Inicio > Columnas > “Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Fernández Noroña está de atar, pero no tanto

Por Juan Bustillos

 

 

Gerardo Fernández Noroña está de atar.

Se envolvió en la bandera nacional y en un acto desesperado por atraer la atención de Andrés Manuel López Obrador y conseguir de regalo la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, insinuó, sin eufemismos, que el priismo podría atentar contra la vida del presidente de la República y sumir al país en una crisis política de dimensiones catastróficas.

Sus argumentos:

Los priistas “son una pandilla de asesinos” que “asesinó a su candidato a la Presidencia en 1994, a Luis Donaldo Colosio, asesinó a su líder a la Cámara de Diputados (José Francisco) Ruiz Massieu.

¿Por qué no asesinaría a un presidente en funciones? Fue lo que no se animó a decir con todas sus palabras, pero lo hizo con eufemismos.

“¿Qué pasaría si nos meten en una crisis política de ese tamaño?, ¿quién asume la Presidencia (de la República) temporalmente…? La presidencia de la Cámara de Diputados … el PRI, el PRI…”

Hace tiempo que creí que habíamos perdido a Fernández Noroña, pero ahora ya no me queda duda, aunque, en estricto rigor, no creo que del todo porque existen decenas de intereses atropellados por López Obrador como para dar razón al mandatario si fuese él quien temiese que su seguridad está riesgo.

Sus actos indican que mucho ha cambiado su pensamiento original; antes lo cuidaba el pueblo, ahora también lo hacen las Fuerzas Armadas, si no ¿por qué otra razón pernocta en sus instalaciones, algunas lujosas como la de la Marina en Acapulco?

Pero en la argumentación de Fernández Noroña, a López Obrador no deberían preocupar solamente los intereses de priistas, sino de otros muchos que a diferencia de ellos mantienen cotos de poder reales y no permanecen agazapados con el rabo entre las piernas.

La cuestión es que la argumentación de Fernández Noroña tiene que ver, por más que lo niegue, con sus ambiciones personales, y no con genuina preocupación por la seguridad del presidente o la estabilidad de la República.

Desde que López Obrador se deshizo del Estado Mayor Presidencial mediante el cambio solo de uniforme argumentando lo oneroso que resultaba para el erario nacional y que su integridad está salvaguardada por el pueblo, no fuimos pocos quienes le advertimos que de una manera u otra, como en el pasado o como él gustara, debe cuidar su vida porque del presidente de la República, se llame como se llame y pertenezca al partido que sea, depende la estabilidad nacional pues la vida pública gira en torno a él.

Entonces y hoy, la afirmación de que a AMLO lo protege el pueblo solo es demagogia, populismo, si se me permite.

Fernández Noroña se equivoca al suponer que en caso de que algo pasara a López Obrador (que Dios nos agarre confesados) y con Dulce María Sauri Riancho en la presidencia de la Cámara de Diputados y Alejandro Moreno como líder nacional del PRI, el priismo dominaría una vez más la vida pública nacional.

Se equivoca, ese priismo ya no representa nada; el verdadero riesgo es que Morena se quede sin líder que lo aglutine y las tribus del partido en el poder, que no terminan de ponerse de acuerdo para elegir a su dirigencia nacional, se hagan pedazos entre si y organicen un desbarajuste nacional que desemboque en lo que todos tememos: el regreso a tiempos que creíamos superados, pero que se ciernen ominosos.

El presidente López Obrador debe tranquilizar a Fernández Noroña y no caer en la trampa de su argumentación y así como le arrebató la mesa directiva de la Cámara Baja se la obsequie como agradecimiento por la advertencia, pero está obligado a atender todo lo que tenga que ver con su seguridad, incluido el cubrebocas para protegerse del coronavirus, porque el país no merece que a las crisis económica, de seguridad y de salud, sumemos la de la lucha despiadada por el poder que se desataría en caso de que, como dice el petista frustrado, “le pasara algo”, incluida la revocación de mandato.

Sí, Fernández Noroña está de atar, pero…