Solidaridad tras sismos en México favoreció cambio político en las elecciones

Martí Quintana

México, 15 sep (EFE).- La ola de solidaridad que desataron los terremotos de septiembre de 2017 en México, que dejaron 471 muertos, no perduró en el tiempo pero sí incentivó un cambio político que favoreció la victoria del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, coincidieron hoy varios expertos.

Los sismos reforzaron un “voto hacia un cambio político y de régimen”, por la “forma en que desde el Gobierno se tomaron decisiones”, señaló hoy a Efe la profesora de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey Maribel Flores.

Sumado al “desgaste” natural del Gobierno de Enrique Peña Nieto, con ya bajas cotas de popularidad antes de los sismos, se explica que López Obrador ganase con más del 50 % de los votos en los comicios del 1 de julio, indicó la experta.

Para el director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), Juan Martín Pérez, este voto de castigo se sintió también en los jóvenes.

“No es que votaran por Andrés Manuel, sino en contra del Partido Revolucionario Institucional (PRI)”, apuntó Pérez, quien destacó que los desastres naturales tienden a detonar un cambio cuando hay una “falta de políticas públicas”.

Pero más allá del voto de castigo, ambos coincidieron en que todavía es pronto para aclarar si, tal como sucedió en el terremoto de 1985 que dejó alrededor de 20.000 muertos en la Ciudad de México, se desencadenarán liderazgos sociales y políticos.

Como el popular Superbarrio Gómez, un luchador por la vivienda digna encarnado por el activista social Marcos Rascón, recordó el titular de la Redim.

La ola de solidaridad fue aplastante en México, especialmente tras el terremoto del 19 de septiembre, del que el próximo miércoles se cumple el primer aniversario.

Millones de personas salieron a las calles en todo el país, ayudando a organizar despensas o haciendo donativos de todo tipo.

Pero un año después poco parece quedar de aquel movimiento o de los jóvenes que se movilizaron en señal de reivindicación de su papel dentro de la sociedad.

Para Flores, quien estuvo muy activa en la organización ciudadana para ayudar a damnificados, el pueblo “rebasó al Gobierno” e hizo, en conjunto, “la labor más extraordinaria de su vida”.

Pero el espíritu perduró poco en la ciudadanía. Y de hecho, la mayoría de damnificados consultados por Efe coinciden en que apenas reciben ayudas un año después del terremoto, pese a seguir en circunstancias muy precarias.

“No somos solidarios, este es el problema”, criticó a Efe Mauro Alvarado, vecino de la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México, que a sus 56 años y ciego continúa viviendo en una tienda de campaña tras perder su casa.

Para Flores, la ayuda filantrópica se fue poco a poco “debilitando” por la simple razón de que la gente regresa a su vida cotidiana.

Pero el problema radica, sobre todo, en la falta de atención de las políticas públicas, que desincentiva el resto de acciones.

“Es muy evidente que el Estado mexicano no generó mecanismos de participación ciudadana para personas jóvenes”, advirtió Pérez, quien recordó que la solidaridad es “espontánea y dura muy poco tiempo”.

El próximo 1 de diciembre, López Obrador asumirá la Presidencia con grandes proyectos de cambio.

No obstante, entre los más afectados por los terremotos estas promesas no se aceptan de la misma manera.

“(No tengo esperanza) en el nuevo Gobierno. Como soy ciego, me paso oyendo la radio y todo lo que oí por su candidatura, sus promesas, las está echando para atrás”, indicó.

Pero Hermilo Baltazar, otro afectado de Iztapalapa, sí espera que López Obrador lo ayude tras un año viviendo bajo una lona. “Ojalá se cumplan las promesas”, concluyó. EFE