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“Siete días de Grilla”

Durango amarró por octava semana consecutiva el primer lugar nacional en movilidad social. Las consecuencias ahí están, el incremento escandaloso de contagios y muertes.

Sorprende que, a meses de que el gobierno decretara la obligación de usar el cubrebocas en la calle y en los lugares púlicos, pocos son los que respetan esa disposición. Algunos no saben que existe el Covid, otros dudan y a otros les vale.

Todavía en nuestros días hay gente que parece, no entiende, no sabe, ignora o desconoce la existencia del patógeno. Pues a esa gente hay que hacerla entender, a varejonazos, multas o cárcel de ser necesario, como se está haciendo en otras partes para evitar que la gente salga a exponerse.

Nunca debió abrirse en Durango la “nueva normalidad”. Los riesgos de contagio estaban en su punto más alto, de ahí los disparos sorprendentes de contagios y muertes.

Hace varias semanas se cerraron varias calles de la zona comercial, dizque para evitar la movilidad, pero el cierre fue nada más por unas horas, al cabo de las cuales el ajetreo social volvió a su vieja normalidad.

Muchas ciudades como Durango en el mundo reabiertas a la economía desde mayo, han tenido que meter reversa y volver a cerrar. Nuestra capital debía hacer lo propio, pero… las autoridades están ocupadas en otra cosa.

Mucha gente que va por la calle sin la más mínima seguridad debió ser obligada a protegerse, al uso de cubrebocas como minimo, pero de no demostrar las razones para andar en la calle debió obligarse a regresar a su casa.

Los atentos y acomedidos llamados de la autoridad no funcionaron. Muchos se pitorrean de esos amables y respetuosos pedidos, mientras en otros países están aplicando multas económicas y cárcel para quien no se proteja y vaya por la calle, particularmente para quien se confirme que está contagiado.

Nuestra capital, para ser precisos, no estaba para reabrirse a nada, pero a estas alturas ya están funcionando hasta los bares, incluyendo prostíbulo y medio disfrazado de restaurante.

No es por molestar, pero al reactivarse prácticamente toda actividad, es de esperarse una explosión en el número de contagios y no se diga en el de fallecimientos.

O será como dijo el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump: La economía no puede detenerse o mantenerse inactiva por tanto tiempo, que se reabra todo y que muera quien tenga que morir.

Y mire que le han salido bien sus actos irresponsables, pues su país, el más poderoso del mundo, tiene más de 4 millones de contagiados, y aproximándose a los cinco, por 145 mil 700 muertos, sin olvidar que los pronósticos fatales para la Unión Americana siguen manteniéndose en 245 mil fallecimientos, están a cien mil de lograrlo, y cada día se contagian muchos miles más, de modo que lo más probable es que supere esa cifra, y todo mundo en la calle, en los antros, en el desmoder.

Todavía hay en Durango personas que se creyeron el cuento del gobernador Miguel Barbosa, de Puebla, quien aseguró que el Covid es para los ricos, y no para los pobres.

Muchas familias completas van por la calle sin la más mínima protección quizá siguiendo la sentencia del mandatario poblano, pero gracias a ese desliz, en Durango, la mayoría de los enfermos y muertos procede de las colonias de la periferia.

Está científicamente comprobado que los más afectados son vecinos de las colonias más fregadas, por decirlo de alguna forma. El virus está pegando más a los cinturones económicamente bajos, de modo que se descarta la sentencia barbosiana.

Y ¿por qué está pegando en las colonias de nivel bajo? No porque se trate de dinero o de posición social, sino porque en las colonias de la periferia es donde más ignoran, desconocen y desobedecen las indicaciones sanitarias.

La gente, a pesar del flagelo para la humanidad, con más de 600 mil muertos, sigue creyendo que se trata de algún truco político y para empezar no se protege pero pone en riesgo a los demás, lo más lamentable, y en ese riesgo vamos todos, usted, yo, los míos, mis vecinos, mis parientes, etc., etc…

Ignora esa gente lo que está pasando en el mundo, como por ejemplo las medidas extremas que hoy se están tomando no nada más en Europa, sino en Asia y otros continentes ante los temores de una segunda ola de contagios.

Es cierto, en México no podemos hablar de una segunda ola de contagios porque, la simple realidad, es que no hemos salido de la primera, y de esa primera no se tiene ni la menor idea de si algún día terminará.

Los pronósticos del mentiroso Hugo López Gattell han salido exactamente al revés. Pronosticó 8 mil muertos, luego 6 mil, pero ya van 42,645 fallecidos y la cifra pudiese llegar antes del fin de año a 145 mil.

Acá, sin exagerar, debíamos hacer lo mismo que en Europa, extremar medidas. Obligar el encierro y exigir el cumplimiento de las distintas medidas de proteccion, el lavado de manos frecuente, el uso de cubrebocas y máscara, el uso de gel antibacterial a todas horas del día, etc., etc., pero… por desgracia, la realidad en el mundo es cosa extraña para las colonias de la periferia.

La triste realidad de México es que el coronavirus lo está copando todo. La tragedia por el virus todavía no se conoce en su más cercana magnitud, no es posible hacer previsiones y menos en materia política.

