Inicio > Columnas > “Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Salinas Pliego, Lozoya, Rosario, Paty Flores, el INE… en estrategia salvadora de AMLO

Por Juan Bustillos

 

Desde el interior de la Cuarta Transformación me comentan que, acorralado porque el tiempo y la capacidad de maniobra se le agotan, con el agravante de que simultáneamente se le acumulan las crisis de salud, seguridad y económica, y poco o nada le ayuda un equipo en el que mediocres y radicales forman mayoría, Andrés Manuel López Obrador viene con todo para demostrar ser el campeón de la lucha contra la corrupción no sólo en el discurso, sino también en los hechos.

En esa tesitura, su interés no se reduce a cuántos y quiénes del pasado inmediato y mediato que considera corruptos ingresen a la cárcel, sino que todos sufran en su prestigio de tal suerte que les sea imposible salir a la calle sin ser señalados y encarados por el pueblo.

Esta necesidad de AMLO de probar a sus 32 millones de votantes que no se equivocaron al votar por él en el 2018, pero también la de mantener el control de la mayoría de la Cámara de Diputados en las elecciones del 2021, así como ganar el porcentaje más alto de gubernaturas, presidencias municipales y congresos locales, vendría a ser la intención tras la maquiavélica estrategia concebida y operada en la cúpula de la 4T, con el auxilio de la Fiscalía General de la República y apoyada, superando diferencias entre titulares, por la Unidad de Inteligencia Financiera que reclutó a los mejores investigadores del antiguo CISEN y del desaparecido Estado Mayor Presidencial.

La estrategia contempla otorgar a Emilio Lozoya todo lo que ha pedido (su libertad y la de sus familiares) a cambio de información que permita sentar ante el banquillo del juez, pero también de la opinión pública y publicada, a los implicados en los casos por los que a él se acusa y él ha presentado y presentará acusaciones, así se trate de quienes se supone cercanos al presidente de la República, como ocurrirá fatalmente con el caso Fertinal, en el que tiene que ver Ricardo Salinas Pliego de Banca Azteca.

El caso Fertinal incluiría la supuesta relación del ex secretario de Desarrollo Social, Luis Miranda, y el contratista Juan Armando Hinojosa con lo que en este espacio hemos llamado “El fideicomiso perdido”, que consiste en 50 millones de dólares prestados por Banca Azteca en la operación en la que participaron Nafin y Banco Mexicano de Comercio Exterior.

En este caso también se exigiría el rembolso de los 465 millones de dólares que costó la operación, no importa que se trate de un amigo y de lo que haya hecho a favor de su causa.

La estrategia presidencial incluiría la sorpresa inesperada de una supuesta negociación con Rosario Robes, la ex secretaria de Desarrollo Social, presa injustamente por la omisión de no informar por escrito a su superior jerárquico, el presidente Enrique Peña Nieto, de las irregularidades que ocurrían en la llamada “Estafa Maestra”.

A cambio de hablar, Robles ganaría, como el ex director de Pemex, pasar su proceso en su domicilio y eventualmente el reconocimiento de su inocencia.

En los planes de López Obrador para desquitarse de quienes, según su convicción, le robaron la Presidencia en el 2006, está usar la relación de Odebrecht con Brasken, Idesa y Etileno.

Los blancos son Felipe Calderón, sus secretarios de Hacienda, Ernesto Cordero, y de Energía, Jordi Herrera, y el ex director de Pemex, Juan José Suárez Coppel. Fuera del juego quedaría José Antonio Meade.

Pero la estrategia contempla también a quien fue jefa de la oficina de la Presidencia, Paty Flores, por un asunto que ha estado en el olvido, “La Estela de luz”, con que el gobierno de Calderón conmemoró los 200 años de la Independencia.

Otro de los objetivos del maquiavélico plan es colocar en entredicho al árbitro electoral a partir del uso de dinero de Odebrecht en la campaña de 2012 en beneficio del candidato presidencial de PRI, sin que tenga mayor importancia que sea un delito prescrito. La intención es demostrar que el IFE, hoy INE, permitió unas elecciones corruptas, causa por la cual López Obrador las perdió.

Aliados eficaces en esta singular estrategia ideada en el círculo más íntimo del presidente están siendo Santiago Nieto que ha seguido la pista al dinero de los implicados en sinnúmero de operaciones bajo sospecha, incluidos un par de fondos de familiares cercanos a Calderón; la Auditoría Superior de la Federación que tiene en la mira a Aurelio Nuño, ex secretario de Educación Pública, y Raquel Buenrostro que con finas maneras ha convencido a magnates de los más altos vuelos ponerse a mano con el SAT sin recurrir a las tácticas dilatorias de sus fiscalistas.

Seguir la ruta del dinero, desde su origen, y la evasión al fisco de quienes supuestamente fueron sobornados para votar las reformas estructurales será fundamental, sin importar que sólo exista un video que poco o nada prueba. Lo que importa es que hay cuatro testigos que sustituyen la falta de pruebas. Uno, un “capitán”, ya habría declarado.

El cálculo del estratega es que los escándalos en torno a los protagonistas darán al presidente López Obrador dos años de ventaja para reencauzar su proyecto y mostrarse como lo que es, el mejor político mexicano desde Adolfo Ruiz Cortínez, ante quien Donald Trump no dejaba de reconocer su talento y habilidad en la visita a la Casa Blanca, mejore los índices de seguridad y le sigan dando resultado sus medidas económicas que hasta José Antonio Meade y Carlos Slim reconocen, y desde luego, superar la crisis de salud a pesar del obstáculo en que la soberbia ha convertido al doctor Hugo López-Gatell.

Sorprendente, pero así lo escuché de quien está más cerca de AMLO que el resto de los mexicanos, incluidos muchos de quienes creen estarlo.

Sólo lo repito.

 

A %d blogueros les gusta esto: