los casos positivos no se hacen esperar.

Ayer nos llevamos la desagradable sorpresa de que México, con sus más de siete mil muertos, pasó a formar parte de los diez países con más defunciones, casi el doble que China, donde nació el virus.

Algo por sí solo lamentable que en nada se parece a las cuentas alegres que todos los días nos hace el actorazo Hugo López Gatell, quien unos días antes aseguró que la curva más alta de los contagios “ya fue aplanada”.

Antes, el presidente Andrés Manuel López Obrador, promotor incansable de Gatell, había dicho que “ya domamos a la pandemia”.

Es decir, ni una ni otra cosa. No fue domada, tampoco aplanada.

La Organización Mundial de la Salud precisó que cuando se aplana una curva ya no hay un contagio más y tampoco una muerte, y aquí, los contagios y las muertes se multiplicaron como nunca.

O la otra, que en virtud del señalamiento lamentable que hicieron el otro día The New York Times, The Wall Street Journal y El País, de que México estaba escondiendo muchos muertos por la pandemia, de pronto los números empezaron a subir de forma acelerada.

Los pronósticos de Gatell sobre los fallecimientos, hace dos semanas dijo que se estimaban unos 8,000 al final de la crisis, luego bajó sus miras y fijó el pronóstico fatal en 6,000, pero ni una ni otra. La cifra está próxima o ya rebasó los siete mil, y para la ruta mortal del virus los ocho mil se alcanzarán en cualquier momento, un día de estos.

Entonces, los pronósticos letales para México son catastróficos. No de ocho mil muertos, sino en muchos más de los que todo mundo supuso.

La muerte, para decirlo claro, está tocando a nuestras puertas, y pocos atienden los llamados insistentes y hasta molestos de las autoridades sanitarias para que nos quedemos en casa. Unos cuantos aceptan el aislamiento y de poco sirve su esfuerzo frente a la irresponsabilidad de los demás.

Durango y México debieron someterse vía toque de queda o por otras medidas más efectivas para que la mayoría de la población se quedara en casa y evitara cualquier posibilidad de contagio.

Si todos nos hubiéramos quedado en casa al mismo tiempo, desde hace varias semanas hubiésemos superado la amenaza, pero como no todos atendimos el llamado, ahí están las consecuencias.

Muchos, por desgracia, el Día de la Madre lo hicieron como siempre. Se hizo la pachanga en casa de las madrecitas o en diversos lugares, como si no estuviésemos en emergencia. Acudieron varios de los hijos, nietos, etc., y muchos de esos son los nuevos contagiados que están ahora en encierro obligatorio, en vías de pasar al hospital.

Excelente nos parece la ruda publicidad de la Secretaría de Salud en la que aparece un varón intubado, seguramente en un hospital, y la anotación de que: “Hay peores formas de estar encerrado”.

Es que, todos estamos hasta la coronilla. Saturados al extremo con el encierro, pues pasa uno del comedor a la televisión, luego al comedor de nuevo y al final a la cama, pero ese camino se ha vuelto tan rutinario, tan aburrido, tan cansado, que luego no sabe uno qué hacer.

Aun así, con ese cansado aburrimiento, preferimos mantenernos así, seguir de un sillón a otro en vez de estar sufriendo en el hospital, aunque a muchos les valga.

Sí, a muchos les ha valido el llamado oficial a quedarnos en casa, pero no pocos de esos son los que están padeciendo calamidad y media, pues se dice que el coronavirus es una enfermedad tan cruel que no pocos enfermos prefieren la muerte que seguir luchando contra ese poderoso enemigo.

Mientras se aclara si sirven o no los cubrebocas, como dijo el rockero Gatell, el otro día hicimos una solicitud formal para hacernos de algunos, visto que no hay en el mercado, y nuestra petición entró a trámite.

Las primeras semanas de la pandemia usamos varios de los que circularon al inicio de la emergencia y, pronto se deshilacharon o se empezaron a fruncir, tuvimos que echarlos a la basura.

Vino luego la advertencia del subsecretario de salubridad de que como no sabemos usar el cubrebocas, da igual si lo usamos o no lo usamos. Vaya sugerencia de una autoridad sanitaria.

Nosotros no hemos dejado de usarlos, pero… ante la duda ya no sabemos si es bueno o no usarlo y también nos metieron la tentación.

Hemos buscado los más recomendados, los que aconseja la autoridad, pero no están en ninguna tienda del ramo o en alguna farmacia, por eso nuestra petición al gobierno, pero… como decimos, ya está en trámite.

Empezamos a hacer “changuitos” para ver si nos llega antes de que termine la emergencia, pero saben qué, que a nadie le interesa si traemos o no cubrebocas, para acabar pronto.

Alguien que nos diga para qué sirven los estorbosos armatostes que colocaron en distintos puntos de la ciudad como para checar a los automovilistas, pues a pesar de que hay gente, no revisan a nadie.

Hace varios días aparecieron supuestos retenes por el coronavirus en los que se estuvo checando el número de pasajeros, si llevaban cubrebocas y en algunos casos la temperatura.

Sin embargo, el personal de esos puestos, se cansó o se le olvidó la tarea, puesto que cuando pasa uno las personas están distraídas en amena charla o de plano les vale quien pase.

No sirven de nada, pero ahí siguen los puestos instalados a mitad del arroyo de la calle obstruyendo la vialidad, exponiendo a los demás a un accidente.

Las malas noticias siguen llegando sobre la contingencia, pues en Acapulco los hospitales están al 80% de su capacidad y los contagios han entrado en una espiral preocupante y no se diga el volumen de muertos, que ya saturaron los crematorios.

El estado de Guerrero es el tercero en contagios a nivel nacional con 1,016 casos confirmados, nada más la mitad están en Acapulco, de los que están muriendo un promedio de 10 personas por día en la última semana.

El puerto tiene 2 crematorios y, para el volumen de muertos de Covid y otros males, ya rebasaron la capacidad. Hay que hacer cola para encontrar un lugar en la cremación.

Ojalá y que la terrible experiencia que viven los costeños sirviera de escarmiento para los duranguenses, que les vale pura el peligro de contagiarse.

Acá, no pocas personas siguen creyendo que esto del coronavirus es un invento comercial, una fantasía de mercado en la que ni se ha contagiado nadie y tampoco ha muerto nadie.

Ayer viernes fue el día más letal para los mexicanos, murieron 479 personas entre chicos y grandes, hombres y mujeres, blancos y no tan blancos. Se convirtió en el día más fatídico y superó el número de 7 mil fallecidos

No pocos descansan sus temores en la pregunta que todo mundo hace: “¿usted sabe, conoce de algún caso de Covid en alguna persona cercana, un pariente o un vecino…?”.

Y al obtener un dato negativo, concluyen que no existe la enfermedad, que no hay necesidad de seguir encerrado, que puede uno andar por la calle sin problema, como dijo hace varias semanas el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, cuando aseguro que: “El coronavirus es para los ricos. Los pobres no tendrán ningún problema. Están blindados contra ese mal…”.

Ahí está que Puebla también está a punto de la saturación de los hospitales y el colapso médico y económico que por igual ha alcanzado a blancos y a negros, o a ricos y a pobres.

El anuncio de un regreso a una nueva normalidad, que no será la que se vivía antes de la pandemia del Covid-19, esperado por habitantes de distintos países de todo el mundo, incluido México, se da con muchas expectativas, algunas positivas y otras no tanto, debido a que persiste el temor por los contagios de coronavirus y el riesgo que esta enfermedad plantea para la vida misma.

El reanudar las actividades productivas y cotidianas representa un reto para todos los países que ya iniciaron este proceso, aunque las circunstancias son distintas en cada nación, pues en el caso de las que se encuentran en Europa existe una actitud de precaución y a ratos de temor por salir a las calles nuevamente, después de enfrentar una situación sumamente complicada por los casos de la enfermedad y los decesos que esta provocó, pues existe un miedo justificado de que se presenten nuevos contagios que puedan encender de nuevo las alarmas por este padecimiento.

Muy diferente fue la determinación que tomó Estados Unidos de reanudar las actividades en el sector empresarial, a pesar de ser la nación que tiene la mayor cantidad de contagios y decesos en todo el mundo, y si bien en el vecino país algunas voces han alertado sobre los riesgos de que nuevamente se eleven los casos del virus, estas no han encontrado mucho eco entre los ciudadanos que buscan retomar sus actividades cotidianas, sin precauciones y sin considerar que pueda darse un incremento en esta enfermedad.

Ante tal circunstancia sin duda que la postura de los gobernadores de varias entidades con respecto a una reactivación de la economía y actividades cotidianas ha mostrado una cautela que no siempre se observa en el Gobierno Federal, como tampoco en algunos países, pero que sin duda es importante porque considera factores a favor y en contra de iniciar lo que se llama “nueva normalidad”, especialmente por los riesgos a la salud de la población que puede implicar un proceso apresurado, más en un país como México que aún no llega al punto más alto de contagios de Covid-19, en una prudencia que hay que reconocer en quienes han aclarado que aún no hay condiciones para suspender la cuarentena.

El presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en que todos los días tiene problemas para aterrizar su propósito de terminar con la corrupción en México, y que abajo todavía queda mucha.

Se refirió el jefe de la nación a los mandos medios o empleados segundones o tercerones, pero no precisó, como tampoco mencionó las sospechas que pesan sobre el accionar de la secretaria de Energía, Rocío Nahle García.

Y luego, más cala la duda, si el Gobierno Federal estableció un puente aéreo con China para que los aviones Dreamliner de Aeroméxico estén trayendo insumos y material para protección del personal médico.

Se supone que están haciendo las compras directamente, entonces por qué carajos comprarle al hijo de Manuel Bartlet y a otros personajes de dudosa reputación respiradores a cinco o diez veces más de sobreprecio.

Si el INSABI está comprando los insumos y equipos directamente, por qué IMSS e ISSSTE están haciendo compras exageradamente sospechosas en precios. A menos que sean “para que se ayude el amigo…”, como decían los prianistas.

Mientras el gobierno de los Estados Unidos está por llegar a los 10 billones de dólares en el rescate a empresas y particulares afectados por el coronavirus, acá, ni un vaso de agua a los generadores de empleo.

Cierto, la diferencia de economías entre la Unión Americana y nuestro país no permite ninguna comparación, pero al gobierno de México ni le preocupa por la que pasan muchas empresas que desde hace dos meses no tienen un peso de ingresos, y deben pagar sueldos e impuestos íntegros.

Durango suma más de 300 empresas cerradas de manera definitiva. No tienen forma de continuar generando empleos. Sus trabajadores quedaron a la deriva, pues la patronal no tiene para seguirles pagando.

Sobre el caso el presidente López Obrador sentenció en días pasados que los que quiebren se rasquen con sus propias uñas, así lo dijo, y que en un momento dado sean sus socios los que vengan a salvarlas. Pero ese supuesto cabe muy pocas veces, en unos cuantos casos.

Además de que la quiebra no se dio por errores o fallas cometidas por la empresa, sino por la disposición gubernamental de cerrar por tiempo indefinido y seguir pagando sueldos e impuestos.

Sobra decir que el ideal para este momento tan complicado sería lo que muchos años han temido millones de mexicanos, que Estados Unidos se anexe o agandalle otra mitad de México. Sería preferible vivir en aquella nación y tener la posibilidad de recibir una ayuda, la que sea, pero ayuda para afrontar tan terrible realidad.

Excelente que los políticos se preocupen por los fregados y les ayuden a capear el temporal de la mejor forma posible, aunque… los políticos no dan brinco sin huarache. Una despensa no la regalan solo por regalarla.

Las necesidades empujadas por el coronavirus son muchas y debía traer ocupados a los grillos tratando de llevarle algo qué comer a sus semejantes que están sufriéndola en serio aunque, hasta ahora, han sido unos cuantos, porque no todos piensan de la misma manera.

Aparte, como dijo el que dijo: “Político que saca de su bolsa para las despensas o para la campaña, político que se sala…”, lo que quiere decir que los que andan regenteando paquetes alimenticios hacen caravana con sombrero ajeno.