“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Mancera quiere pan

Contaba con 4 mil millones de pesos para el futuro; sin ellos será hombre al agua porque la ausencia de billete pega en la línea de flotación de su barco futurista

Miguel Mancera recorre la Ciudad de México como cuentan que lo hacía la Zarzamora, llora que llora por los callejones, y todo porque el gobierno federal pretende que, como el resto del país, la capital de la República se apriete el cinturón para enfrentar la crisis.

Todo le duele al jefe de Gobierno, en especial la pérdida del Fondo de Capitalidad, varios miles de millones de pesos que obtuvo el PRD a cambio de aprobar y meter mano a la Reforma Fiscal. En 2015 fueron 3 mil 500 millones, más 700 millones de pesos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social; en 2016  alcanzó 4 mil millones y para 2017 será de cero pesos.

El recorte no lo ve Mancera como una necesidad del gobierno federal de recortar el dinero extra que recibe la Ciudad de México, sino de afectar a la entidad que gobierna y, desde luego, a su candidatura presidencial.

El Jefe de Gobierno está en serios problemas porque el Fondo de Capitalidad le sirvió, en buena medida, para mejorar su estructura burocrática en los 2 últimos años; el próximo se las verá negras para mantenerla, a menos que convenza a José Antonio Meade de darle “pan”, lo cual no va a ser fácil por más que el secretario de Hacienda responde con sonrisas a sus reclamos.

Mancera contaba con esos 4 mil millones de pesos para el futuro; sin ellos será hombre al agua porque la ausencia de billete pega en la línea de flotación de su barco futurista.

Es por ello que por donde va representa el rol de víctima de un mal padre, el Presidente Peña Nieto, que después de anunciar que no hay para el pan, él sí lo come, pero además le da pan al hijo gordito y se lo niega al flaquito. El “flaquito” vendría a ser el Jefe de Gobierno.

Esto porque  no entiende que Meade presupueste 24 mil millones de pesos para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, mientras a la Ciudad de México le recorta para el pan.

Explicó que “en todos lados se están haciendo caminos,  pero (en) donde viven ellos (los funcionarios federales)  y aquí viven, aquí es donde transitan, aquí es donde sus camionetas pasan, aquí es donde necesitan invertir; aquí se les olvida; nosotros tenemos que estárselos recordando”.

El papel de víctima le va bien a Mancera, pero, contra lo que diga, está muy lejos de ser el hijo flaquito del padre desconsiderado que sólo alimenta al gordito. Por lo pronto, todo indica que sus lamentos no conmoverán a Meade y que la mayoría en la Cámara de Diputados lo dejará sin  Fondo de Capitalidad.

Ya fue suficiente pago por la Reforma Fiscal.