“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

>Margarita y Andrés Manuel estallan

La caballada nunca había estado tan flaca; al Presidente Peña le resulta urgente identificar a quien pudiera crearle el escenario del default; es decir, convencerlo de que sólo hay uno con la suma de todas las virtudes necesarias de un candidato con posibilidades ganadoras

Por Juan Bustillos

 

Apena ver a Margarita Zavala amenazando una vez más con marcharse del PAN para ir como independiente si su líder nacional, Ricardo Anaya, no define en un mes a su candidato o candidata presidencial.

La semana anterior, en vísperas de las elecciones en el Estado de México, Coahuila y Nayarit, Andrés Manuel López Obrador provocaba carcajadas suplicando al PRD, como nunca antes lo habíamos visto, casi de rodillas y lágrimas en los ojos, que Juan Zepeda declinara en favor de la candidata de Morena.

Poco antes la soberbia le había llevado a proferir un perentorio ultimátum, con una amenaza que se puede sintetizar en 4 palabras: conmigo o contra mí.

En la soberbia, que tiene a Luzbel en el infierno, llevó la penitencia. Sólo el PT cedió y Delfina Gómez perdió. Hoy, para rescatar algo de la derrota, ya no envía las instituciones al demonio, ahora ¡cree en ellas!, pero adelanta que no reconocerá el triunfo de Alfredo del Mazo.

Ya sabe, sin embargo, que el PRD tiene ahora a quien pudiera, no necesariamente Miguel Mancera, quitarle votos en una elección nacional.

Es innegable que ambas aristas de la geometría política están en crisis, pero no son los únicos; pronto veremos a los priistas protagonizando su propio espectáculo que quizá podría ser de proporciones mayores porque la disputa por la candidatura presidencial será encarnizada entre los pocos que se creen con derecho y los que en las últimas horas se han sumado.

No son muchos porque la caballada nunca había estado tan flaca; sin embargo, al Presidente Peña Nieto le resulta urgente identificar a quien pudiera crearle el escenario del default; es decir, convencerlo de que sólo hay uno con la suma de todas las virtudes necesarias de un candidato con posibilidades ganadoras.

El ultimátum contra Anaya de la señora Zavala (en la campaña, independiente o por el PAN, le dirán Calderón, porque sus contrincantes usarán a su esposo Felipe, como el mayor de todos sus negativos), y los hipócritas ruegos de Andrés Manuel a las izquierdas para que ahora sí no se vayan al diablo y luchen unidas, marcan el arranque formal de la sucesión presidencial. Falta poco para que un priísta, el ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, por ejemplo, exija a Enrique Ochoa Reza renunciar a la presidencia del PRI. Quizá hablamos de días o de horas, es decir, en cuanto se defina quién ganó en Coahuila.

A nadie debe sorprender lo que ocurre en los 3 partidos.

Los panistas son así; incluso podríamos calificarlos de más proclives a la democracia. Recordemos que Vicente Fox arrebató la candidatura a la dirigencia nacional; que Felipe Caderón derrotó al candidato de Vicente, Santiago Creel, y que Josefina hizo polvo a Ernesto Cordero que hoy se desquita diciendo que perder en el Estado de México es “una derrota histórica”, como si no la hubiese sido también la que le infligió Vázquez Mota.

El colmo del talante democrático panista sería que la lucha fratricida abriera la puerta a un ex priísta, Rafael Moreno Valle.

Lo de Morena tampoco es noticia: ningún Presidente de la República de origen priísta pudo imponer a su candidato presidencial como lo ha hecho Andrés Manuel. Nada hay que reclamar, para eso construyó a su partido; además, no tiene a nadie más.

La gran bronca es de los priistas. En los 2 sexenios anteriores se movieron en la orfandad y se hizo de la candidatura quien masticó más pinole. Hoy tienen jefe, el Presidente de la República, que, hasta donde es posible saber, no ha ordenado moverse a los aspirantes. Esta circunstancia los tiene en desventaja ante Margarita, Andrés Manuel, Anaya y Moreno Valle, que tienen meses moviéndose; en el caso de López Obrador, 17 años.

Pero hay otros, aparte del inefable que se beneficiaría del default, es decir, de la escasez de aspirantes competitivos. Se trata de quienes calculan la posible derrota presidencial (incluso el triunfo priísta) y se aprestan a gobernar desde el Congreso aprovechando que ahora hay reelección hasta por 12 años, pero para eso necesitan apoderarse de la lista de candidatos a diputados y senadores. La pregunta es si Ochoa Reza podrá contenerlos.

Esto apenas inicia; lo mejor vendrá en cuanto el Tribunal declare ganadores en el Estado de México y Coahuila; Nayarit ya no es noticia.