Es que, el cuento llamado Emilio Lozoya desde hace días está siendo considerado por algunos como el filón de oro para las huestes morenistas, pero… nadie puede hablar ahora sobre el rumbo de la próxima elección. El Covid está alcanzando a todas las familias del país y la mayoría de los mexicanos saben que tanta desgracia es culpa directa de los yerros tanto del presidente Andrés Manuel López Obrador como de su roquero estrella Hugo López Gatell.

Entonces, por muy poderosas revelaciones que haga Lozoya, no sorprenderán gran cosa a los mexicanos. Si algo podemos suponer de nuestros políticos es que son igual de indecentes y, al final, será complicado pedirles que olviden el dolor de perder a sus seres queridos.

Aparte, no olvidar que en esto de Morena los mexicanos votaron por Andrés Manuel López Obrador, no por su partido, aunque en la bola se benefició a un montón de buenos para nada con senaduría o de perdido diputación. Y como más clara muestra de esa división de negocios (la política es uno de los más productivos negocios en México) tenemos el resultado de la pasada elección en Durango, donde Morena perdió hasta la camisa y apenas ganó un par de alcaldías de 39 disputadas.

Suponer que Morena será la ganona de la gran tragedia que vivimos en México es exponerse a una gran sorpresa. Los mexicanos fallaron muchas veces en las urnas, pero creemos que será difícil engatuzarlos de nuevo.

Todavía no se conoce el detalle de las irregularidades halladas en la administración de José Ramón Enríquez. Apenas van dos renglones y ya hay mucha gente nerviosa cuando, para los que saben, falta lo más principal.

Nada más se han destapado dos renglones de la alargada lista de anomalías y ya hay gente nerviosa, cuando el consejo sería, para ahorrar bilis, esperar a que se conozca el grueso de las linduras del Gobierno Ciudadano.

El primer punto, el de las 120 transferencias a personas físicas y morales, se aclaró que nunca se recibió bien o servicio alguno. No hay ninguna razón como para entender por qué se hicieron esos pagos electrónicos.

La defensa, encabezada por Ernesto Aguilar, aclara que parte de ese dinero se depositó a una cuenta en octubre pasado. Y sí, sí se depositó, sí se regresó en parte pues, pero… ¿por qué se hicieron esas transferencias? Es lo que no dice.

El dinero municipal se lo jinetearon durante varios meses, pues lo regresaron hasta octubre pasado, de ahí que se piense que el dinerito, 14 millones de pesos, es lo que tomaron “prestado” para repartir a manos llenas en la pasada elección.

Además, para esos “pagos” nunca existió orden de compra ni requisición alguna como para pensar que se estaba compliendo con un compromiso.

El otro tema, el de las luminarias de oro, antier el propio Aguilar aclaró que al final firmó el convenio el sustituto Alfredo Herrera Duenweg, pero no se dice quién cerró el acuerdo por el que se estaban birlando nada más y nada menos que 800 millones de pesos.

Está claro el tema, que se precise quién autorizó el abultado robo y que se le llame a cuentas, dado que se asegura que no fue Alfredo quien convino los términos, que simplemente firmó para terminar con la oscuridad de muchas colonias de la ciudad. Y si al final es responsable, pues que se le sancione y se le dé la vuelta a la página de las consecutivas demandas.

Llegan del mundo informes positivos sobre los avances científicos en la creación de la vacuna contra el coronavirus. Algún laboratorio estaría ya empezando a producirla, ojalá sea cierto y que pronto nos llegue.

Encargados de la investigación de la Universidad de Oxford, en Inglaterra, estarían por lanzar al mercado su vacuna, en tanto que en los Estados Unidos, otra universidad estaría por empezar a comerciar la suya.

Inicialmente dijo alguien que la vacuna tendría un costo cercano a los mil pesos, otros especularon asegurando que sería de varios miles, pero los estudiosos del Reino Unido sostienen que la producción de la vacuna obedece más a la necesidad de hacerle un servicio a la humanidad, no para hacer negocio.

Un negocio basado en el sufrimiento de los seres humanos sería algo inmoral que no cabría en ningún supuesto comercial, y eso… es cierto.

O sea que, animémonos, los científicos han avanzado y mucho en la búsqueda de la vacuna. Ojalá la lancen al mercado pronto y pronto podamos controlar esa maldición llamada Covid que, definitivamente, cambiará al mundo en el corto plazo. La vida, dicen algunos, será una a partir del Covid, y otra antes de esa enfermedad creada en un laboratorio chino.

Anotar que en la búsqueda del remedio se ha detectado un desesperado pirataje o “hackeo” internacional en el que unos países acusan a otros de estar haciendo hasta lo indecible para robarles la fórmula.

Estados Unidos incluso ordenó la expulsión inmediata de personal chino en el consulado de Houston, Tx., que, según Donald Trump, fueron hallados con las manos en la masa, en respuesta a lo que China está expulsando a representantes gringos en aquella nación.

O sea, la lucha por conseguir pronto la vacuna contra el coronavirus avanza, y avanza bien. Ojalá no se tarde, porque esta desgracia cada vez la vemos más cerca.

Medios nacionales dan cuenta de la muerte de tres miembros de la familia de Andrés Manuel López Obrador. Ayer falleció una prima hermana en su natal Tabasco.

O sea que, la lumbre también le está llegando a los aparejos al señor presidente, pero él montado en su macho que le aconseja no usar cubrebocas, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud asegura que es la mejor herramienta para evitar contagios.

Sabíamos muchos que la indiferencia e irresponsabilidad de AMLO partió del consejo que le dieron Hugo López Gatell y otros funcionarios federales, igualmente contagiados.

Acá, ayer el secretario de desarrollo Jaime Rivas Loaiza informó que dio positivo en una prueba realizada, lo que le obligaba a aislarse en su casa mientras pasa el peligro.

Ojalá que la gente de a pie, la de la calle, la de los mercados, etc., se entere de ambas realidades para que entiendan que los peligros son reales, de eso ya no queda ninguna duda.

Insistimos que el horno no está para bollos, la tragedia llamada coronavirus está causando estragos entre los mexicanos y, lo peor, los expertos no tienen la menor idea de cuándo bajará o terminará esta pesadilla.

Contra lo que algunos siguen creyendo que se trata de un cuento chino, o de un argumento político para obtener alguna utilidad, tenemos registros de verdaderas calamidades sucedidas en nuestro entorno cercano.

Son muchos muertos, muchos más los contagiados y por lo mismo expuestos a perder la vida, mientras sigue expandiéndose el patógeno, y dejando una estela de rabia, impotencia y desesperación por no poder hacer más por quienes han sido alcanzados por la terrible enfermedad.

Otra realidad del Covid-19 es que, enfermo que llega a caer a un hospital, es enfermo virtualmente abandonado por su familia. Nadie más puede verlo de manera presencial. Algunos, no todos, han tenido la suerte de una videollamada, pero en su mayoría no han vuelto a tener contacto con su familia. La desesperación del enfermo de no poder comunicarse con su familia y la imposibilidad de que alguien pueda visitarlo al hospital es lo que está calando y muy hondo entre los seres humanos.

Pero, ni siquera esa terrible realidad ha servido de escarmiento para toda esa bola de irresponsables que van por la calle, que hacen filas y que hasta discuten con la gente que les reclama su irresponsabilidad por no llevar cubrebocas y careta, pues una cosa es que la mayoría crea en el Covid y otra que a muchos se les resbale.

La pandemia del Covid-19 en México no ha sido controlada, y mientras los casos de nuevos infectados y defunciones aumentan progresivamente todos los días, la saturación de los hospitales públicos es una preocupación, por lo que muchas personas han tenido que voltear a las instituciones privadas.

Sin embargo esto no es nada barato, ya que según los últimos datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) la cuenta promedio por el tratamiento del Covid-19 asciende a los 416 mil pesos… más que un auto.

El costo del tratamiento contra el virus incluye todo lo necesario como terapia intensiva y recuperación del paciente enfermo, costo de la estancia en el hospital, material médico, medicamentos y los honorarios de la institución y médicos. La suma es variable dependiendo del caso y el hospital en el que se atienda.

Hay algunos casos extraordinarios en los que por complicaciones del paciente y servicios adicionales el costo se ha llegado a inflar de manera desproporcionada, llegando hasta más de 5 millones de pesos, según informes de la AMIS.

Estas sumas son claramente incosteables para la gran mayoría de la población, pues pocos disponen de esta capacidad económica, de ahí la importancia de que la gente tome conciencia y se mantenga en sus casas, pues desde el 1 de junio se vio un gran aumento de movimiento por parte de la población.

Pueden verse familias enteras y de todas las edades de paseo por las calles, sin motivo alguno, sin cubrebocas, sin medidas de protección, pero de llegar a requerirlo o ser contagiados serán los primeros en exigir tratamiento y reclamar airadamente si es que por la saturación de hospitales públicos no se les llega a brindar atención.

La indiferencia hacia la pandemia de mucha gente en la ciudad es la misma conducta de las personas en los municipios, y particularmente en los restaurantes, donde se concentran chicos y grandes.

Los alcaldes han sido aleccionados y se les ha convencido de la gravedad de la enfermedad, de su gran poder para expandirse, y en el supuesto están de acuerdo en pedir a la gente que tome sus precauciones, pero… en los hechos, a la gente le vale.

Acabamos de estar en un restaurante concurrido del interior del estado, camino a Mazatlán, para no decir más, en donde cuestionamos a la cocinera por qué no usar cubrebocas por el alto riesgo de contagiar a los demás.

“No invente -responde- también usted cree en esa falacia. No existe el Covid, es una vacilada de alguien que quiso poner nervioso al mundo. Yo tengo meses sin usar nada de eso que aconsejan, y míreme, no me ha pasado nada…”.

Además, cuenta para ilustrarnos de su optimismo: “No sé por qué se preocupan tanto, un día tenemos que morirnos, y con cubrebocas o sin él, nos iremos, y entonces de nada servirán ni el gel antibacterial ni lavarse las manos…”. ¡Ah, pos sí…!

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