“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Miranda, el mexiquense de maneras nada suaves

Sería saludable para el PRI que se reuniera con otros sectores del partido a repetirles lo que a los senadores, para ver si así despiertan

Luis Miranda tiene desconcertado al mundo político, en especial al priísta, acostumbrado, en los últimos 4 años, a las suaves maneras impuestas por el Presidente Peña Nieto.

En sólo 2 salidas, como secretario de Desarrollo Social, ha ofrecido dos muestras de un estilo olvidado que muchos mexicanos añoramos.

En Querétaro recomendó a los gobernados por el panista Pancho Domínguez  no permitir a los “malos (entendiéndose estos por el crimen organizado, supongo) que les arrebaten el bien más preciado de aquella entidad: Vivir en paz, con seguridad garantizada. “Pónganles en la madre”, aconsejó.

Pero en la encerrona con senadores priistas, que comanda Emilio Gamboa, les leyó la cartilla. A falta de mayor información quedémonos solamente con que les exigió “dejarse de chingaderas”.

Es una lástima que los filtradores de las palabras de secretario de Desarrollo Social, senadores del PRI, por supuesto, no platicaran el contexto completo del exabrupto de Miranda; algo se mencionó de las pasadas elecciones, en las que el PAN pasó por encima del partido en el poder, y del apoyo que los candidatos panistas tuvieron de los delegados de las dependencias federales.

Desde luego, hubo senadores que se ofendieron con el inusual lenguaje del alto funcionario, pero los más se preocuparon porque es consenso que Miranda es el mejor amigo del Presidente en el gobierno; si no lo es, por lo menos es infaltable, con Alfredo del Mazo, en el golf sabatino.

Para decirlo de otra manera, hay quienes suponen que Peña Nieto habla a través de él. Es probable que así sea si tomamos como cierta la versión no desmentida (por cierto, nunca son desmentidas las frecuentes filtraciones de lo que se dice y ocurre en Los Pinos) de que al conocer los resultados electorales del 5 de junio pasado, el Presidente encaró a su equipo y le preguntó si tiene duda de que es priísta; en ese concilio se habría hablado de la infiltración panista en el gobierno, en especial en Desarrollo Social, en esa época bajo la tutela de José Antonio Meade, hoy en Hacienda, y antes de Rosario Robles.

Sin ánimo de adivinar supongo que Miranda dijo a los senadores que ya se dejaran de chingaderas porque está por venir la madre de todas las batallas, la retención del poder, y que los priistas, los legisladores entre ellos, han hecho poco por garantizar que, en 2018, un miembro de ese partido suceda a Peña Nieto.

Si nos atenemos a las palabras filtradas de Miranda, y al contexto en que, supongo, fueron pronunciadas, creo que, más que en Desarrollo Social, debieron colocarlo, por lo menos, en la Secretaría General del PRI para dar al partido la sacudida que requiere.

Con el cuento de que fue electa, Carolina Monroy se aferró al puesto (y por unos días se apoderó de la oficina de Manlio Fabio Beltrones) porque supone que así posee una plataforma superior a la del resto de aspirantes a suceder a Eruviel Ávila en el Estado de México, pero en la Secretaría General priísta se requiere mucho más para aspirar a la candidatura a gobernador.

Lo cierto es que Miranda vivirá los procesos electorales en la Secretaría de Desarrollo Social y que será blanco de los partidos políticos, que lo acusarán de utilizar los programas asistenciales federales para ayudar a los candidatos priistas; quizás lo haga, si logra destruir la red que armaron Rosario Robles y José Antonio Meade, ambos con una larga trayectoria en el PRI.

Por lo pronto, sería saludable para el PRI que Miranda se reuniera con otros sectores del priismo a repetirles lo que a los senadores, para ver si así despiertan.